Autor: Dávila, Carlos. 
 La identidad de Navarra 3. 
 La política de la Diputación Foral, fuertemente criticada     
 
 ABC.    20/06/1978.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

LA IDENTIDAD DE NAVARRA

LA POLÍTICA DE LA DIPUTACIÓN FORAL, FUERTEMENTE CRITICADA

«Se nos ha llamado de todo. Lindezas que van desde racistas a imperialistas. Nada es verdad. Para nosotros, vasco es sólo el que cumple a conciencia con la tierra donde ha nacido o que le ha acogido, el que ama su cultura y la defiende por encima de todo.»

Estamos en un bar pamplonés donde hay rumores de dominó y voces de envite. Tengo ante mi a un «abertzale» joven del que no puedo saber dónde exactamente ha nacido. Se define vasco, y me dice que ya ni siquiera hace falta llamarse vasco-navarro, que eso queda para el folklore y la tibieza. Me ha enseñado un folleto, que yo ya conocía y que se titula con pomposidad «Lo que debe conocer todo navarro». En la portada hay enmarcado un mapa de Navarra que no responde al auténtico perímetro de lia provincia. El folleto ha sido contestado por muchos navarros y ha sido tachado no ya de partidista, sino de atentatorio contra la verdadera historia.

«NO QUEREMOS COLONIZAR»

MI Interlocutor tiene veintidós años, quiera que le llame simplemente Ligarte, y ha participado en todas´ las manifestaciones qué han reivindicado en Navarra la integración. Se sabe parece que de memoria la lección. Me habla con una seguridad casi emocionante. Por ejemplo, me dice: «Désete ´Madrid están sembrando la confusión. La gente, en suma, no sabe que a nosotros no es igual´ llamar a nuestra patria Euzkadi, País Vasco, Vasconia o Euzkaleria Nuestra tierra es siempre la "misma.»

La entrevista ´transcurre por algunos caminos históricos que sería prolijo, y hasta nútil, por lo que tiene de repetido, transcribir. En un momento dado, le saco fotocopia de unas líneas redactadas por don Claudio Sánchez Albornoz. Le Indico coloquialmente que «éste de historia sabe un rato». Ugarte se ríe. Lee: «Nunca ha estado Navarra sometida a los vecinos vascos, que, como he demostrado, recibieron de ella su vasquismo en el siglo V. Siempre ha vivido libre dentro de la, variedad regional hispana, sintiéndose muy española y conservando sus fueros.»

A partir de aquí la conversación se hace Imposible. Siempre hemos sido, los dos, cordiales. Cuando me despido, y ya de saludo, casi me grita: «Oye, que nosotros no queremos colonizar a nadie. Que no ta creas lo que dicen.»

• EL ESPÍRITU DE LOS FUEROS

En Pamplona, la opinión de los círculos navarristas, foralistas, es que la situación actual está provocada en buena parte por el vacío ideológico, político y hasta sentimental que ha dejado el carlismo con su inesperado vuelco hacia la autogestión y e( socialismo. «Con un carlismo fuerte nada de esto hubiera sucedido», me ha dicho un viejo militante que «hace ya tres años que no va por Montejurra». Asegura también que toda Navarra está siendo víctima del decreto de Unificación, que terminó, de. hecho, con el carlismo: «Franco quiso unir y ahora, a la postre, nos está separando.»

Hoy, desde el carlismo, los fueros no tienen el mismo espíritu de siempre. Para entender la filosofía foral —pido perdón por está denominación clarificadora, pero imprecisa-— hay que, sobre todo, marcar las coordenadas que delimitan tas característica* de toda una manera de ser a lo largo

de la historia. Desde el respeto a la familia, a la defensa de la democracia local, la participación del pueblo en las tareas comunitarias, ´ • la promoción de la iniciativa privada socialmente responsable, el rechazo, de la corrupción, el bienestar social y el reconocimiento paccionado de la personalidad navarra, sin discutir jamás 1a superior, unidad de España, el foral temo es, puede serlo, todo un programa político. Un programa que ha llevado, de hecho, a extremos que han sembrado el estupor entre los propios navarros.

CONTRA EL GOBIERNO Y LA DIPUTACIÓN

Sin ir más lejos, el 26 de agosto del pasado año, en un acuerdo de la Diputación Foral se pedía la reintegración foral plena. Esto, desde una institución acusada de «carcanalismo» político, tachada de antidemócrata y respetada ahora por lo que tiene de suficiente en ia estructura de la provincia o

por su última actuación. La reintegración supone, ni más ni menos, que la práctica independencia, la autonomía total, que, en definitiva, contradice al propio espíritu foral. El acuerdo de la Diputación fue rechazado por el Consejo, pero sirvió para, en resumen, poner al navarro en una tesitura lamentable: o con Euzkadi o con la Diputación. Un dilema que se acerca al que sostienen los mismos partida/ios del País Vasco: la derecha con Navarra, la izquierda con Eüzkadi.

En esta situación-viciada son muchas las voces autorizadas que han denunciado la escasa habilidad de la Diputación Foral. Desde diputados y senadores a hombree y mujeres que representan algo en la historia del antiguo Reino se han manifestado publicamente en contra del sostenimiento de los actuales cargos de la Diputación. Madrid, al parecer, presiona para que los diputados dimitan y ´la institución pueda democratizarse. Pero nada hay decidido. El Gobierno ha cometido muchos errores y no, suscita apenas la confianza del pueblo navarro. Un médico me ha asegurado: «Aquí, y al decir aquí digo en los balcones de muchos Ayuntamientos se colgó la «ikurriña» muchas veces contra el parecer de los vecinos. El Gobierno creyó que así Iba a poder sumar sus votos a los del Partido Nacionalista Vasco, y le importó un bledo lo que nosotros pensásemos. A la postre, se ha visto cómo ni el P. N. V. se casa con la U. C. D. ni nosotros queremos la «ikurriña» para nada.»

• «DE NAVARRA ME MARCHO FELIZ...»

En Navarra, ahora, Tos foralistas hablan más que nunca de España. Muchos recuerdan a Unamuno cuando definen a este país como una «renación», nación de paciones. Del hombre de aquí, según quedo claro en una conversación con dos profesores de la Universidad pamplonesa, se sabe muy poco. Todavía queda aquella frase desafortunada del peregrino Aymerich Picaud que en el siglo XII escribió: «De Navarra me marcho feliz por el pan, et vino, la leché v los ganados.» Uñó de mis Interlocutores" expresaba su asombro por el escás-» acierro ae Aymerich y, sin perder la calma, finalizába «Muchos crean, aun hoy, que Picaua tenía razón, pero tampoco ellos han venteo nunca a Navarra.»—Carlos DAVILA.

Dos muestras oe la propaganda que estos días llena las paredes de las ciudades navarras. A la izquierda, un cartel reivindica el "navarrismo" de Navarra} a te derecha, otro multiplica la acción euskerizante. (Foto Luis Alonso.)

 

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