Autor: Martínez Bande, José Manuel. 
   Navarra, en la encrucijada     
 
 ABC.     Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

NAVARRA, EN LA ENCRUCIJADA

FUNDADO EM 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA

ABC >H independiente en su fine» de pensamiento y no acepta necesariamente como suyas las ideas vertidas ea los articulos firmados

EL padre del nacionalismo vasco. Sabino de Arana y Goiri, ideó su mapa político con las tres provincias vascongadas, la Navarra española, la Baja Navarra francesa y los territorios, también franceses, de Laburdi y Zuberoa.Que yo sepa nunca pensó ampliarlo con tierras de Santander. Burgos, Logroño, Soria, Zaragoza y Huesca; probablemente tal idea la hubiese considerado herética. Y, sin embargo, la herejía se produjo.

La primera noticia de ella la tuve a través de un telegrama de guerra. Me pareció un precioso -descubrimiento de archivo, raro de encontrar, pero luego el telegrama ha pasado ai dominio público, y hoy cualquiera puede leerlo. Figura en el informe presentado por el presidente vasco, José Antonio de Aguirre, al Gobierno de Negrín, luego de ia pérdida de Vizcaya. Había sido enviado a Aguirre, que se encontraba en Bilbao, por Manuel >íe Irujo, desde Valencia; llevaba fecha de 28 de febrero de 1937, y decía así: ´Demarcación territorial Euzkadi señalada en la nota pasada al ministro entre Oña, Puentelarrá, Trespaderne, Parcorbo, Moncayo y el rio Gallego, dividiéndose el Norte (de ta Península) en tres núcleos históricos reconquista. Asturias, Euzkadi, Cataluña.»

El detalle de los posibles límites territoriales resulta aquí bástame confuso^ peto Francisco de Letamendia, «Ortzi», miembro destacado y bien conocido del Herri Batasuna. se ha encargado, en un libro suyo, de arrojar luz sobre la cuestión. Según «Ortzi» al ser invadida Francia por los alemanes en 1940, Irujo, con otras distinguidas personalidades de su partido, huyó a Londres y allí se constituyó un Consejo Nacional Vasco, que en enero de 1941 redactaba un proyecto de Constitución para la República Vasca Soberana, es decir, independiente. El art. 5.° de esa Constitución rezaba así: *EI territorio vasco es el integrante del histórico reino de Navarra, dividido en las regiones de Navarra, Vizcaya, Guipúzcoa, Álava, Rioja, Moncayo, Alto Ebro, Montaña y Alto Aragón. Sus limites son, ai norte ios Pirineos y e) golfo de Vizcaya; al este, el rio Gallego; al sur, el Ebro hasta Gallur y ta divisoria de aguas entre Jas cuencas del Ebro y el Duero a partir de/ Moncayo &n toda ja extensión de ambas vertientes, y aí oeste, el cabo Ajo (Peña Cantábrica).´

¿Delirios demenciales? Sólo hasta cierto punto. En esta gran ambición hay un fondo realista: la necesidad de encontrar un área de expansión, algo asi como un «espacio vital» para las pequeñas provincias vizcaína y guipuzcoana. Y en el empeño, bastante pragmático, Navarra representa en, un primer momento el eslabon decisivo, ía clave de un arco sin el cual el arco no se cierra. Pues hasta que no se tenga Navarra no se podrán alcanzar las riberas del Gallego y, hacia el sur, la Rioja, primer objetivo de la operación.

Primero sólo, porque luego, después, vendrá todo «el histórico Reino de Navarra...» Ahora bien, ¿cuál fue, en rigor, ese reino?

En el continuo vaivén de crecer y menguar, de unirse y desunirse, de luchar entre sí o pactar, como era norma común en tiempos de la Reconquista, el reino de Navarra alcanza su máxima expansión en el siglo XI. con Sancho III Sánchez Albornoz, refiriéndose a esta cuestión, na escrito: «Só/o a fines da/ siglo X Navarra se anexionó una parte de Álava y sólo en 1029, tras la crisis de la dinastía condal castellana. Sancho llt el Mayor incorpora a su reino la nueva Vasconia —la Euzkadi de hoy— y la Castilla de antaño, que asi siguieron juntos su declinación hacia Pamplona. Castilla se separó de Navarra en 1035 y fue despaciosamente recuperando sus fronteras primitivas. En 1076, a la muerte de Sancho et de Peñaién, Vizcaya volvió al redil castellano. Con la primitiva Castilla fue unida otra vez a Navarra por Alfonso I el Batallador (1109), pero desde ta muerte de este rey (1134) formó stempre parte de la Corona de Castilla. A fines del XII se Incorporaron también a Castilla, Alava y Guipúzcoa, la última voluntariamente. Y desde entonces, el País Vasco, del cual sólo dos porciones habían vivido menos de dos siglos unidas a Navarra, vivió hasta hoy la historia de Castilla.»

La pretendida base territorial del histórico reino de Navarra es un endeble cimiento histórico del gran sueño, por no decir falso cimiento. Pero las ambiciones, una vez desatadas, son difícilmente controlables. He aquí ahora el libro titulado

«Estudio dialéctico de una nacionalidad: Vasconía». Su autor, Fernando Sarrailh de Ihartza. lanza una primera edicion,ponaerense, en 1962; agotada, se reedita el libro en 1973... ayer como quien dice.

Si en 1937 y 1941 no se hacía referencia alguna a la que se llama «Euzkadi Norte», esto es, el país vasco-francés, prénsese que en la primera fecha Francia era país amigo y suministrador del esfuerzo de guerra y en la segunda, territorio ocupado por el enemigo común. Ahora ya ninguna cortesía obliga a callar.

Por ello Sarrailh de Ihartza reivindica nada menos que los territorios franceses siguientes: Gironde, Landes, Gers, Garonne, Ariégue, parte de Tam-et-Garonne y parte de Lot-et-Garonne, aparte, claro está, de Jos Altos y Bajos Pirineos.

¿Y en España? La «Euzkadi del Sur» pretende extenderse por toda ia provincia de Huesca, cogiendo la punta noroeste de la de Lérida: la parte de la provincia zaragozana, situada al norte del Ebro; la de Soria hasta las proximidades de ta capital, y la Rioja de punta a punta; la mitad aproximada de la de Burgos, llegando hasta muy cerca de la «cabeza de Castilla» y absorbiendo ´los partidos de Belorado, Bríviesca, Sedaño y Villarcayo; y de Ja de Santander, el nacimiento del Ebro, Reinosa y parte de la cuenca del Besaya hasta su desembocadura junto a la capital de Ja Montaña.

Esta desatada ambición, hija de unos espíritus teóricamente moderados, puede estar un día en manos de otras gentes que se aprovecharán de la siembra hecha y de la idea lanzada. Y estas gentes no pararán en la autenticidad de escarceos históricos o mapas ficticios. Pues todo extremismo es expansivo, y toda ´revolución, insaciable de conquistas.

Los navarros deben saberlo y lo saben. Los demás españoles deben saberlo y quizá lo ignoran. Alerta, pues, recios maños de los valles Pirenaicos, de las Cinco Villas, de Los Monegros; leridanos de Aran; rio¡anos, aquellos de Gonzalo de Berceo y la primer habla española; sorianos de «la Soria fría, Soria pura, cabeza de Extremadura»; burgalesas de Vivar del Cid, de Santa Gadea, de la Bureba, de la Lora, y quienes viven en la verde y jugosa Montaña, en los valles de Besaya, del Pas o del Asón, en las cumbres o frente al bravo Cantábrico.

¿Quimeras todas? La historia está llena de quimeras que, o se convierten en realidades, o son, al menos, gravísimamente peligrosas. Sí: debemos conocerlas todos; todos los españoles.

José Manuel MARTÍNEZ BANDE

 

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