Autor: Gutiérrez, José Luis. 
   Franceses     
 
 Diario 16.    11/06/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

GRITOS Y SUSURROS

José Luis Gutiérrez

Franceses

QUIEN ha hablado de problemas en España? Queridos lectores, aquí, cuando las metralletas de ETA guardan silencio, todo va sobre ruedas y el país es una balsa de aceite. Véase sino la situación del última mes, sólo rota la tranquilidad por el asesinato de un cabo de la Policía Nacional. El problema económico y el autonómico se encarrilarán en pocos años, y sino ahí´ están, como ejemplos magníficos de diálogo y responsabilidad, el pacto a tres bandas sobre el paro o la concertación autonómica. Por tanto, ¿cuál es el principal peligro que corre el sistema democrático? Las tensiones nacionales, las grandes crispaciones, los atascos, los minutos de silencio, las coartadas golpistas y ultras de toda laya, sólo tienen un origen, una espoleta: el terror. Y contra él es contra el que hay que cerrar filas unitaria y solidariamente. Lo demás, todo es accesorio.

HOMBRE, una solución para el problema terrorista podría ser que el país se lanzara a una multitudinaria invocación, a un novenario nacional a la Virgen de los Mapas, que, aunque no existe, Tarancón podría hacer algo al respecto. A ver si me explico.

Porque acudir a la cartografía del milagro es uno de los pocos recursos que nos quedan por emplear con Francia. Se trataría, sencillamente, de pedir al cielo que España limite al norte, por ejemplo, con El Camerún y Francia, por su parte, se traslade al atolón de Bikini, en el soleado Pacífico. Sería una solución ¿no?

Yo no tengo nada de francófobo, la verdad, creo que Francia es un gran país, pero cada vez estoy más convencido —sobre todo, tras oír al conocido escritor Robert Escarpit hablar en Radio Nacional en términos educadamente racistas sobre portugueses y españoles— de que los vecinos del norte nos consideran un país con treinta y seis millones de sirvientas, monosabios y camareros, violentos y analfabetos.

E! Gobierno francés ha replegado velas tras Sí enorme clamor que las estúpidas declaraciones de Pierre Mauroy levantaron. Ya se ha visto que todo ha sido una torpeza del primer ministro, aunque el Gobierno francés ha movido sus palancas y ha conseguido que la prensa francesa —digamos, de paso, que «Le Monde» llama «autonomistas» a los etarras— no publicara ni una sola línea de las polémicas palabras de Mauroy. Eso es un país serio, y un Gobierno serio, con uri presidente, Mitterrand, al que se le llena la boca de agua cuando dice eso de «La France», y que, primero, es francés y, en tercer lugar, socialista, como debe ser.

Ayer, en Junta de Portavoces del Congreso, se temía que alguien sacara el tema a relucir —cosa que no ocurrió— por. lo que el Gobierno tenía preparadas sus cartas. Se ha pretendido evitar un debate en el Parlamento provocado por la difusa declaración de Mauroy, que hubiera producido una impresión bastante katangueña. No hizo falta, porque el único de quien se temía una intervención patriótica, Manuel Fraga, guardó elocuente y diplomático silencio. Así, el Gobierno ha logrado estar prudentemente -duro, pero sin pasarse, manteniendo silenciosas las baterías de mayor calibre.

 

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