Autor: Alonso Nadales, José Ramón. 
   Fracasó la intolerancia     
 
 Pueblo.    02/10/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

FRACASO LA INTOLERANCIA

PARA el día de ayer estaba convocada. por diversas organizaciones extremistas, una «jornada de lucha,

que pretendía incidir en el doloroso hecho, lamentado por todos, del asesinato de un joven estudiante hace

pocas jornadas en una céntrica calle de Madrid. Nada más lógico que el dolor por esta muerte, que ha

llevado el luto a una familia y la tristeza a un pueblo que vio ensangrentadas sus calles en un aciago día.

Pero de todos es sabido que la muerte de Carlos González no se debió a error alguno de la fuerza pública,

sino a la actuación de un grupo o personas de ideología encontrada —si así realmente ha sido—,

dispuestas a lograr con tría determinación que los españoles se enfrenten en nuevas querellas inciviles.

Tras un «orden» a veces logrado con exceso de artificio, pero que fue orden y duró varias décadas, la

presencia crónica del desorden sólo serviría para deteriorar la imagen de la España actual, y glorificar ese

pasado contra el cual algunos se obstinan. Se repetiría aquella postuma nostalgia por el general Primo de

Rivera, ilustre militar y no tan afortunado político, que fue añorado por muchos españoles tras las

agitaciones de la República. ¿Acaso no fue el desorden, y no otra cosa, lo que tras las ¡ornadas

revolucionarias de septiembre de 1868 condujo a la dictadura del ganeral Serrano?

Todo desorden provoca una reacción encontrada, que puede conducir a los opuestos extremismos; sin

embargo, poco serla más erróneo que magnificar los sucesos de estos días. Nada es más doloroso que ver

truncada una vida joven, pero las manifestaciones, las presencias activas de la Policía, cierto grado de

turbulencia y, desde luego, la inquietud de los grupos políticos, son hechos casi cotidianos en las grandes

democracias occidentales, y nadie por ello pierde los nervios, ni reclama al «cirujano de hierro» que

pueda parecer efectivo, pero que Juego «nos dejaría peor que estábamos», como ya vaticinó Ángel

Ganivet un año antes de que Cánovas fuese asesinado en Santa Águeda por las balas de un anarquista.

La .sociedad democrática se confunde hoy con la sociedad permisiva, y las nuevas sociedades encajan

cierto grado de efervescencia, como un hecho probatorio de que el pueblo no vive en un beato

conformismo. No estamos haciendo ¡a apología de ningún desorden, porque el orden auténtico es la

expresión máxima de la justicia. Sólo queremos recordar que llevarse las manos a la cabeza por lo que es

habitual desde Berlín hasta San Francisco y desde Londres hasta Buenos Aires, podría tener alguna dosis

de soterrada hipocresía. El orden perfecto sólo existe en los cementerios políticos.

Otro importante aspecto del problema es que ayer haya fracasado la. «jornada de lucha», que no pretendía

rremediar injusticia alguna, sino crear algún resentimiento nuevo en la obligada pugna entre las

abnegadas fuerzas que defienden la legalidad y unos manifestantes que llevados por su juvenil ardor

podrían gravísimamente infringirlo. No hubo sangre y dolor en esa «jornada de lucha», y no acaso porque

algunos grupúsculos no lo quisiesen, sino porque la actuación de las fuerzas de! orden público fue

lógicamente disuasoria, pero al mismo tiempo prudente y correctísima.

Como si el pueblo de Madrid hubiese aprendido la advertencia de su gobernador civil, nada afectó a «una

normalización democrática que responde a los deseos auténticos de los es pañoles». La «jornada de

lucha» que pudo ser «jornada sangrienta» apenas llegó a producirse, y menos la huelga general anunciada

por los extremistas. Aquí no hay que tomar »:. asalto ningún palacio de Invierno, sino convivir

pacíficamente, esperando que las urnas decidan lo que el pueblo desea para su futuro colectivo.

El fracaso de lo que un día llamó el profesor Pabón «el doble frenesí al cual tan propicios hemos sido, no

llegó a producirse. Ahora precise. será frenar todo frenesí opuesto, porque hay males que no se

curan con dosis excesivas de medicina, y la «estaca y tentetieso» que algunos ansian, tampoco podría ser

aplicada a una sociedad adulta que desea llegar a la libertad sin un exceso de medidas coercitivas. Ayer,

y en medio del peligro, se cumplieron el programa de la Corona y el programa del Gobierno, ir a la

democracia sobre e] doble abismo de los extremismos en lucha. La libertad es un bien frágil, que a veces

se logra caminando cerca del precipicio. Pero sin caer en él. porque cuando la libertad pero ce es todo el

pueblo el que sufre por su bien perdido. En la moderación está el mejor camino.

 

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