El fracaso del capitalismo     
 
 Pueblo.    29/03/1962.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

El fracaso del capitalismo

EN estos momentos, en que vivimos rodeados de las ventajas materiales producidas por el capitalismo, hablar de su fracaso puede parecer una manía obsesiva. Sin embargo, quien no se deje alucinar, y comprendemos que no es fácil, por la circulación de vehículos, por la difusión de los aparatos electrodomésticos y hasta por el consumo de artículos alimenticios podrá ver que el capitalismo a escala universal es un fracaso, como el siglo pasado lo fue a escala nacional.

Sólo un concepto materialista de la vida (marxismo y liberalismo caen en el mismo error) puede vincular el éxito de un sistema económico a la cantidad de bienes producidos. Un concepto cristiano ha de tener en cuenta principalmente la moralidad de loa medios empleados y la justicia de la distribución. En estos dos aspectos fracasó el capitalismo que hoy se llama manchesteriano, pero que en realidad no es más que una versión primitiva del actual. Decimos que fracasó el capitalismo porque aunque consiguiera elevar grandes fábricas, dar un impulso poderoso a la industrialización y, en consecuencia, sentar las bases para la actual prosperidad, lo hizo mediante la explotación inicua de los trabajadores, a los que sometió a salarios da hambre y jornadas agotadoras, sin consideración a su salud física ni a sus necesidades espirituales La consecuencia todo el mando la conoce: el proletariado, la lucha

de clases y la escisión ideológica del mundo que llega hasta nuestros días.

A la vista de las riquezas de que hoy gozan los países capitalistas no podemos dar por buena la capitalización que se hizo del hambre de los trabajadores.

Esto es el pasado. ¿El presente es mejor? A escala nacional, en los países que han logrado un alto nivel de vida, indudablemente si. Pero a escala internacional, no. Xa nadie ignora que la antigua lucha de clases se ha trasladado en nuestro tiempo al campo internacional: los pueblos pobres contra los pueblos ricos. Pero no todos se dan cuenta de que en el fondo laten los mismos problemas de la época manchesteriana: el capitalismo, que ya no puede explotar a sus propios obreros porque éstos no se dejan, subsiste gracias a la explotación de los pueblos atrasados. ¿Procedimiento? Pagando las materias primas que producen, su única riqueza, a precios inferiores a los que corresponde en justicia. Sobre la baratura artificial de las materias primas importadas se sostiene una sociedad opulenta, como en otro tiempo se sostuvo sobre la baratura, también artificial, de la mano de obra del propio país.

El profesor Velarde Fuertes, en una conferencia que no hace mucho hemos reproducido, aporta precisiones interesantes a este tema. Antes de la guerra percibía una dieta diaria en calorías superior a las 2.800 el 23 por 100 de la población. Entre 2.800 y 2.200, el 38 por 100. Por debajo de las 2.200, es decir, una dieta de hambre, el 39 por 100 de la población. Veamos el "éxito" del capitalismo en este tiempo. En el período 1949-1950, recuperadas ya las naciones de los daños de la guerra, por encima de 2.800 calorías estaba sólo el 16 por 100 de la población; entre 2.200 y 2.800, el 22 por 100, y por debajo de 2.200, el 62 por 100. Es decir, que mientras el número vientres bien llenos, como diría Papini, ha disminuido, el de vientres vacíos casi se ha doblado. Ahora bien, como en los países capitalistas el nivel de vida general de la población ha aumentado en estos últimos años, está claro que ha sido a costa de los pueblos atrasados.

Con ello los problemas internacionales comienzan a encontrar una explicación de tipo económico, que

con frecuencia se oculta bajo las tensiones políticas que dividen al mundo.

Comentando estas cifras, dice Velarde Fuertes que, pese a los errores que puedan tener, lo que resulta indudable es que un elevado porcentaje del mundo vive en condiciones de extrema pobreza y, como ha dicho el profesor Ginger, "dentro de un infernal círculo vicioso, donde la pobreza engendra pobreza y la riqueza, riqueza".

¿Y esos generosos planes de ayuda a las naciones subdesarrolladas?, se preguntará algún lector. Los datos de la F. A. O. han derribado, como un castillo de naipes, las fantasías sobre las ayudas económicas: durante el período estudiado, la cantidad de dinero perdida por los países subdesarrollados como consecuencia de la baja de las materias primas ha sido muy superior a la cantidad recibida como ayuda económica.

Son las genialidades del capitalismo. No puede extrañarnos que, como ha dicho Franco, resulte el lastre de Occidente.

 

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