Autor: Vieitez Pérez, Manuel Ángel. 
   ¡Navarra!     
 
 El Alcázar.    10/01/1978.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

¡¡NAVARRA!!

NAVARRA está de luto. Contempla, llena de la natural indignación, como mientras se acuerda conceder autonomías a las regiones que lo solicitan, se intenta destruir su propia autonomía —única subsistente con sus libertades torales e identidad histórica, a través de los siglos 7- supeditándola a otra región y además, en claras condiciones de inferioridad. Paso éste, tanto más lamentable, cuando ha sido posible gracias al apoyo de los más obligados de defender a Navarra, ejemplo, en todo momento, de! más firme patriotismo.

Como españoles y asimismo como antiguos combatientes Requetés —en cuyos Tercios tantos hijos de esa noble región dieron su vida por Dios y por la Patria— comprendernos su justo dolor ante el atropello a sus FUEROS, que ha sido por lo menos en buena porte, consumado.

Después de conocer el breve texto preautonómico, aprobado «democráticamente» por Decreto-Ley, como es norma tan frecuente en la democracia liberal españole, aunque dice muy poco de incorporación de Navarra, en determinadas condiciones, al PAÍS Vasco —sin duda lo más importante es lo que se haya negociado— basta conocer el más amplio de preautonomía del mencionado País Vasco, así como las presiones, las tremendas presiones, incluso con amenazas de muerte, por parte de los que quieren someter por la fuerza a Navarra bajo la férula del Estado artificial de Euzkadi, para que temamos lo peor. Tanto más que los que propugnan tal sometimiento a Vascongadas y después la independencia, manifiestan su satisfacción por tales disposiciones legales. Por otra parte, para nada se contó en las negociaciones el órgano representativo de Navarra: la DIPUTACIÓN FORAL, siguiendo la política de hechos consumados, ni Navarra había pedido voluntariamente su incorporación.

¡Pobre Navarra, la grande, noble y laureada Navarra, tan amante de sus libertades auténticas, como leal en su firme amor a la Patria!

Esto es lo que, unido a su profunda fe cristiana, no la perdonan las fuerzas separatistas-marxistas y más concretamente aún el Comunismo, que actúa agazapado en la sombra y no olvida que fueron, en gran parte, los valiente* voluntarios navarros, las que, especialmente en los primeros días de la Cruzada, ayudaron, en forma decisiva, a que se salvara España. (Aunque la maniobra anexionista se enmascare a la sombra del también repudia ble racismo).

Esta es una clara muestra —aunque hay muchas más— de lo que Vázquez de Mella denominó, con tanta razón, el absolutismo liberal.

¿Qué daño ha hecho Navarra a Vascongadas para que se intente integrarla en un Estado común, del que sus promotores no ocultan —en medio de la mayor impunidad— sus deseos de independencia total?

Que conste que no echamos la culpa al noble pueblo vasco, víctima en las personas de preclaros hijos suyos, entre otros, de los presidentes de las Diputaciones de Guipúzcoa y Vizcaya, del más execrable e «indultado» terrorismo.

La culpe estimamos que es principaimetne de aquellos que, titulándose españolas y presumiendo de moderados y demócratas, no sólo no «e oponen con decisión y valor al desgarramiento de la Patria, que puede traer a la larga, trágicas consecuencias, sino que, por partidismo y debilidad, lo facilitan.

Esto na lo podemos contemplar impasibles. Por ello, con nuestra más enérgica protesta, expresamos, por sagrado deber de patriotismo, nuestra postura:

Estamos con la Diputación Foral de Navarra, legítima representante de sus Instituciones seculares.

Estamos con las Juntas de Defensa Foral de Navarra, que están surgiendo por todos Jos confines, no sólo del antiguo Reino, sino de la Patria.

Y por último, estamos con todos y cada uno de los que, por encima de intereses de Partido, son navarros auténticos. Los que aman con pasión a su tierra natal y confiesan sin rubor que, con igual lealtad, quieren a España. Porque esto, no es un delito, sino una gran prueba de amor que no puede ser ahogada por nadie.

Posiblemente sea ésta le primer gran batalla —y no precisamente incruenta, triste es decirlo, iniciada con varios asesinatos— que les fuerzas de la Anti-España empiezan a dar contra la Patria.

Miguel Angel VIEITEZ PÉREZ

 

< Volver