Autor: Cierva y Hoces, Ricardo de la. 
   Navarra  :   
 De Jaime del Burgo. 
 ABC.    27/07/1978.  Página: 25-26. Páginas: 2. Párrafos: 22. 

ARIO

NAVARRA

De Jaime DEL BURGO

Ediciones de la Diputación Foral Ae Navarra. Segunda edición. Pamplona, I978. 150 páginas.

EN un volumen maravillosamente ilustrado por Federico Lloverás, .y presentada con primor, Jaime del Burgo ha encerrado a toda Navarra; en un momento capital para la historia y el futuro de Navarra, que hoy se debate en una de las más profundas y menos conocidas convulsiones de España. El autor, insigne erudito, historiador y bibliógrafo que precisamente ahora acaba de poner a punto, en definitiva edición, su trábala monumental sobre fuentes de las guerras carlistas, nos conduce «por los recovecos y andaduras de una región de la que se habló —y se habla— mucho, pero que no de¡a por eso de ser la Gran Desconocida».

Navarra es coexistencia de contrarios; «Navarra es, ante todo y sobre todo, una unidad moral.» El hombre navarro acusa los mismos caracteres de la naturaleza en que vive. Y dejó huella de Navarra por todo el mundo. Honesto de Nimes, el senador Firmus y Saturnino, obispo de Toulouse, convirtieron al cristianismo a los navarros, que desde entonces han sido fieles hijos de la Iglesia. Navarra ha dado hombres de argumento y polémica, como el arzobispo Carranza, Malón de Echaide y fray Diego de Estella. «Los navarros comulgan antes de las batallas, pero el padre francisco Antonio Yoldi dirige desde Olite un memorial de don Carlos denunciando la Incontinencia v el libertinaje de/sus batallones: «Yo no extraño que den por lícita la fornicación y que aprueben un Instrumento que, saciando la sensualidad, impide la generación.»

Dos accidentes físicos dan a Navarra su peculiar fisonomía: la espina dorsal del Pirineo y la depresión del Ebro. Navarra se divide en cinco regiones naturales: contábrica, alpina, montaña baja dentro de la montaña; zona media y ribera, descritas sencillamente, magistralmente, por un hombre que las conoce todas, palmo a palmo; que las vive ´todas, latido a latido.

REY DE LAS ESPAÑAS, FUENTE DE REINOS

Se adentra después el autor —y guía al lector entre las maravillosas ilustraciones de Lloverás— por los tortuosos senderos de la historia navarra, de la que nos ofrece una acabada síntesis. Navarra aflora a la Historia con la venida de Carlomagno. El reino de Pamplona es refugio ante la Invasión árabe; y bastión para el lanzamiento de la Reconquista. Pamplona había sido romana, luego roda, franca y musulmana; pero alentó siempre tras sus murallas un Indómito espíritu de resistencia. La nómina de sus reyes surge de las brumas de la leyenda en el siglo VIII, en confusa mezcla con nombres de adalides moros. Iñigo Arista fue el primer rey de Navarra, título usado de varias formas hasta que Sancho el Sabio lo adopta definitivamente en la segunda mitad del siglo XII.

Navarra es grande en el siglo anterior, por su situación privilegiada y comunicativa. Su cumbre es Sancho IV Garcés, el Mayor, que recuperó los territorios ganados por Almanzor; que dio a los castellanos por conde y primer rey a su segundo hijo, Fernando; su hijo natural, Ramiro, será el primer rey de Aragón. Todos los reinos de España reconocen a Sancho el Mayor como fuente. Diotó su voluntad a toda 1a

España cristiana. Fue emperador de la» nuevas Españas, rex ibericus, según el abad Oliba; rey de los reyes hispanos, según ;él obispo de Falencia. Alguna carta le llama Rey de las Españas. Pero se abre a Europa; trae a los monjes de Cluny y los instala en San Juan de la Peña, puerta do España a Europa; protege la ruta de Santiago.

El poder real de Navarra se dilapida en luchas fraternas. Navarra se une dinásticamente a Aragón, restaura su Corona con García Ramírez, revive su esplendor con Sancho el Fuerte, cuñado de Ricardo Corazón de León. En su ausencia por tierras de moros, donde enamoraba princesas, perdió cuarenta castillos y con ellos el dominio de Álava y Guipúzcoa. Fundó Viana, olvidó agravios Internos de las Españas y fue el gran campeón de todas en las Navas de Tolosa. Con su muerte se extingue la dinastía autóctona que rigió a Navarra en los primeros cinco siglos de Reconquista. Sancho el Fuerte es la personificación del espíritu religioso-militar del alto medievo. Un luto de Divina Comedia acompañará sus restos a Roncesvalles.

Le sucedió, con el rey poeta Teobaldo, la casa de Champagne, que Influye en la mejora agrícola del reino; y lleva a loa navarros a Tierra Santa. Pasa la corona navarra a la casa de Evreux, que liberado de su prisión francesa por caballeros de Navarra se hace el amo de París, donde por Injusta venganza se le llama Carlos el Malo. Su hijo, Carlos III el Noble, construye la maravilla gótica de Olite. Adviene la época turbulenta y nefasta del Principé de Viana y Juan II; se cierne sobre el viejo reino la guerra civil. Un padre intrigante lucha contra un hijo poeta, que muere misteriosamente, como luego su hermana doña Blanca.

Francia y Castilla se disputan la mano de doña Catalina, entregada a Juan de Albret, feudatario de Francia. Fernando el Católico, llamado por uno de los bandos que atizan las discordias del reino, los bea monteses, ocupa Navarra y jura los Fueros como depositario del reino. Hasta que en las Cortes de Burgos de 1515 Incorpora la corona de Navarra a la de Castilla. Al disgregarse el reino, las Navarras francesas se separaron; la Sexta Merindad, con cabeza de San Juan de Pie de Puerto, reclama su unidad con la nueva Navarra española; pero Carlos V no puede defenderla y pasará a la órbita de Francia en 1530, aunque no se Incorpora formalmente a Francia hasta 1589. Su máxima lumbrera, Juan Huarte de San Juan, es un escritor español. EL PROFUNDO SENTIDO DEL FUERO

MIRADOR LITERARIOS

Las Cortes navarras, aun antes de la incorporación, solían aludir a los altos Intereses de la Spanidad. Un virrey asegura, en nombre de la Corona de España, la pervivencia de los fueros y libertades navarros. Los navarros intervienen en la colonización de América, se alinean con el primer Borbón, Invaden el terreno de las finanzas y las sociedades mercantiles y oponen veinticinco mil hombres & la Revolución Francesa. La Diputación d» Navarra se negó a reconocer a José, el rey intruso. –

Navarra fue carlista, desde la guerra de los Siete Años; en la guerra civil de 1936 se alzaron en armas setenta mu voluntarlos navarros «en un postrer esfuerzo por defender los valores perennes de la Hispanidad».

El Fuero de Navarra no es privilegio, sino prerrogativa; no es gracia ni merced, sino derecho consuetudinario v positivo; no es beneficio o favor, sino libertad. Su origen es remoto. Pudo germinar en las montañas de Sobrarte y de Ainsa, por consejo escrito del Papa. Este Fuero, el Fuero de Sobrarbe.

después Fuero General, es el que los monarcas, desde el primero hasta el último, desde los nebulosos Arista hasta la caída del antiguo régimen con el reinado de Isabel II, tuvieron que jurar antes de coronarse y para ser coronados reyes de Navarra. Es un fuero distinto de los que tenían mero carácter regional a municipal para premiar servicios o fundar muevas poblaciones y >me han ido desapareciendo.

En 1841 Navarra —que había perdido ana guerra a nombre de don Carlos— «pacto la renuncia a su condición de reino, pero aseguró una amplia autonomía administrativa, conservando su peculiaridad en materia civil». «El pacto-ley de 1841 es el ordenamiento constitucional de Navarra, Inniodificable si no es por acuerdo de ambas partes».

En el pacto-ley de 1841 se recreó no nuevo órgano de representación y de gestión: la Diputación Foral, que entiende en todo lo concerniente al régimen económico-administrativo de Navarra.

Durante el siglo XIX numerosos viajeros de Europa quedan prendados de Navarra. Navarra está presente en todas las manifestaciones de la música, cultivada profesíonalmente por dos de sus reyes. Hay una tradición y un sentido musical en Navarra, simbolizada en el orfeón pamplonés. Gaztambíde, Arrlíta, Eslava, Gorríti, Sarasate y Gayarre son figuras estelares de la música navarra, en nuestro tiempo.

La arqueología tiene en Navarra vestiglos abundantísimos, desde la Prehistoria a la época romana. La variedad del arte románico es asombrosa. Los ritmos y canciones heredados de los mayores constituyen un repertorio variadísimo.

La brujería navarra tuvo en la Montaña eJ asiento de sus leyendas; no así en la Ribera, los horizontes claros del padre Ebro. Muchas leyendas se concentran alrededor de Roncesvalles. Otras datan de´la Reconquista, o corresponden al ciclo jacobeo. Otras leyendas ennoblecen raíces locales, como en el señorío de Sarria —leyenda moderna de transformación ilusionada— o la de San Virilla en el monasterio de Leyre. Estella y Montejurra, Tafalla y Viana, Olite y su castillo. Marcilla y doña Ana de Velasco, Tudela y Sancho el Fuerte, los Valles, son jalones en la tradición viva de Navarra y en el libro de Jaime del Burgo, que naturalmente se remansan en el milagro y el misterio de Pamplona,

NAVARRA ES COMUNICACIÓN

No plantea este libro polémicas acerbas, ni controversias eruditas. No niega nada, no ataca a nadie. Es un trasunto y una evocación, enteramente positiva, de la personalidad histórica y real de Navarra, el Viejo Reino, el cauce vivo de geografía y de Historia Que unió siempre más que enfrentó a tantos contrarios. Gozne europeo de las Españas. Navarra es hoy centro de conflictos que jamás se habían presentado así; porque hay guien busca a Navarra como plataforma de incomunicación, que es algo que jamás fue Navarra. Hay guien pretende conquistar a Navarra, imponer por la fuerza e incluso por el terror una tes a Navarra que no es ley navarra; hay quien intenta ciegamente invertir en Navarra todas las corrientes de la Historia. Porque Navarra ha sido siempre productora de Historia, expansión de Historia, Navarra, que Jamás fue rincón,-sino camino, entró en la historia de. Occidente á través de una profunda "romanización, de la ´que se liaría seo profundo, cultural, una admíratele recepción medieval del Derecho romano, que entró luego, gracias a la presencia Jacobea de Europa, en asombroso proceso de síntesis con las influencias orientales y árabes que penetraron en Europa a. través de caminos navarros. Incorporada a la aventura histórica común de las Españas desde Sancho ei Mayor, fuente.de las Españas; desde Sancho el Fuerte, paladín de la Reconquista definitiva; desde la participación en América, desde la misión de Javier en Oriente, Navarra puede ser todo menos regresión; todo menos instrumento de Incomunicación. Estamos asistiendo hoy a una sorda pugna en que no se juega solamente el destino de Navarra, sino la misma posibilidad futura de algo que llamamos España

Durante casi un siglo los navarros de ultrapuertos, la Sexta Merindad, clamaron por ser españoles a través de su vinculación al Reino de Navarra, incluso después de que Navarra se hubiera incorporado a la Corona de España en unas Cortes de Castilla. La unión fue de Reino a Reino, de Corona a. Corona; y las cadenas, de Don Sancho el Fuerte figuran desde entonces como un cuartel esencial del escudo de España. Ahora es todo el" sentimiento histórico, todo el poso Histórico de Navarra, expresado con naturalidad en las últimas elecciones generales, quien reasume a través de los siglos el clamor de la Sexta Merindad. Carlos V no supo defenderla de las apetencias extranjeras. Es ahora tarea común de las Españas hacer suya la voluntad de Navarra, que quiere seguir siéndolo, y que al reafirmar su personalidad manifiesta simplemente su propia Idea de España.

Un reparo cabría hacer a este libro, aunque no sea un libro de investigación, sino de presentación: deja en la- penumbra las relaciones de nacimiento, intercambio y comunicación con los pueblos próximos, las otras Españas. La maravillosa evocación que hace Jaime del Burgo sobre la España perdida dé ultrapuertos nos obliga a echar de menos otra evocación sobre los orígenes profundos de Navarra en relación con los pueblos que desde ella poblaron la depresión vasca y luego saltaron a Castilla para vertebrar la creación de España. Nadie como el autor de este libro conoce en profundidad las relaciones genéticas, políticas y culturales de Navarra y las provincias vascas; eu historia común y encontrada, sus comunidades y sus diferencias. La definitiva personalidad de Navarra quedaría de esta, forma mucho mejor fijada; y mejor descartados los delirios de quienes pretenden hacer tabla rasa de ta! historia para convertir a Navarra punto menos que en hinterland de ciegos y aberrantes separatismos. Imposibles objetivamente, ridículos históricamente.—Ricardo de la.CIERVA.

 

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