Autor: Arbeloa, Víctor Manuel. 
   Con Navarra no se trafica     
 
 Diario 16.    03/12/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

VÍCTOR MANUEL ARBELOA

Senador del PSOE por Navarra

Con Navarra no se trafica

Este artículo es una afirmación tajante y decidida de la personalidad autonómica de Navarra. Por la historia y por la voluntad, expresada repetidamente, de sus habitantes, el viejo Reino de Navarra ha alcanzado su actual ley orgánica de Reintegración y Amejoramiento del Régimen Foral. Con ello queda saldado todo posible cuestionamiento de su propia personalidad política.

Los que nos hemos visto regalados, pero sobre todo fortalecidos y animados, por el voto masivo, decidido y contundente de los navarros en las últimas elecciones generales no podemos dejar de decir, para que lo oiga todo el mundo, que los socialistas navarros defenderemos hasta el final la personalidad política de Navarra, forjada durante muchos siglos, renovada y entrañablemente hecha nuestra por la inmensa mayoría de los que vivimos en 1982.

A raíz de las últimas elecciones, personas, grupos, partidos o coaliciones han vuelto otra vez a la carga, planteando o exigiendo no sé qué condiciones para no sé qué objetivos, cercanos o lejanos. Una de esas condiciones ronda siempre el futuro de nuestra comunidad foral.

Se pide la cabeza

Bailarinas políticas, de una u otra corte, piden en bandeja, después de cíclicas y monótonas danzas, la cabeza de Navarra, que debe de antojárseles harto enojosa.

Nuestro secretario general del Partido Socialista de Navarra-PSOE, Gabriel Urralburu, ya fue explícito y firme el mismo día 29 de octubre, cuando nos desbordaba aún la victoria democrática conseguida en las urnas, después de tres años y medio de noble brega.

Conviene repetir y repartir la afirmación, no sea que tantos sordos o débiles de oído se aprendan fácilmente ciertos cómodos estribillos, bien aireados por todas partes, y no oigan la voz, ronca de tan repetida, de la voluntad general del pueblo navarro.

Con Navarra no se trafica. Navarra es ya una comunidad foral dentro de la España democrática, codo a codo con las fraternas comunidades autónomas. La ley orgánica de Reintegración y Amejoramiento del Régimen Foral de Navarra tiene fecha de 16 de agosto de 1982.

Navarra no es, pues, una provincia más, ni una comarca de no sé qué otra división territorial deseada o soñada. Ni una joya preciosa en venta. Ni un bien mostrenco expuesto a pública subasta.

Los socialistas navarros somos tan normalmente celosos de nuestro Gobierno y de nuestro Parlamento así como de todas las demás instituciones forales, de todas nuestras competencias, facultades, derechos y deberes, como puedan serlos los socialistas de cualquier otro pueblo de España y del mundo.

Si hay minorías, siempre respetables, que no están de acuerdo con la solución institucional-constitucional que nos hemos dado, eso mismo sucede en cualquier otro lugar, en Euskadi, Galicia, Cataluña o la Rioja. Y a nadie que esté en sus cabales se le ocurre alguna negociación y, mucho menos, cambalache alguno —y algo sabemos de ello— en torno al Estatuto de Euskadi, Galicia, Cataluña o la Rioja.

El Parlamento de Navarra está tan lejos como el Parlamento de cualquiera de esas comunidades de poner en cuestión lo que acaba de poner en pie, tras muchos meses de reflexión y debate, con el apoyo masivo, cada día más claro, de nuestro pueblo.

Orgullo democrático

Porque hemos nacido y/o vivimos en Navarra y estamos al servicio del pueblo navarro, y porque, además, somos internacionalistas, europeos y españoles, no tenemos el menor pudor, sino el cotidiano orgullo democrático, de ser y de llamarnos navarros, con todas las consecuencias. Entre las que está, obviamente, la de que Navarra —el reino hispánico más antiguo y con voluntad de autogobierno nunca interrumpida— goce de un status similar al de otros pueblos de España con mucha menor conciencia y peso autonómicos.

¡Qué menos! ¿Cómo puede alguien, y más si es navarro, imaginar siquiera una Navarra democrática, hoy y mañana, sin un Gobierno y un Parlamento propios?

Con Navarra no se trafica.

No se trafica con la personalidad política de un pueblo, forjada durante muchos siglos, renovada y entrañablemente hecha nuestra por la inmensa mayoría de los que vivimos en 1982.

 

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