Autor: Atienza Serna, Ricardo. 
 Pacto foral y "derechos históricos" (y IV). 
 La larga andadura de los fueros     
 
 Informaciones.    24/06/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 19. 

Pacto feral y ((derechos históricos» (y IV)

U LARGA ANDADURA DE LOS FUEROS

Por Ricardo ATIENZA SERNA

LOS mecanismos de defensa del fuero, a que me lie referido en un artículo anterior, y los evatares historicos, permitieron que el sistema foral prolongase su vigencia en lo que puede calificarse de "anomalía histórica´", hasta enlazar con nuevas corrientes de pensamiento que tienden a revalorizar las peculiaridades sociales, institucionales, culturales, etcétera, de las distintos regiones: los nacionalismos surgidos en .el siglo XIX.

Entre los foralistas vascos es frecuente aludir al período de los Austrias como la edad de oro de la convivencia de los distintos territorios de la Monarquía dentro del marco tradicional de relación entre los mismos, pero se trata de una apariencia engañosa.

Considerando "históricamente normal" la tendencia a la homogeneización de loe territorios bajo «una misma corona, puede decirse que cuando la Corona española llegó al máximo de su protagonismo internacional, la articulación interna. ~ de los territorios que la integraban no se hallaba cumplida. LA tendencia a la unificación política y económica,, a la unificación del sistema fiscal y arancelario, propia de la institucionalización de los Estados renacentistas según criterios económicos mercantilistas, quedó truncada por la prematura proyección internacional de la Monarquía. Las energías que se gastaron en la conquista y colonización de América, en las ininterrumpidas y estériles! campañas europeas, impidieron acabar una obra que podía tener una enorme influencia en la evolución histórica del país: su articulación interna.

La Corona se apoyaba entonces en el reino, que al lograrse la unificación, se encontraba en la fase ascendente de su vitalidad: Castilla. El sistema funcionó durante un tiempo, y mientras funcionó nadie mostró interés en cambiarlo. Cuando, con el agotamiento castellano, el sistema entró en crisis, la Corona no tenía ya en quien apoyarse para forzar un cambio. Los intentos del conde duque de Olivares de ampliar la base económica de sustentación de ´la Monarquía a los territorios no castellanos ´estuvo a punto de romper la precaria anidad conseguida.

Y no era s61o la ´Corona la que suspiraba por el cambio. Entre los subditos de la Corona de Castilla es posible encontrar amargas muestras de disconformidad por lo que consideraban una flagrante injusticia. Su expresión mas lúcida es, quizá, la del marqués de Vélez en 1688:

"No me parece razón, cristiandad, conveniencia ni política que, ya que los pobres castellanos no son libres, como los aragoneses, catalanes, valencianos, navarros y vizcaínos, sean, por más obedientes, más miserables y más rigurosamente oprimidos, habiendo conservado estos reinos en tan remota distancia a costa de su sangre peleando y de sus haciendas contribuyendo."

El inicio del siglo XVIII, que señala la retirada del protagonismo de la Monarquía al territorio estrictamente peninsular, señala también el Inicio de una nueva articulación de ese mismo territorio coa el decreto de Nueva Planta, Sin. embargo, la guerra de Sucesión, que dio pretexto a Felipe V para acabar con loa regímenes ferales de la Corona de Aragón, no lo dio para hacer los mismos con. los de Vascongadas y Navarra, dado que, al Igual que Castilla, mantuvieron una actitud favorable al aspirante francés.

Frustrada la posibilidad de acudir al derecho de conquista, para proceder a la abolición de los regímenes torales, se intenta, por parte del Gobierno, llevar a sus últimas consecuencias las contradicciones económicas inherentes al fuero, para, limitando sus posibilidades económicas, forzar a las provincias torales a la aceptación de la unidad económica del territorio.

Esta política adquiriría plena vigencia durante la segunda mitad del siglo XVIII al plantear el Gobierno alternativas claras de integración o ex.tranjeriza/ción económica. La guerra de la Independencia iba a representar al mismo tiempo una culminación y una quiebra de la política abolicionista seguida hasta entonces, muy acentuada por Godoy en los años inmediatamente anteriores a la guerra.

Representa una culminación en el contenido, porque tanto la Constitución de Bayona como la de Cádiz iban a abolir de hecho los fueros como propios de una organización institucional felizmente superada; una quiebra en la forma porque, al asociar liberalismo con abolición foral iba a identificar absolutismo con foralidad, cuando en realidad tanto liberales como absolutistas eran abolicionistas. Así se da la paradoja de que las restauraciones absolutistas de 1814 y 1823 iban a ser también restauraciones torales, aunque en ambos casos Fernando VII retomara pronto las líneas fundamentales de tradicional política abolicionista.

Estos vaivenes de la política la de! XIX iban a permitir que ed sistema f oraft mantuviera su plena vigencia hasta la primera guerra carlista.

´ El fin de la guerra ve, en 1839, la aparición de la ley de 25 de octubre, que ha sido derogada expresamente en la Constitución de 1978, y cuyo artículo 1.° decía:

"Se confirman los fueros de las Provincias Vascongadas y de Navarra, sin. perjuicio de la unidad constitucional de la Monarquía."

Este artículo representaba una abolición efectiva dei fuero, porque, al -desvanecerse la base teórica sobre la que se sustentaba, pasaba a convertirse en un conjunto de normas, de costumbres, sin más justificación que la tradición y carentes de vitalidad interna.

No acaban con ello los vaivenes de la política del XIX, por lo que al fuero se refiere. Hasta 1876 quedan consagradas dos modificaciones importantes: la unidad constitucional de ía Monarquía y el establecimiento definitivo de usa mercado nacional mediante la desaparición de las aduanas interiores.

Permanecen, por el contrario, otros aspectos de gran ´trascendencia social y económica: la exención del servicio militar para los habitantes de lae provincias forales y la discriminación fiscal.

Esta situación permanecería prácticamente inalterada hasta la ley abolitaria de 21 de julio de 1876, que también ha sido derogada en la nueva Constitución, y cuyo artículo 1.° y más importante decía:

"Los deberes que la Constitución política na impuesto siempre a todos los españoles de acudir al servicio de las armas cuando la ley los llama, y de contribuir, en proporción de sus haberes, a los gastos del Estado, se extenderán, como los derechos constitucionales se extienden, a los habitantes dé las provincias de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava, del mismo modo que a los demás de la nación." La ley de 1876 es la que pone fin al sistema foral, pero dejando suficientes resquicios como para permitir ciertas peculiaridades administrativas, la mas importante de las cuates va a ser la de los conciertos económicos.

Los conciertos económicos, a los que me he referido en el segundo artículo de esta serie publicado en INFORMACIONES el viernes día 21, mantuvieron eu plena vigencia en laa cuatro provincias hasta 1937, en que Franco, considerando a los conciertos como un privilegio que había que merecer, los abolió para Vizcaya y Guipúzcoa. Navarra, por el contrario, firmó eu último concierto en 1969 y Álava en 1976.

La larga andadura de los fueros permitió enlazar, & fines del siglo XIX, estos restos institucionales del pasado medieval con las nuevas corrientes de pensamiento que, en contraste con e¿ centralismo racionalista del XVIII, tienden a revalorizar las peculiaridades sociales, institucionales y culturales de los ámbitos más pequeños y Que han encontrado en los restos del sistema foral su mejor bandera.

 

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