Escándalo en el Parlamento Foral     
 
 ABC.    19/05/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 2. 

Escándalo en el Parlamento Foral

El Parlamento Foral de Navarra se ha convertido en una institución ingobernable. El «pretexto del Burgo» fue ayer, de nuevo, el argumento incivil de los «abertzales» minoritarios presentes en una de las más viejas entidades del Antiguo Reino, para paralizar, otra vez. mas, el funcionamiento de una Cámara que es representación popular, válida e impecablemente democrática del pueblo navarro. La presencia del parlamentario Jaime Ignacio del Burgo, antiguo presidente de la Diputación Foral, se ha convertido así en la gran excusa que los miembros -úe los partidos y coaliciones panvasquistas esgrimen, con la ayuda del PNV, para impedir que el Parlamento funcione exactamente para lo que fue constituido: para dinamizar y ordenar la vida foral, política y social de Navarra.

La anterior postura, impecable ahora, de los socialistas y más concretamente de su ejemplar presidente, Víctor Manuel Arbeloa, es culpable, sin embargo, de que estos escándalos de los últimos meses estén esclerotizando la Cámara regional. Su apoyo, hace un año, a la solicitud de expulsión de Del Burgo de su legítimo escaño democrático fue entonces suficiente para lograr la rara e inexplicable unanimidad de las fuerzas de izquierda. El «asunto FAS A», todavía no dilucidado por la Administración de Justicia, estalló y en la explosión quedó destrozada no sólo la imagen política del entonces presidente de la Diputación —máximo órgano ejecutivo navarro—, sino la de algunos representantes del pueblo que, sin esperar al dictamen de los jueces, se apresuraron a urgir la expulsión de Del Burgo, un personaje controvertido, polémico y decididamente personalista en el ejercicio de los cargos que ha ostentado, que tiene razón en no admitir la arbitraria decisión de desahucio político con que le quieren chantajear sus adversarios. En ningún caso la discutida trayectoria política del ex presidente foral es razón válida para impedir la vida funcional de un Parlamento que, más que nunca, precisa cumplir con las reglas para las que fue, provisionalmente, constituido y con las ya incluidas en el proyecto de amejora-miento a punto de concluirse. Estos no son tiempos de escándalos, salvo, claro está, para los representantes «abertzales» que no creen, en absoluto, en un órgano qué es exclusivamente navarro. Sin apellidos vascos.

 

< Volver