Andalucía sin leyenda. 
 La comunicación social     
 
 Pueblo.    24/03/1962.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

ANDALUCÍA SIN LEYENDA

La conciencia social

RESULTA descorazonaüor observar la contumacia con que ciertos sectores pretenden negar la injusticia social que caracteriza la propiedad señorial de Andalucía, pese a las voces autorizadas que la denuncian y a la contundencia irrebatible de los datos concretos. Y es tanto más sorprendente esta actitud cuanto que los que la sostienen presumen, en general, de personas católicas, a pesar de que, al parecer, no causen en ellas la menor impresión (como no sea para 1a repulsa) las claras y serenas amonestaciones de los prelados andaluces. Varias veces hemos reproducido en estas páginas meridianas manifestaciones de monseñor Herrera Oria, obispo de Málaga, que, por lo que luego se ve, no merecen el menor comentario de sectores comprendidos en líneas ideológicas, que siempre alegaron lealtad inquebrantable a la Iglesia.

Como acaba de decir el cardenal arzobispo de Sevilla, en la reciente pastoral que nos disponemos a comentar con la extensión que merece, a muchos propietarios les duele que se aireen por todas partes, a veces sin la necesaria comprensión, "las dolorosas y graves circunstancias del problema agrario". Pero el mal no desaparece por ocultarlo ni por negarlo. Es necesario ponerle remedio y la Iglesia se ha preocupado de señalar el camino.

Dice el doctor Bueno Monreal: "Estos salarios insuficientes, que amargan al Papa, son triste realidad en nuestra diócesis. Tanto en el campo como en la industria, pero sobre todo en aquél. Y lo peor es que con demasiada frecuencia la pobreza en la remuneración por el trabajo de muchos obreros se encuentra en irritante contraste con el lujo desorbitado de algunos a quienes sobra casi todo lo que tienen, mientras al lado suyo o bajo ellos, en dependencia laboral, hay hermanos a los que falta mucho de lo más indispensable."

Vemos, pues, que las denuncias de las injusticias sociales en Andalucía no son, a los ojos de sus prelados, "leyenda negra". El cardenal arzobispo de Sevilla describe así el panorama: "Una firme política social ha ido precisando, sobre todo en los últimos años, muchos derechos de los trabajadores. Pero aun así es tristísimo que no pacos de esos ocnros brochazos que describen el mundo de León XIII sigan valiendo para nuestra situación social, a setenta años de distancia del gran Pontífice. Se dan entre nosotros, singularmente en la agricultura, demasiadas diferencias en el reparto de las riquezas: junto a unos pocos que poseen miles de hectáreas de tierra hay millares y millares que carecen de la más mínima propiedad. Los salarios, ya muy bajos de por sí, se ven agravados por el paro estaciona], que se estiende por meses enteros. Demasiadas mujeres y muchos niños están sometidos en algunas tareas agrícolas a trabajos agotadores, con abandono del hogar por aquéllas y de la escuela por los niños."

Esta situación, así como las Infracciones del descanso dominical, le hacen decir que los rasgos del orden económico enunciados por la "Rerum novarum", hace setenta años, pueden ser aplicados todavía, al menos en parte, a la situación social de Andalucía, "lo que prueba el retraso con que avanzamos por el camino de las reformas sociales, insistentemente reclamadas por los papas"

"Tal estado de cosas, continúa, sólo puede explicarse con la falta de conciencia soda. I, particularmente entre aquellos que por su posición económica y mayor formación humana, tienen mayores responsabilidades en la marcha del orden social."

"Sé ha escrito, con referencia general al catolicismo español, que somos más ejemplares en la profesión de la fe que en la vivencia de la caridad y de la justicia a que la fe obliga. Se ha dicho también que no tenemos brechas en la afirmación de nuestro catolicismo y padecemos unas gravísimas en el orden moral: la injusticia social. No nos toca enjuiciar ahora lo que pueda haber de verdad o de exageración en dichas críticas por lo que se refiera a toda España. Pero tenemos que confesar que tales juicios ponen el dedo en una llaga abierta en la religiosidad de nuestra archidiócesis hispalense."

"Son muchos entre nosotros los que se afirman cristianos, pero no se han preocupado de conocer sus deberes sociales, a pesar de que "la doctrina saeial cristiana es una parte integrante de la concepción cristiana de la vida", según leemos ea la "Mater et magistra"."

"Son muchos los que creen posible salvar su religiosidad y su honradez a pesar de que se hacen voluntariamente sorbre a las exigencias cristianas en materia social para poder seguir aferrados a situaciones de privilegios o a estructuras sociales que pugnan con tales principios enseñados siempre por los sumos pontífices."

"No faltan quienes dan limosna a los pobres. Incluso con mano generosa, y no escatiman ayuda a la Iglesia para sus cultos; pero conjugan esa liberalidad con un regateo a sus obreros en salarios que les son debidos en justicia."

"¿Y qué decir de aquellos que, no obstante una piedad, a ´veces hasta ostentosa, procuran frenar por todos los medios—y lo han conseguido demasiadas veces, por desgracia—los conatos de reforma iniciados por algunos hombres de buena voluntad?"

Creemos que tan serenas palabras no necesitan comentario alguno. Nos limitamos por ello a señalar nuestra coincidencia total con el pensamiento del cardenal arzobispo. Nos alegraría sinceramente que todos los que se ocupan de estos temas hicieran lo mismo. Pisaríamos asi un terreno firme sobre el que poder edificar.

Próximo capítulo: "Trabajo y salarias".

 

< Volver