Andalucía sin leyenda (2). 
 Trabajo y salarios     
 
 Pueblo.    26/03/1962.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

ANDALUCÍA SIN LEYENDA

TRABAJO Y SALARIOS

EL cardenal arzobispo de Sevilla, doctor Bueno Monreal, en su pastoral de Cuaresma, señala la falta de ana conciencia social ajustada a las doctrinas de la Iglesia en su archidiócesis. "Tenemos que denunciar la incompatibilidad radical—dice— entre una fe proclamada a todos los vientos y una falta de obras de justicia y de caridad. Nos apremia la urgencia de recordaros vuestros deberes sociales."

Se ocupa a continuación del problema del salario justo, y dice: "La remuneración del trabajo no es el único, ni siquiera el principal aspecto del problema social, contra lo que algunos pudieran pensar. Es más honda y más trascendental la cuestión de las relaciones fraternales entre las distintas clases sociales."

Con ello el doctor Bueno Monreal pone el dedo en la llaga de un problema que, por no ser de carácter económico, no despierta la atención de los comentaristas: las distancias sociales en Andalucía alcanzan con frecuencia dimensiones, que asombran a los españoles de otras regiones, "pero—dice el cardenal—el problema del salario, principal modo de retribución por trabajo, es en algún sentido el más inmediato y urgente. Toca a la subsistencia misma del trabajador. Es absurdo pretender alcanzar las nietas más altas en la solución de la cuestión social, sin dar previamente a los trabajadores el salario que les es debido y vitalmente necesario".

Señala las cantidades que, según cálculos responsables, son necesarias en su diócesis para que pueda sostenerse una familia obrera y añade:

"No vale engañarse escudándose en los salarios legales. La justicia y la caridad pueden exigir mucho más que las leyes, muy especialmente en materia social, porque la legislación laboral no puede seguir la evolución de loa acontecimientos económicos a la misma velocidad con que estos se desarrollan."

"Ese salario mínimo "es obligatorio gravemente en conciencia", sin más excusa admisible que la imposibilidad de darlo; pejro una imposibilidad real, aún rebajada al mínimo la renta del capital. Cierto que éste tiene derecho a una rentabilidad razonable, pero una vez salvada la mínima, no puede alegarse el deseo de aumentarla más y más como razón de imposibilidad de cías altos salarios. La doctrina social cristiana enseña que "la retribución del trabajo es anterior a la renta del capital" por la mayor proximidad del trabajo a la persona humana como su expresión inmediata que es."

El cardenal recuerda también al obrero sus obligaciones para con la empresa, "y muy especialmente el deber de trabajar con un rendimiento normal." El círculo vicioso de "no trabajamos porque no nos pagan", y "no pagamos porqué no trabajan" hay que romperlo "con buena voluntad por ambas partes".

Las obligaciones de los empresarios no acaban en el pago de salarios justos. Deben, además, en medida de sus posibilidades reales, contribuir a la solución del paro, en especial del encubierto y del estacional, "verdadero azote de nuestra tierra andaluza". La medida más eficaz contra el paro, en cualquiera de sus aspectos, es la creación de nuevos puestos de trabajo. Dice el cardenal:

"Dos fa11os son bastante frecuentes entre nuestros labradores contra dicho deber. No faltan los que invierten en el campo el dinero que sacan del campo, pero sin otras miras que comprar más tierras, lo que en lugar de favorecer el desarrollo social de nuestra región agrava sus males al concentrar las labranzas cada día en menos manos. Otros labradores, a falta de industrias locales en que invertir sus continuos aumentos de capital, y faltos también de aquella iniciativa y hasta prudente audacia, que deben ser compañeras de la riqueza, emplean el dinero sacado del campo en financiar industrias ya sólidas de otras regiones mas desarrolladas."

Recuerda que Juan XXIII apremia a los labradores a invertir en los mismos ambientes en que viven y trabajan y comenta:

"Si así hicieran todos nuestros labradores se aprovecharían mejor muchas riquezas que hoy se pierden lastimosamente en nuestros campos (pensemos, por ejemplo, en tantos frutos que malvenden o se pierden por falta de industrias conserveras o de otra explotación} y que justificarían los puestos de trabajo que las dichas industrial necesitan."

El doctor Bueno Monreal fustiga otro gran escándalo de Andalucía: la explotación de ciertos obreros eventuales: "Son obreros que vienen trabajando en una misma labranza, quiza desde hace decenas de años. Pero... no son fijos, con todas las consecuencias desfavorables que comporta el no serlo. Entre otras, el no tener jornal los días en que la lluvia, por ejemplo, impide trabajar."

"Hemos preguntado algunas veces a determinados labradores el por qué de esa extraña clasificación de a1gunos de sus obreros. Y siempre nos han contestado que su existencia se debe a una costumbre inveterada que se conserva solamente por un miedo egoísta; por miedo, más que a las disposiciones legales que hoy favorecen a los fijos, a las que pudieran decretarse en el futuro."

" Son razones sin valor. Ninguna existe en realidad para mantener esa ficción por la que obreros, prácticamente fijos, queden privados de beneficios que como tales habían de corresponderles. Un labrador que quiere merecer el nombre glorioso de cristiano debe convertir a los suyos en fijos con todas las consecuencias... Debe más todavía: considerar en conciencia cuántos fijos necesita el campo y dar trabajo como tales a todos los precisos."

 

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