Tregua en la calle     
 
 Informaciones.    11/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

INFORMACIONES

TREGUA EN LA CALLE

CIERTAS organizaciones sindicales no legales han convocado una jornada de lucha para mañana; al

tiempo, sectores políticos de derecha se disponen a realizar una serie de actos públicos de naturaleza

política el día 20, en coincidencia con el primer aniversario de la muerte de Franco. Son dos

manifestaciones de signo contrario, pero coincidentes en alentar temores de que la paz pública pueda estar

amenazada. No sería lícito negar a nombres fieles al anterior Jefe de Estado la posibilidad de

rememorarle, como no admite discusión la necesidad de que los sindicatos puedan manifestar protestas en

el ámbito de su razón de ser, que es proteger los intereses de sus representados. Lo que negamos es la

oportunidad, aquí y ahora, de tales actos y paros generales.

Una de las cosas más asombrosas de la vida política española es cierta incapacidad de muchos políticos y

sindicalistas para tener presente la situación de transitoriedad en que nos encontramos, la gravedad de la

situación económica y los efectos indirectos negativos que en nuestro contexto podrían tener actos que

serían normales en circunstancias de normalidad.

Algunos líderes políticos han señalado últimamente la necesidad de observar una tregua hasta la

celebración de las elecciones. Probablemente habrán contri, buido así a que después de un otoño callejero

el mes de octubre haya sido más tranquilo. Un «otoño calienten tiene enorme gravedad en cualquier parte

y momento —los italianos, inventores de la expresión, pagaron durante mucho tiempo su «otoño del

69»—, pero en la España de hoy sería suicida.

La oposición más radicalizada parece no prestar atención a la gravedad de la crisis económica o mas bien

considerarla como detonante para alcanzar una explosión revolucionaria. Desde esa actitud es normal, y

las minorías extremistas en pie de guerra n] siquiera son privativas de este país. Lo que no es normal y sí

preocupante es que fuerzas sindicales y políticas, que tienen un papel que jugar en un futuro democrático

estable y pluralista, tiendan a secundar por táctica actitudes temerarias que no sólo no apuntan soluciones,

sino que proponen medidas demagógicas que empeorarán la situación.

Luchar por mantener la capacidad adquisitiva de los salarios y mejorarlos gracias a una mayor

productividad general y a una más equitativa distribución de los bienes, parece objetivo irrenunciable de

los sindicatos; pero exigir, en una situación crítica, adelantar cinco años la edad de jubilación (los países

con mayor renta que el nuestro no se atreven a colocarla a los sesenta y dos años) o ampliar

sustancialmente las vacaciones, equivale a querer provocar un estallido. No creemos que los intereses de

los trabajadores vayan por ese lado, y la necesidad de demostrarlo es una de las razones que nos llevan a

pedir una vez más la libertad sindical. El interés inmediato de los trabajadores, el objetivo próximo de las

organizaciones que aspiran a representarlos, es contribuir a la pronta articulación de un cuadro de

libertades políticas dentro del cual los sindicatos libres y democráticos puedan plantear sus

reivindicaciones y negociar con normalidad su participación en los frutos del esfuerzo colectivo.

Definir las reglas del diálogo es el objetivo primario y próximo. Cualquier presión en ese sentido —sin

buscar el efecto explosivo contrario— no es sólo admisible, sino necesaria para vencer resistencias que el

propio Gobierno encuentra en el camino hacia una profunda Reforma Política. La presión de la calle debe

servir para señalar el camino y la voluntad general, pero esa presión no ha de ser ni tumultuosa ni tiene

por qué pasar por la paralización —aunque sea por una sola jornada— de la vida económica del país.

El mismo criterio vale para los actos que se intentan organizar para el día 20. En este caso, además, nos

parece inadmisible que 1» figura de! anterior Jefe del Estado, por cierto ya entrado en la Historia por la

que todos seremos juzgados, sea utilizada por unos grupos pretendidamente ortodoxos como banderín de

enganche de una actitud política particular. Los organizadores deberían considerar que quien pregonó

toda su vida la unidad no puede ser ahora motivo de división.

A estos últimos hay que recordarles hoy que el mensaje fundamental del testamento político de Franco

era la consigna de permanecer unidos en torno al Rey. Hoy, el Gobierno de Su Majestad se esfuerza por

sacar adelante una reforma política que ha de permitir organizar desde bases democráticas un nuevo

modelo de convivencia. Desde la lealtad al pasado también es posible reclamar el SI a la reforma. Y

desde los intereses generales creemos que h»y que pedir a unos y otros: dejar en paz la calle.

 

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