Autor: Dávila, Carlos. 
 La encrucijada del referéndum navarro. 
 Sólo comunistas y "abertzales" quieren que se celebre ahora la consulta     
 
 ABC.    12/10/1980.  Página: 6-7. Páginas: 2. Párrafos: 32. 

La encrucijada del referéndum navarro

Sólo comunistas v "abertzales" quieren que se celebre ahora la consulta

El chupinazo que puede marcar el comienzo de una guerra civil en Navarra puede ser el referéndum. La frase, feliz y ajustada a la Historia, no es de un confeso derechista propalador de una Navarra autónoma, desligada de todo contacto con el País Vasco. Es —se ha publicado en ABC— del líder socialista Felipe González, que puede, no obstante, en las próximas fechas, sufrir un quebranto político si sus compañeros vascos y navarros deciden divorciarse de mutuo acuerdo. Un quebranto que, por otros motivos, padecerá también el partido en el poder, una UCD dividida y enfrentada que, a pesar de todo, ha firmado una mínima paz y, por una vez, concordado en una situación fundamental: la elección del presidente de la Diputación Foral.

Los socialistas pueden desligarse orgánicamente de sus compañeros del País Vasco

Aun así, casi todos los observadores coinciden en que la situación política navarra es mejor que nunca. No, desde luego, la del orden público interior. Medio millón de habitantes distribuidos en poco más de diez mil kilómetros cuadrados, sufren, con dolor, desesperanza e impotencia, el acoso y derribo sangriento de un terrorismo que está perdiendo bazas. Incluso entre te Juventud que un día, hay que reconocerlo, lo apoyó. Sólo así se puede explicar el trágico San Fermín del 78.

EL PSOE SE MARCHA

Muy pocos navarros conscientes hablan hoy a favor del referéndum. De un referéndum, además, que tiene carácter ratificatlvo, no consultivo, como luego analizaremos. La consulta no gusta a nadie, y manos a los partidos poderosos estatales. En esto existe un consenso y, por ello, la situación política es favorable.

El PSOE, que tiene en Navarra líderes preparados, nada propicios a aventuras revolucionarias, se encuentra ahora mismo ante una disyuntiva histórica. El partido —una agrupación con más votos ´de lo que haría suponer su mínimo índice de afiliados— volará posiblemente sólo a partir de los próximos meses. Pero ahora se mantiene ligado orgánicamente al Partido Socialista de Euskadi. Únicamente por breves meses. Unos y otros así lo quieren.

La iniciativa desligadora puede venir paradójicamente de la propia agrupación vasca, socialdemócrata más que ninguna otra de España, que, en palabras de uno de sus más conspicuos dirigentes, «no gana nada con tener a Navarra y pierde credibilidad». José María Benegas, heroico —hay que decirlo así— en su denuncia permanente de la sinrazón etarra, se muestra hoy partidaro de dejar en libertad a sus compañeros navarros. El próximo mes se tratará de que :a Ejecutiva actual dimita y de dar pábulo esf a un Congreso en el que, de forma definitiva, se consume, la desintegración del PSOE navarro en el del País Vasco. La decisión parece tomada, y sólo queda, si Txiki Benegas termina por vencer sus últimos recelos, que Felipe González y la Ejecutiva federal dé su visto bueno, cosa que, desde luego, no será fácil, y que, además, creará problemas de distinta índole.

LA TEORÍA DE FELIPE

Problemas como el surgido cuando, de forma inopinada, innecesaria y desafortunada, la secretaria nacional de Organización, Carmen García Bloise, una mujer que en raras ocasiones comete un desatino, anunció, menos veladamente de lo que se dio en justificar, un referéndum entre los socialistas navarros para decidír su actitud. Aguirra, del PSE vasco, saltó a la palestra con dureza y replicó a la desfasada propuesta de la dirigente central. Ahora los problemas serán mayores y de más amplia trascendencia. Pero la decisión parece tomada de antemano. Arbeloa, presidente socialista del Parlamento Foral; Urralburu, diputado en Madrid, y Asialu, tjue forman el trío más influyente en la agrupación navarra, son decididos partidarios de la separación. Pero no a costa de la traumatización de las bases partidarias en uno y otro lado.

Por eso, se trata de montar la operación con luz y democracia. Este es el sentido que tiene la dimisión, que se aventura como posible, de la Ejecutiva vasca y la posterior celebración de un Congreso que, de manera singular, será el de la desunión, una palabra a la que ya nadie hace ascos.

Felipe González era, sin embargo, y hasta hace muy pocas fechas —probablemente lo siga siendo, aunque con menor fervor— partidario decidido a continuar en la actual posición integradora. La tesis felipista se amplía por elevación; piensa el secretarlo general del PSOE que no se debe favorecer un desligamiento total en el seno del partido, porque tal medida se opondría a su filosofía de resolución del contencioso Navarra-Euskadi: personalidad independiente de los dos colectivos, pero con estrechos convenios de colaboración. Pero la postura del líder socialista puede, si no modificarse, sí matizarse, y, al fin, eso se conseguirá: independencia entre las dos agrupaciones y acuerdos de solidaridad.

UN PACTO DELICADO

Si se consuma la operación que acabamos de describir, el PSOE puedo aumentar sus votos en el Antiguo Reino. ¿A costa de quién?. Probablemente de UCD. Por esto Rafael Calvo, Manuel Núñez y los demás responsables a nivel nacional,del funcionamiento del partido propenden a una solución de compromiso en la gran crisis centrista navarra. Crisis que, en síntesis, se abrió al estallar al asunto FASA, que se ha desarrollado en los meses posteriores con el enfrentamiento entre dos sectores y que desembocó con la salida de Jaime Ignacio del Burgo de la presidencia de la Diputación Foral, un organismo ejecutivo que no guarda demasiada similitud con sus homónimos en otras provincias españoles. Por eso la Presidencia es tan deseada.

La crisis ha visto, por fin, una primera luz. Un nuevo presidente, el estellés Arza, se ha beneficiado con la decisión de los dirigentes nacionales y gracias a los votos de sus tres compañeros —que por primera vez en meses han aparecido juntos— ocupa desde hace aproximadamente un mes el despacho, recargado e histórico, de la Diputación

Foral. UCD ha solucionado así su primer contencioso. Pero, a juicio de todos los observadores, ha sido sólo un parche político que ha nacido con vocación de polémica. Y que tendrá escasa duración. Del Burgo pide ahora una recomposición de su figura —quizá esta ha sido su pequeña venganza, a mi juicio justificada—, en mil ocasiones rota por los insultos, acusaciones y amenazas de que ha sido objeto desde que FASA mutiló para siempre su rutilante carrera política. Hoy es un líder encanecido que recela de muchos compañeros de UCD.

El autor del pacto que ha sellado provisionalmente la paz ha sido Calvo Ortega, Ahora tendrá que afrontar la fase más difícil del problema: la reedificación de un partido, separado en dos bandos irreconciliables que, sin embargo, es absolutamente imprescindible, hoy por hoy, para la supervivencia de la propia Navarra. El pacto, decidido ski que ni siquiera se reunieran la» dos partes, ha tenido además dos protagonistas. Uno, el citado Jaime Ignacio; otro, el diputado Javier Moscoso, ligado desde hace tiempo a Rafael Arias Salgado. Aunque las fuentes oficiales insisten en que «aquí no hay ni vencedores ni vencidos, ni se sacrificará a nadie», es probable que el tiempo contradiga las diversivas declaraciones. ¿Qué sucederá en adelante con Ángel Lasunción, el gran oponente de Del Burgo, diputado de Hacienda y animador de cargos políticos y financieros contra su antiguo presidente?

EL PARTIDO EN DESCOMPOSICIÓN

La primera prueba llegará el día 18. En esa fecha deben elegirse otros tantos compromisarios para asistir al Congreso Nacional. Nadie, según se afirma, quiere dejar fuera de las listas a Las unción y hasta es probable que, ai fin, el ejecutivo centrista que ha puesto en orden las cuentas de una Diputación atípica en su contabilidad, pueda sentarse en la capital de España en el Congreso nacional. Pero esto no será todo.

Es de prever, por otra parte, que en pocos días se redistribuyan las carteras «ministeriales» de Ja Diputación Foral. Del Burgo, diputado, se quedará —«el pacto ha sido sin contraprestaciones», según me decía un dirigente de la UCD navarra— sin cartera, pero aspira a dominar en la sombra a un presidente no demasiado fusfte, Independiente en las listas >de UCD, que nunca se atrevió a pronunciarse en contra de Jaime Ignacio. En estas condiciones, Lasunción, que puede conservar la Hacienda navarra, ha tenido que renunciar a su interés, y quizá a su derecho, de ocupar el poder en la Diputación. Esta ha sido su gran cesión.

Repuesto el buen nombre de Del Burgo, más por la vía del silencio que por un pronunciamiento oficial exculpatorio, UCD se apresta a reordenar su propia casa: sua adentros. Le queda al partido en ei Poder solucionar el gran problema que supone la negativa del Parlamento Foral a admitir en las deliberaciones al destituido presidente de la Diputación. Jaime Ignacio del Burgo, desde luego, no facilitará la maniobra de sustitución: no va, en definitiva, a dimitir, aunque a ello le obligue la postura, ciertamente desconsiderada, de los diputados de otros partidos que le consideran persona «non grata». H Parlamento, en el que UCD tiene veinte representantes (la mayoría afectos a Del Burgo), no «tolera la presencia del

ex presidente», afirmaba un parlamentario socialista.

La encrucijada del referéndum navarro

En UCD, la solución del «caso Del Burgo» ha dado paso a un difícil equilibrio

DOS SOLUCIONES ENFRENTADAS

Rafael Calvo Ortega, partidario de los arreglos parciales y pausados, aunque tengan poca brillantez política, debe cuanto antes enfrentarse a \a dura realidad. Una realidad conformada por dos sectores enemigos que no pueden convivir en un mismo partido. Los críticos (Lasunción, Moscoso, San Juan, Sagredo, Esquisabel...) pretenden la disolución del Comité ejecutivo —también dominado por Del Burgo— y el nombramiento" de una gestora que prepare un Congreso constituyente que langa por principal mandato la elaboración de un documento ideológico para responder a un triple desafio: la defensa institucional del amejoramiento del fuero, la definición de la filosofía política del partido y la posible apertura de un proceso en a! curso del cual puedan reincorporarse antiguos miembros desligados del partido, Monge y Peneganuta, que son necesarios para que UCD recupere su credibilidad, su «patente», navarrista.

Jaime Ignacio del Burgo, sin embargo, no quiere esta solución; es más, se opone frontalmente a ella. Democráticamente además, está asistido de todo derecho. Pero a veces, según afirma un dirigente nacional, la democracia «debe renovarse para evitar su caída». Esta frase tan significativa puede ser anuncio de un próxima decisión en el sentido que apuntan los «críticos».

Pero nadie puede anunciarla por ahora. Entre la vía continuista que favorece el sector «del burguista» y la renovadora, habrá que encontrar una solución de compromiso.

LA INICIATIVA DE LOS «TRANSFUGAS»

Tampoco es probable, por otro lado, que la dirección nacional quiera tomar en este preciso momento una decisión definitiva. Calvo Ortega pretende, sobre, todo, ganar tiempo, «´hibernar» la crisis navarra, para solventar prioritariamente la nacional. Sin embargo, Ta primera puede, de nuevo, estallarle en tas manos.

En el ánimo de los tránsfugas centristas que salieron de UCD entre explosiones dialécticas (luego parcialmente rectificadas) y acusaciones de una «venta» que nunca se realizó, está ahora la vuelta al redil..., pero, con condiciones. Pegenuate y Monge han renunciado a la tentación regionalista porque, en primer lugar, el espacio ya está ocupado por la derechista Unión del Pueblo Navarro (cuyo dirigente, Jesús Alzpún, se presentó en las primeras elecciones dentro de. las Usías de UCD con el marchamo de liberal) y, en segundo, porque no existe financiación posible para una aventura que no parece políticamente madura, ni electoralmente rentable.

Pegenaute y Monge son partidarios también de la composición de una gestora centrista, con representantes de los dos bandos en litigio —nunca desde luego de los más- caracterizados— la activa presencia como miembros de carne del presidente Arza, y del diputado Sánchez de Muniaín, hasta ahora Independientes, y la aportación de personalidades ajenas a los enfrentamientos. Una gestora, con Pegenaute y Monge, que nadie, sin ambargo, está dispuesto a componer. Prueba a ello. es que la posible entrada en la lista

de compromisarios para el Congreso de los antiguos parlamentarios ha sido desechada por las fuerzas actuales.

IRRITANTE INCULTURA

A pesar del conflicto, latente e Irresoluto como hemos visto, y del que puede enconarse, si los socialistas, como parece, se deciden a romper, amigablemente sí, pero romper, con las ataduras orgánicas que aún les unen a sus compañeros vascos, "debe afirmarse que la situación política en el Antiguo Reino es sensiblemente mejor a la planteada hace unos meses. A ello ha contribuido Indudablemente el pronunciamiento en .contra del referéndum de ratificación del Partido Socialista, que por boca de sus dirigentes provinciales y nacionales ha insistido en que no apoyará una consulta que puede resultar sangrienta.

Por extraño que pueda parecer, sin embargo, algunos centristas aseguraban, sólo hace unas semanas, que ía resolución de la cuestión navarra «pasaba —este es el lenguaje ai uso— por la decisión en un referéndum». Los centristas demostraban asi una irritante incultura política y una irresponsable falta de información. No sabían,.y algunos lo desconocen todavía, que el referéndum constitucional tiene un único sentido: ratificar la iniciativa favorable a la integración (sólo en este caso se podía dar tal convocatoria) hecha por el Parlamento Foral. Hay que recordar, por otro lado, que la proposición de su miembro del PTE apoyado por Herri Batasuna y Amaiur sufrió un revés trascendental en la Comisión Foral del Parlamento, y que, por tanto, constitucional y legalmente, no tiene sentido proporcionar un referéndum que no posee carácter de iniciativa.

LOS COMUNISTAS, SOLOS

Pero si socialistas y centristas —por más que algunos propendan, por incultura política, a su celebración— sa niegan a la realización práctica del referéndum, y la mismo hace UPN, k» abertzales (en su traducción «patriótica» y no Izquierdista) han favorecido hasta ahora fa convocatoria rápida de la consulta. Hasta ahora porque el PNV, tras la entrevista Suárez-Garaicoechea, ha cambiado súbitamente de forma de pensar. El lenctakari, uno de los pocos navarros afiliados al Partido Nacionalista Vasco, y el «Ñapar Buru Batzar», desean ahora, según expresan, «dar tiempo al tiempo», lo que es tanto como decir que el PNV ha oído las razones de Suárez —si ha sido su autor oí presidente, cuyo desconocimiento de los temas navarros fue grave en el pasado—y ha estado de acuerdo en «ralentizar» el proceso de incorporación. Una salida con la que Garaicoechea ha visto el cielo abierto, porque nunca, en realidad, quiso un referéndum que, lo sabe a ciencia cierta, podía perder irremediablemente, pero al que te empujaban vascocolonialistas de su partido, deseosos —ellos, al fin y al cabo, no votaron la Constitución— de contar con Navarra para ensanchar las fronteras de una imaginada Euskadi independiente.

NAVARRA NO ES EUSKADI.—El verdadero carácter del referendum navarro será, cuando se celebre, de ratificación de un pronunciamiento previo del Parlamento Foral favorable a la Integración. Aunque parezca mentira, no toda la «laso política del antiguo Reino es consciente de ello

Al lado de los «batasunos» (los nacionalistas de nuevo cuño que tienen quince escaños en el Parlamento Foral) se ha quedado el Partido Comunista, que tiene en Navarra una mínima representación (ni un solo parlamentario), y que, por boca de Lerchundl, el ex etarra, médico y secretario general da un partido que quiere, cuanto antes, fusionarse con Euskadiko Eskerra, ha anunciado su propósito de seguir luchando por el referéndum. Carrillo, otro político que haca unos días mostró su absoluta ignorancia en las cuestiones navarras, ha dejado hacer, quizá porque esté más interesado en consumar la fusión con EE y formar en el País Vasco un «PSUC» domesticado al estilo catalán que a sumarse contra una consulta en la que los comunistas tendrán ,£oca oportunidad de Intervenir y, por tanto", de aprovecharla con fines electoralistas.

NAVARRA AUTONÓMICA

Quedarla por analizar en este informa e1 significado e Importancia histórico-politica del amejoramiento del fuero, un concepto de alcance institucional que a veces se comprende mal —muchas gentes que presume de bagaje cultural se escandalizan incluso de la «a» inicial, como sí se tratara de una pifia Idiomática y no de una consagración foral— y que tiene por fin consolidad las Instituciones autonómicas del Antiguo Reino, de una provincia que nunca, ni siquiera en la dictadura, perdió su autogobierno. Se trata, en suma, de construir el futuro de una Navarra autónoma, dentro —valga la redundancia— de un Estado de las autonomías que, al fin y al cabo, quiera para sus regiones y sus pueblos, el mismo nivel de autogestión política y de responsabilidad, da que Navarra ha gozado en Carlos DAVILA

 

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