Un plan contra Navarra     
 
 ABC.    26/08/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Un plan contra Navarra

La última y sangrienta actualidad navarra mueve de nuevo a una reflexión urgente sobre los problemas que tiene planteados el antiguo Reino. Navarra, más que nunca, se encuentra hoy acosada, amenazada en su misma identidad. No se trata de un combate dialéctico entre los partidarios —una minoría— y los renuentes a la intengración en la comunidad autónoma vasca. No; como ha demostrado el vil atentado contra el director del principal órgano de información de la provincia, existe todo un plan de lucha, reconocido incluso cruelmente por los asesinos de ETA para, por la fuerza, forzar un referéndum que es, ahora mismo, inoportuno y, sobre todo, anticonstitucional Los favorecedores de tal consulta, entre los que se encuentra un PNV que cuenta en Navarra con apenas el 8 por 100 de los votos, se saltan & la torera la propia letra de nuestra Constitución, que sólo prevé la posibilidad de un referéndum cuando la íniciativa del órgano foral competente (el Parlamento navarro), haya decidido, en primera instancia, su voluntad de integración. Sucede, sin embargo, que e1! Parlamento ha rechazado, hace tan sólo unos meses, una propuesta de Herri Batasuna en este sentido. Y la ha rechazado con los votos en contra de los partidos mayoritarios: UCD, PSOE y UPN. ¿Por qué, pues, insistir en este tema? Sencillamente, porque las formaciones abertzales, presentes en el Legislativo navarro, gracias a la desafortunada política cumplí mentada por el partido gubernamental, saben que mientras subsista la actual correlación de fuerza en el Parlamento no existe posibilidad alguna de que prospere una iniciativa integracionista. Quieren los panvasquistas marginar la iniciativa parlamentaria y forzar un referéndum que la mayoría del pueblo navarro no desea por anticonstitucional, inoportuno y peligroso

La consulta no debe realzarse en una provincia sometida a la violencia incivil y trágica de los asesinos etarras. Asesinos que ya han expresado públicamente su intención de violentar el referéndum con una campaña armada que puede «ulsterizar» una de las regiones más ricas y mejor dotadas naturalmente de España. ¿Cómo, pues, se puede caer en la trampa de propiciar este referéndum? ¿Cómo se puede apoyar una consulta promovida con metralletas? Algunos órganos de información —´ios mismos que se niegan sistemáticamente ¿ tomar una decisión definitiva sobre el silencio con que se debe aislar a las organizaciones terroristas— han defendido recientemente la oportunidad de tai referéndum. Es ésta una postura desacertada que se debe combatir de plano. Porque aún en la hipótesis de que tal consulta fuera la panacea para resolver el contencioso de la integración, no sería éste el momento más oportuno para llevarla a cabo. ¿Se han preguntado los partidarios de buena fe —a los otros no cabe más que aplicarles la ley estricta— en qué condiciones de violencia se realizaría la campaña previa al referéndum? Porque si ETA está dispuesta a acentuar la lucha armada —eufemismo éste que encubre el concepto rotundo de asesinato vil— para lograr la convocatoria, ¿qué no haría para amedrentar a! pueblo y conseguir su voto o su abstención?

No debe el Gobierno, ni la oposición socialista, que precisamente en estos días se plantea democráticamente en Navarra el tema de la pertinencia o no a la comunidad vasca, caer en la trampa tendida por los terroristas, por sus partidarios y encubridores, y por los nacionalistas moderados mínimamente representados en el antiguo Reino, que piensan que el problema de identidad de un pueblo puede solventarse en las urnas.

Navarra tiene hoy otras vías, y entre ellas, la más importante, es la del amejoramiento. Navarra tiene sus propias instituciones forales y autónomas, que es preciso potenciar aún más. Existe, en principio, un acuerdo entre los tres principales partidos para caminar por esta vía, para hacer de Navarra una provincia independiente que asuma su contenido vascongado —que lo tiene importante— y que asiente y desarrolle su propia personalidad histórica. No se pueden cometer más errores. El Gobierno y el partido que le apoya deben cuanto antes

hacer declaración de fe expresa y talante en la personalidad de una tierra y de unos hombres que pretenden vivir en solidaridad fraterna con eí resto de España. No basta ya con medias palabras entreverada®, n>¡ con manifestaciones de ambigüedad que favorezcan el mesianismo colonizador de algunos nacionalistas. Ante la campaña que ya ha empezado, los navarros precisan ayuda y cobertura moral y política.

 

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