Autor: Arbeloa, Víctor Manuel. 
   La solución, más cerca que nunca     
 
 Diario 16.    26/11/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 19. 

VÍCTOR MANUEL ARBELOA

Presidente de! Parlamento Foral de Navarra. Senador socialista

La solución, más cerca que nunca

«Por la vía del convencimiento, Benegas ha llegado a la firme conclusión de que los socialistas navarros tenemos razón. Lo que tantas veces han dicho nuestro secretario general y algunos miembros de la ejecutiva navarra, lo dice ahora, en voz alta, el secretario general del PSE-PSOE.»

Impecablemente dicho: Dos comunidades políticas, la comunidad autónoma vasca y la comunidad foral navarra, y un organismo común «que vigile la aplicación de los acuerdos comunes». Si, en vez de llamar a ese organismo común Dieta —palabra germánica, confusa y desplazada de nuestro caso— lo llamáramos Consejo Vasco-Navarro, el acuerdo sería completo.

Grave, gravísimo es que altísimas figuras del Estado no sepan qué dice la Constitución sobre Navarra, como me consta, y que, al mismo tiempo, picoteen, cacareen, sentencien y pontifiquen, definan y decidan sobre Navarra, en ausencia de navarros elegidos por el pueblo navarro, sin enterarse, ni siquiera por los hombres de su partido, de cómo por aquí se piensa, se habla, se discute, se vive y se muere.

A propósito, yo no sé de qué manga de mar se ha sacado Iñaki Cabasés, ese fino delfín del peneuvismo navarro, que estoy en contradicción con unas declaraciones de Felipe González en las que hablaba de la necesaria distensión «entre las dos comunidades: vasca y navarra». Pero ¿qué otra cosa vengo y venimos diciendo desde siempre?

El referéndum, desechado

Ahora bien, si le extraña que al presidente del Parlamento Foral le duelan estas graves y repetidas ausencias de Navarra —¡ caso único en el tratamiento de los problemas del Estado!—, vuelvo a dolerme de que a él no le duelan.

Pero mucho más grave que todo lo anterior, con serlo tanto, sería que aquí no nos conociéramos/ no nos entendiéramos, no trabajáramos a la vez, cada uno en su tajo, por poner Navarra en pie. Esto no ocurre, gracias al Parlamento Foral, que está siendo el más difícil del mundo, pero que tendríamos que inventarlo si no existiera.

Amézketa (Koldo jauna, que no don Luis), otro hombre joven, fuerte y ascendente del nacionalismo vasco, escribe a veces en su periódico ejercicios de redacción de cartas al dictado, como un buen discípulo de Miranda Podadera. Pero a veces nos da también gratas sorpresas. Coma cuando en el batzoki de Iruña nos decía recientemente que plantear un referéndum de integración de Navarra en Euskadi «en estos momentos» sería inválido.

Leer esto, a los pocos días de oír a uno de sus líderes todo lo contrario, ya es una buena cosa, por circunstancial que sea, y a la vez, clara señal, dada la autoridad del señor Amézketa, de que su partido está recogiendo velas ante los malos vientos que corren.

Nosotros, como se sabe, admitimos el referéndum como última posibilidad, a la que la Constitución le abrió un cauce jurídico-político. Porque creemos en la configuración de Navarra como comunidad foral con todas las de la ley, no queremos ni necesitamos el referéndum, que, además, tendría que pasar antes por te voluntad del Parlamento Foral. Por eso sobre todo, y luego por todo lo demás. Porque miedo, lo que se dice miedo, al resultado no le tenemos ninguno.

Es de esperar que el Partido Comunista, tan lúcido en otros tiempos, venga pronto a mandamiento y

«No queremos ni necesitamos el referéndum. Porque miedo, lo que se dice miedo al resultado, no le tenemos ninguno.»

que los comunistas navarros se dejen oír más que los Lertxundis y Soles Turas. Cabe esperar también que los políticos de Euskadiko Ezkerra repasen alguna vez su Estatuto de Guernica, incluso el artículo 47.2, que cita y sigue a la Constitución española, porque pensar en que puedan leer y citar esta Constitución es pensar en lo excusado.

Una vía con rodeos

Queda la segunda vía de la no incorporación de Navarra a la comunidad autónoma vasca. Pero, como esta vía es sólo negativa —dice sólo no— los socialistas navarros, tras hacerla nuestra, la superamos con esa tercera, a la que se refería Benegas, y que ha quedado plasmada inicialmente en la base séptima del proyecto de bases sobre reintegración foral, aprobado por el Pleno de nuestro Parlamento.

Lo que entiende el Partido Nacionalista por «tercera vía» es la primera vía con un poco de rodeo, un tantico disimulada. El actual lehendakari habló de «fórmula confederativa»; de «sentimiento de pertenencia a la comunidad vasca, a ese pueblo, que podría haberse llamado Navarra, Vasconia, Euskalherría o Euskadi»; de «ámbito político común», «organización política común», etcétera. Esto ya lo decía Arana Goiri, y para ese largo viaje de vuelta no necesitábamos alforjas retóricas.

Poner Navarra en pie

El futuro está en la distensión y en la negociación entre los partidos democráticos de Navarra y de la comunidad autónoma vasca. Y no se confunda ni intente confundirnos nadie: uno es tan vasco, tan español, tan demócrata y tan socialista como para desear a la querida y ensangrentada comunidad autónoma vasca y a los brillantes y meritorios hombres que la dirigen las mejores´ de las venturas.

En un deslavazado y baldío artículo. publicado en un diario madrileño, el diputado a Cortes por Guipúzcoa señor Bandrés, aparte de airear con más ira que nunca los estribillos habituales, llega a una especie de rabiosa conclusión: o integración de Navarra en Euskadi o creación de la «comunidad autónoma» navarra, para repetir su desafortunada expresión.

Está visto que tampoco Bandrés, hombre tan ilustrado, ha leído los acuerdos del Parlamento Foral, cuando todavía parece no estar seguro de los hechos* Apenar además, tanta simplonería. El futuro de Navarra no ha de construirse sobre la arena polémica de tales dilemas. El reto de nuestro futuro no es un reto pugilístico, sino democrático.

Estamos poniendo Navarra en pie. Ni el terrorismo, ni la crisis económica y social, ni los desaciertos del Gobierno, ni nuestros propios errores y deficiencias son bastante para apartarnos de esta tarea fundamental nuestra, casi un destino. Si algunos, por una causa u otra, no podemos terminarla, otros lo harán.

FORGES, LA TRANSICIÓN

 

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