Autor: Azaola, José Miguel de. 
   ¿Un premio al desvarío?     
 
 Diario 16.    13/09/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

JOSÉ MIGUEL DE AZAOLA

¿Un premio al desvarío?

Los acontecimientos de Navarra han provocado torrentes de reacciones verbales, muchas de las cuales lo menos que cabe decir es que son terriblemente desconcertantes.

El vicepresidente del Parlamento Foral, Urbiolá, de la coalición Herri Batasuna, al afirmar que esta última «apoya moral y políticamente» y coincide «plenamente con la estrategia y la táctica de ETA militar», no ha descubierto ningún Mediterráneo; pero una declaración formal de este tipo hecha por el dirigente de un movimiento político que actúa en el seno de las instituciones legales, ¿no es acaso una insensatez que expone a este movimiento a perder las ventajas de una duplicidad que, hasta ahora, le resultaba rentable? i

Por supuesto que ello dependerá de lo que se atreva a hacer el poder público (que, al menos hoy, tiene muy poco de poder y casi nada de público) para extraer las consecuencias lógicas de esa declaración. Así lo reclamaba enérgicamente, en un editorial aparecido el 31 de agosto, un sesudo diario madrileño hablando de Herri Batasuna como de un «partido» y exigiendo que se cumpla el artículo 6 de la Constitución, con olvido o ignorancia de que esa coalición no es un partido, ni siquiera un conglomerado de partidos, por lo que el artículo 6 no reza con ella.

Una insensatez

Pero la ley brinda, sin duda, medios para forzarla —si quiere sobrevivir— a refugiarse en la clandestinidad. Lo cual tendría, para todos (y no sólo para ella), además de sus ventajas, sus inconvenientes. ¿Perderá o ganará Urbiolá su apuesta, insensata quizá sólo en apariencia?

Por de pronto, el Gobierno ha replicado a ella con

«¿Costaba tanto haber demorado unos días la detención de Urbiola?»

una insensatez: la de detener a Urbiolá inmediatamente después de publicado el comunicado del presidente del Parlamento Foral, Arbeloa, dando cuenta de su declaración: como si quisiera concentrar sobre Arbeloa las iras de los secuaces del terrorismo y de algunos que no lo son, en el preciso instante en que este militante del PSOE estaba siendo en Navarra uno de los más eficaces paladines de la legalidad y del orden público.

Si la detención de Urbiolá ha sido motivada no por sus declaraciones, sino por su conducta anterior a ellas, ¿costaba tanto haberla demorado unos días? Y lo peor es que Arbeloa ha caído en la trampa: se ha creído obligado a decir que Urbiolá es «un buen navarro y un buen parlamentario». ¿Como puede serlo quien abiertamente apoya lo que el propio Arbeloa llama

«violencia mortal y asesina» e «indecente campaña de amenazas» contra la paz y la libertad de Navarra?

(DIARIO 16 del 18 de agosto).

Por su parte, en el comunicado con que han tratado de justificar el atentado contra Uranga, los autores del crimen llegan a cotas de irracionalidad rara vez alcanzadas hasta hoy, al erigirse en campeones de la libertad de expresión y denunciar en el director del «Diario de Navarra» un cómplice en la tarea de impedir que «la izquierda abertzale consecuente» tenga «un vehículo para exponer nuestras opiniones». ¡

Eso sí que es apostar fuerte! Porque,, en Navarra, Álava, Guipúzcoa y Vizcaya se distribuye a la luz del día y al amparo de la ley un diario que insistentemente difunde las opiniones de esa tendencia política, y en cuyas páginas las tesis que suele hacer suyas el «Diario de Navarra» son combatidas con igual insistencia.

Si la argumentación de ETA militar prende en alguna cabeza desquiciada y singuinaria, de las que también se dan en el fascismo opuesto, Dios coja confesado al director del primero de ambos periódicas, a quien podría entonces ocurrirle lo que al del segundo, y con peor suerte; y cójanos confesados a los demás, porque eso sí que podría ser el comienzo del gran cataclismo.

Olimpo editorial

Y a todo esto, desde la cúspide de su Olimpo editorial, otro diario madrileño (mientras los virtuosos del disturbio sembraban Pamplona de barricadas y prodigaban otras provocaciones) se permitía aconsejar a los promotores de la manifestación navarra contra el terrorismo y a favor de las libertades democráticas que anulasen la convocatoria de ésta en aras de la sensatez: como si hubiera insensatez más grande que la abdicación ante la violencia.

Verdad es que, una semana antes, el mismo autorizado oráculo había vaticinado -que la integración democrática de Navarra en la comunidad autónoma vasca será el «irremediable final» de ETA: como si, con esa integración, se agotase la lista de las reivindicaciones otarras y no les quedasen ya a los terroristas más pretextos para seguir acogotando al país.

¿Habrá sido el deseo de replicar a este vaticinio lo que ha movido al diputado foral Del Burgo a publicar 2 de, septiembre en «atas mismas páginas una «carta abierta a Suárez» diciendo que «ya no basta, como hasta ahora," con el reconocimiento del derecho de los navarros a decidir libremente su futuro» y que hay que impedir la integración de Navarra en la comunidad autónoma vasca porque «la no integración en Euskadi es razón fundamental para la supervivencia del Estado»? Lo cual, si somos lógicos, nos lleva a la conclusión de que, si la mayoría de los navarros optase por la integración, habría que negarles ese derecho —reconocido por la Constitución— a escoger libremente su futuro, por el que Del Burgo ha combatido con tando denuedo como brillantez hasta el día de hoy.

Diríase que se ha instituido un gran premio para quien más y mejor desvaríe a propósito de la querida y acosada Navarra. Y sospecho que, si se otorga, tendremos que pagarlo, y carísimo, entre todos los españoles.

 

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