Autor: Burgo Tajadura, Jaime Ignacio del. 
   La corona navarra     
 
 ABC.    15/01/1978.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

C, DOMINGO, 15 DE ENERO DE 1978. PAG, 3

LA CORONA NAVARRA

EL gran papel histórico de la Corona en la hora présenle —una de sus responsabilidades más granadas— es garantizar que el proceso de reconocimiento y devolución de las autonomías regionales se Heve a cabo sin detrimento alguno para la unidad de la nación y la solidaridad entre los españoles.

Los navarros venimos experimentando, desde hace tiempo, un ataque violento contra nuestra conciencia histórica, de la que se deriva un profundo amor a nuestra libertad colectiva como pueblo y, al mismo tiempo, una plena Identificación con la esencia de te hispanidad.

Por eso hemos creido conveniente expresar al Rey nuestra conllanza en ta Corona como garante, al mismo tiempo, de nuestra identidad como pueblo y de nuestra integración en la comunidad española,

No hemos ido a la Zarzuela para tratar d« Involucrar al Rey «n los aspectos concretos y opinables de nuestra acción politica, ta Monarquía, como supremo poder arbitral, ha d* «star por encima de¡tas consideraciones de partido.

Pero con Independencia de lo anterior, resulta altamente satisfactorio comprobar cómo ta Monarquía es un firme batuarteante el cual se estrenaran los Intentos disgregadores de nuestra ciudad, at Igual que los que pretendan sustraer al pueblo español el Ubre ejercido de su soberanía política.

Goma navarros, en uno» momentos en los que nuestro destine comunitario esta en juego, comprendemos, valoramos y apoyamos sin .reservas ese papel histórico de la Corona.

Jaime Ignacio del BURGO

Senador por Navarra

La dolorosa realidad del terrorismo, alentado abiertamente por las organizaciones «abertzales» sitúa en su auténtica dimensión el problema de Navarra-Euzkadi. Al margen de la ingenuidad consciente o Inconsciente de ciertos dirigentes nacionalistas, es evidente que nos enfrentamos con un movimiento ideológico que, utilizando unas veces tas libertades democráticas y otras la violencia de las armas, pretende socavar los cimientos en que se sustenta nuestra convivencia nacional; S« quiere imponer por la fuerza, al margen de Js voluntad del pueblo, una solución política que parte de >a supuesta incompatibilidad entre lo vasco y lo español.

No sólo es Navarra te que está en peligro. Está amenazada la base misma del Estado. No es, pues, de extrañar que como representantes legítimos de un antiguo Reino hayamos expuesto al Rey nuestra* preocupaciones e inquietudes, al margan de opciones concretas de política toral que hemos de resolver mediante el dialogo con todas las formaciones políticas democráticas.

En su discurso de la Corona, el Rey se comprometió a defender cuantos derechos históricos existieran en nuestro país. El derecho del Reino de Navarra a mantener su personalidad política es uno d* ellos. Y «a confortante,´ para cuanto» estamos comprometidos en la tarea de defender tos legítimos derechos de nuestro pueblo, comprobar que la Corona está dispuesta a «sumir hasta las últimas consecuencia» ta suprema función de garantía Que constituye, «n último termino, ta razón profunda de su existencia.—J. l. del B.

 

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