Una gran lección     
 
 Arriba.    13/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

UNA GRAN LECCIÓN

LAS informaciones que se publican en este número de ARRIBA demuestran con claridad la

escasa incidencia que ha tenido en la vida nacional la convocatoria de huelga general

efectuada por la Coordinadora de Organizaciones Sindicales, a la que se habían adherido

diversos partidos de la oposición democrática. Efectivamente, que de una población activa de

trece millones de personas (ocho millones de ásalalariados) hayan parado menos de medio

millón, indica que la sociedad española —incluso en los sectores evidentemente menos

favorecidos— desea la paz ciudadana y el orden. Este pueblo, que ha sufrido en su carne

demasiados desafíos políticos y sabe amargamente de demasiados enfrentamientos, demostró

ayer, frente a incitaciones no laborales, una madurez que hay que resaltar. Por ello, antes de

nada, queremos decir que los vencedores de la convocatoria de paro no han sido ni quienes la

promovían ni los encargados de evitarla. Ha sido, senciltamente, un pueblo, unos ciudadanos,

en los que predominó la responsabilidad sobre cualquier otra consideración.

Estamos, pues, ante un saludable síntoma para una democracia que necesita crearse.

Difícilmente se podría asentar sobre los criterios de quienes parecen retornar a fórmulas

pertenecientes a otro tipo de sociedad. Pero muy fácilmente se puede hacer cuando existe su

condición fundamental: una base sociológica, sin duda deseosa de transformaciones

profundas, pero que elige el camino de la moderación. Sabemos muy bien que la transición

política no puede realizarse a base de desafíos ni de planteamientos en la calle. Por eso, hoy el

país puede sentirse más satisfecho. Quizá el inesperado incremento de la Bolsa haya sido ayer

el reflejo más palpable de esa tranquilidad.

La lección política que ayer dio el pueblo español tiene que ser aprovechada con visión de

futuro. Quien renuncia a la acción en la calle ha de tener, urgentemente, abiertas las puertas de

las instituciones, con generosidad y sin miedo. Esa es la gran responsabilidad de sus

representantes en el inmediato Pleno de las Cortes. Y algo quizá tan importante como eso: las

justas reivindicaciones laborales de los trabajadores siguen en pie. Ayer se demostró que esos

mismos trabajadores saben distinguirlas de las políticas. Es necesario, pensando en los

próximos pasos políticos, que también legalmente los campos estén diferenciados; que la

reforma sindical sea lo suficientemente amplia y concreta como para evitar en su terreno la

acción directa de los partidos. Y que la democracia que ya se palpa con las manos sea lo

bastante sincera como para que no vuelva a ser preciso el recurso de la calle.

 

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