La propiedad, derecho positivo     
 
 Pueblo.    30/03/1962.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LA PROPIEDAD DERECHO POSITIVO

SUELE desconocerse, por olvido interesado en la inmensa mayoría de los casos, que la tradición cristiana de los cinco primeros siglos, reflejada en los escritos de la Patrística, consideró evidente el que todas las cosas son comunes y sólo por derecho humano, es decir, mediante las leyes dictadas por los gobernantes, se estableció la división de la propiedad común en dominios privados. Decimos que suele desconocerse este extremo por olvido interesado: por conveniencia de quienes defienden su propiedad o de quienes traían de redistribuirla en un sentido anticristiano.

El hecho de que recordemos la constante tradición cristiana de los cinco primeros siglos no quiere decir que en los restantes se olvidara o perdiera tal orientación. Sucedió que la práctica, por un lado, y las investigaciones doctrinales, por el otro, fueron matizando el principio ya citado. Asi, Santo Tomás de Aquino, analizando tos escritos de los primeros Santos Padres y el hecho de que el pueblo de Israel considerase siempre lícita la propiedad privada, que se transmitió con igual carácter al Nuevo Testamento, concluyó su estudio diciendo que por derecho natural no se impone preceptivamente ni la comunidad originaria de bienes ni la propiedad privada; loque el derecho natural impone es que los gobernantes, teniendo en cuenta las circunstancias históricas de su país y de su pueblo, ordenen racionalmente la propiedad, en un sentído más común o más privado, según lo exija el bien de todos.

De esta forma, la propiedad, en el sentido cristiano, pasa a ser una institución jurídica regulada por las conclusiones derivadas racionalmente de los primarios preceptos del derecho natural. Puesto que éste es igual a todos ios pueblos, y puesto que todos los hombres tienen análoga entidad, la institución jurídica de la propiedad privada es, en gran parte, común para todas las gentes, como muy conveniente y en la práctica necesaria para la convivencia y la producción. Quiere decirse que cuando la conveniencia y la producción exijan una reordenación, tanto en sus aspectos comunes como en los particulares, dicha reordenación viene exigida por el detecho de gentes o por el derecho natural secundario.

El Estado, continuaron perfilando los juristas españoles del siglo XVI, que está por esencia obligado a organizar la vida social de la forma que mejor sirva al bien común, tiene facultades y funciones suficientes para adaptar la propiedad a las conveniencias de su pueblo. Y debe hacerlo utilizando el procedimiento más adecuado para alcanzar el fin que se propone. Lo justo y lo cristiano coinciden, como no podía ser menos, en que haya propietarios. Pero eso no quiere decir que los propietarios hayan de ser siempre los pertenecientes a las mismas familias o que hayan de tener en cada instante la misma cuota de propiedad.

 

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