El Ejército y el pueblo     
 
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El Ejército y el pueblo

DE 1898 a 1936 se extiende la etapa de crisis política más anchan y más honda, seguramente, de nuestra historia. Crisis de las instituciones estatales y de las instituciones sociales; crisis de la estabilidad interna y crisis del prestigio internacional. Son varias las causas de la misma, "pero hay una que tiene, además, la doble cara de causa y efecto, particularmente importante: 1a desvinculación de la sociedad y el Ejército. Unamuno, en 1906, en su ensayo´"La Patria y el Ejército"—ensayo en el que, a su mdtlo, mezcla michas casas—escribe unas palabras esclareced oras: "El Ejército no es popular." Y apunta, como explicación a su aseíto, que el servicio militar no es obligatorio para todos, que "si el Ejército fuese lo que debería ser", sería "la nación en armas" y pasarían por él "todos los ciudadanos capaces de llevarlas". Ortega y Gasset, en su "España invertebrada", llega a muy parecido diagnóstico: el Ejército está "desnacionalizado".

Estas afirmaciones, que se refieren desde luego a los años finiseculares del siglo pasado y a tos primeros de éste, necesitan una importante aclaración. La situación que contemplan Unamuno y Ortiga no es fruto de una tendencia aislacionista de los cuerpos armados, stno consecuencia de defectuosos planteamientos políticos que provocaron el aislacionismo, la incomprensión o el apartamiento por parte de la sociedad, de sus grupos y estamentos. El Ejército no perdió en ningún momento la noción de sus eleva´dísimos deberes, ni abandonó nunca su papel de defensor de la comunidad nacional. Y bien lo demostró salvando al país, con heroica decisión, en el Alzamiento. De este hecho, arranca, por un cambio posicional Se la sociedad, la solución de la divergencia. La "nación en Minas", según la expresión de Unamuno, empezó a sentirse Se nueve Identificada con el Ejército. Promociones de oficiales provisionales entraron a convivir en las estructuras castrenses. Y se afirmaron más los lazos de unión con el servicio obligatorio y con la incorporación a las distintas armas de los universitarios, a través de las milicias que llevan su nombre. La necesaria solidaridad de la sociedad y el Ejército se logra. Y en ella se apoya, y radica, eh una parte sustantiva la estabilidad política que signa los últimos veinticinco años de la vida nacional. La sociedad contempla y siente al Ejército como instrumento superior de su salvaguardia; el Ejército vive consciente de su entraña popular, social. ¿Cómo dudar que esta perfecta situación no sea una de las realizaciones políticas más sustantivas y trascendentes del nuevo Estado?

No exponemos una teoría; glosamos un hecho que vive y palpita en los sentimientos de todos, y que se manifiesta espontáneamente en cualquier ocasión apropiada. El domingo pasado se manifestó en el desfile conmemorativo de la Victoria, en todas las capitales españolas, con el mismo entusiasmo que en los desfitas anteriores. Con sagacidad de la mejor ley ha subrayado algún comentario de Prensa, hablando del desfile, que fue un plebiscito renovado, " tanto más importante y significativo cuanto que nadie tenía que estar presente por obligación en la solemnidad con que se conmemoraba el inolvidable aniversaria".

Nadie, efectivamente, tenia tá obligación de asistir. Pero todos tenían la vocación de asistir, de participar en un plebiscito directo de adhesión al Jefe del Estado y de solidaridad social con el Ejército. El pueblo civil sumado a esa selección popular que es el pueblo en armas.

He aquí un cambio venturoso, una transformación política positiva, que apetecieron, y no disfrutaron, las generaciones de los años críticos. Por debajo del colorido y los sones marciales, como vena soterrada de sentimiento popular, corría, al paso de las tropas, por la muchedumbre que acudió a presenciar el desfile, un pensamiento que se imponía a. todo otro: el Ejército, compenetrado en sus mandos y estructuras, con la, sociedad, come garantía del orden, de la paz social necesaria para el progreso económico y de la continuidad política, que apetecen todos los españoles de buena voluntad.

 

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