Autor: Arbeloa, Víctor Manuel. 
   El futuro de Navarra     
 
 Diario 16.    26/04/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 23. 

VÍCTOR MANUEL ARBELOA

Presidente del Pirlamento Foral de Navarra

El futuro de Navarra

Las tradicionales pretensiones del nacionalismo vasco de introducir Navarra en su territorio autonómico parecen haber entrado en vía muerta. La máxima autoridad de la comunidad autónoma del viejo reino plantea aquí los principios que avalan su esperanza en un futuro sin fricciones ni divisiones.

No hay un sólo día en que no me pregunten por el «futuro de Navarra». Comienzo a estar un poco harto. Periodistas, políticos, hombres de cultura, amigos, gentes de todo tipo. Aquí y allí. En Bilbao, en San Juan de Luz, en Zaragoza o en Valladolid.

Suelo contestarles que, aunque el futuro de las personas, instituciones y países no está afortunadamente, escrito/fijado en ninguna parte, el futuro de Navarra está tan seguro como el que más:

— Como el suyo, por ejemplo.

—Como el de Barcelona, Extremadura o Schleswig-Holstein, pongo por caso.

— ¿Y por qué no se pregunta por el futuro de su apellido, de su calle o de su pueblo?

¿Por qué no había de estarlo? Tenemos una larga historia política de pueblo/nacionalidad que nos llega hasta hoy, nos sostiene, reúne y empuja. Tenemos, tras cuatro años de apasionante creación, una configuración jurídico-política entroncada entrañablemente con la España autonómica y democrática. Y cada año que pasa los navarros se encariñan más con esta" nueva Comunidad Foral, que no está sola sino muy dentro de la nueva nación española, y dentro de una Europa que, aunque lentamente, se rehace rehaciéndonos.

Crear desasosiego

¿Qué existe una respetable minoría que no está de acuerdo con todo esto? Lo mismo sucede —y mucho más— en la comunidad autónoma del País Vasco y en otras comunidades, y nadie se pregunta a diario, ni angustiada ni angustiosamente, por su futuro.

Víctor Manuel Arbeola: Navarra no tiene un futuro distinto al del resto de España.

Lo que pasa es que, día tras día, unos y otros vuelven sobre el viejo estribillo. Incluso algunos, muy respetables ellos, suelen aprovechar el espantajo en tiempos de elecciones para ahuyentar algunos votos del vecino y atraparlos para sí. Craso y doble error. Y la murga continúa: que hay que hacer pronto un referéndum matizado... Que si el PSOE diera luz verde al referéndum... Que los navarros decidan... Que cuando los navarros decidan...

Pero, hombre, si los navarros lo hemos decidido ya. Lo hemos hecho tan pública, solemne, reflexiva y contundentemente, o más, como cualquier otra comunidad.

Y, en cuanto al referéndum, parece mentira que hayan sido esos mismos declamadores los que, junto con otros, escribieran esto en la Constitución:

«Disposición transitoria cuarta. 1. En el caso de Navarra y a efectos de su incorporación al Consejo General Vasco o al régimen autonómico vasco que lo sustituya, en lugar de lo que establece el artículo 143 de la Constitución, la iniciativa corresponde al Órgano Foral competente (el Parlamento de Navarra), el cual adoptará su decisión por mayoría de los miembros que te componen. Para la validez de dicha iniciativa será preciso, además, que la decisión del Órgano Foral competente >el Parlamento de Navarra) sea ratificada por referéndum expresamente convocado al efecto, y aprobado por mayoría de los votos válidos emitidos . 2. Si la iniciativa no prosperase, solamente se podrá reproducir la misma en distinto periodo del mandato del Órgano Foral competente (el Parlamento de Navarra), y en todo caso, cuando haya transcurrido el plazo mínimo que establece el artículo 143.»

La Constitución

El Consejo General Vasco ya pasó, pasó la primera legislatura del Parlamento de Navarra, y éste no tomó tamaña iniciativa —hasta rechazó una similar que presentó el señor Casajús—, ni la tomará, a juzgar por la manifiesta voluntad de los navarros y de los grupos parlamentarios que los representan. Y la célebre disposición transitoria cuarta pasará —que eso significa transitoria— sin pena ni gloria cuando llegue la hora de la reforma de la Constitución. Habrá que cambiarla tal vez por una disposición general que contemple el caso, siempre probable, de cualquier cambio en el mapa autonómico. Porque, ¿si Cantabria, v.g., quiere un día incorporarse a CastiIla-León? Y ésta a Castilla-La Mancha? ¿O ésta a la Comunidad Autónoma de Madrid?

Lo que algunos buscan, eso s(, inasequibles al desaliento, es crear el desasoíego entre los navarros, producir la falsa impresión de que Navarra —¿a la que suelen llamar provinciales una pieza sin encajar, un caso abierto, una cuestión no resuelta, un astro errante, como me gusta repetir, en el cíelo de las autonomías de España (ellos dicen del Estado). De ahí que hablen de «contencioso», «problema», «futuro» y así.

Nosotros sabemos que vivimos el presente y que el futuro no es un interrogante amenazador sino un reto lógico y normal, que afrontamos con realismo, imaginación y buenas maneras.

La violencia

No vamos a detenernos ni a arredrarnos. Seguimos adelante, respetuosos con todos, pero más firmes y decididos que nunca. Estos cuatro años de Parlamento nos han hecho más lúcidos, más convencidos, más entusiastas. A nuestro esfuerzo y trabajo han respondido los navarros reiterándonos su confianza y animándonos a futuras tareas, que son muchas y merecen la pensa y hasta la vida.

Escribo cerca de la Pascua. Cuando el rayo de la violencia ni cede ni se doblega. Maldigo esta negra tradición, tan nuestra, del poder bruto, de la crueldad, de la venganza y de la muerte. Y afirmo que para acabar con ella no es nada extraordinario arriesgarse voluntariamente hasta la muerte, si uno ha entendido algo del sentido y de la belleza de la vida.

Siento de veras que un discurso repetitivo y falso, que una constante guerrilla dialéctica y más que dialéctica nos impida ese clima de buena vecindad y amistad eficaz, vía convenís y acuerdos de cooperación, y que dañe gravemente a ese ser entre delicado y convalenciente que es la lengua vasca, a la que yo dedico mi atención cada día, y que se nos va por la incultura e insensibilidad de unos y por la suicida manipulación política de otros.

Por otro lado, cada vez soy menos eléctoralista, si es que lo he sido alguna vez. Cada día que pasa creo más en el quehacer bien hecho, antes, en y después de las elecciones.

Navarra, la Comunidad Foral de Navarra —una mínima parte, por cierto, del ancho mundo— está por encima de cualquier interés particular, aunque sea el del partido mayoritario. Por encima de cualquier amarilla sospecha y de cualquier verdinegro reconcomio.

 

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