¿Partido del Gobierno?     
 
 Diario 16.    04/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

¿Partido del Gobierno?

Se comenta estos días la posibilidad de que el presidente Suárez promueva un partido para presentarse a

las elecciones. El reconocimiento del PSOE histórico, los guiños a García López y Cantarero, y la

constitución del Partido Social Independiente, que alguien ha llamado con acierto el SEU renovado,

estarán en la base de una operación del Gobierno para configurar un pseudo centro izquierda, o izquierda

amarilla, que permitiera completar por ese lado el esquema de Alianza Popular. Sería esa una jugada

tentadora del presidente Suárez, para contar con un grupo en las Cortes que le permitiera pactar su

continuidad al frente del Gobierno, utilizando, tal vez, la alternativa de irse con Alianza Popular en caso

de no tener apoyo en otros partidos. Pero lo malo de este bonito esquema es que puede arrastrar con él a

la Corona.

El Gobierno del presidente Suárez no es un Gobierno salido de las urnas. Es un Gobierno designado por

el Rey para la transición política y, por tanto, sólo puede presidir unas elecciones desde la más estricta

neutralidad. Si para perpetuarse empieza a inventarse izquierdas amarillas, envía a los muchachos que

tiene afincados en los Ministerios, subsecretarías, direcciones generales y prebendas del sindicalismo

vertical por la vía de la socialdemocracia brazo en alto, y se dispone a manipular las elecciones de modo

descarado desde los aparatos del Movimiento y la Organización Sindical, con la radio y la televisión de

los Ansones y con los consejos de alguna embajada poderosa, pierde toda credibilidad para hacer las

elecciones, y los partidos democráticos tendrán que exigir un nuevo Gobierno de coalición para aceptar el

juego de las elecciones.

Pero es más: como este Gobierno es un mero apéndice de la voluntad de la Corona, si constituye un

partido en las actuales circunstancias, ese partido será en la consideración general el partido de la Corona,

y ésta quedará vinculada a los avatares que tal partido sufra. Lo cual sería un inmenso error. Es

comprensible que quienes se hallan en el Poder busquen el modo de conservarlo, pero también es claro

que los intereses de la Corona no coinciden con los deseos que pueda tener un ministro de sucederse a sí

mismo. Sería lamentable que el Gobierno pensara que ya tiene manos libres por el hecho de que los

partidos han aceptado su legalización. Los partidos democráticos pueden no prestarse a unas elecciones

poco limpias y, entonces, el Gobierno y los partidos afines ganarán las elecciones, pero dejarán a la

Corona comprometida y tal vez irremediablemente enfrentada con toda la oposición democrática.

El Gobierno no puede ser beligerante en estas elecciones. Si algún ministro o director general

revolucionario quieren ir a las elecciones, que dimitan y en paz. Pero que no pretendan, una vez más,

darnos el timo de que van a acabar la revolución pendiente desde sus sillones ministeriales. El país no está

para carcajadas y los izquierdistas de coche oficial harán bien en ser un poco más discretos.

 

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