El sistema tributario     
 
   13/03/1962.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

EL SISTEMA TRIBUTARIO

MODERNAMENTE, el sistema tributario de los países progresivos ha dejado de ser un método de recaudar los fondos que necesita el presupuesto del Estado, para convertirse en instrumento de justicia social y redistribución de la riqueza. Hay países, como Inglaterra, que sin conocer en este siglo las graves convulsiones sociales que han sufrido otros pueblos del continente ha logrado realizar una profunda revolucion, que la ha llevado a convertirse en una de las sociedades con menor tensión de clases de Europa, sin emplear otro procedimiento que el impuesto progresivo directo y la extensión de la seguridad social.

Nuestro ministro de Hacienda, señor Navarro Rubio, ha señalado en varios discursos, en especial en el último ante las Cortes, la función social que le corresponde al presupuesto. Hace poco, al inaugurar la nueva sede social del Instituto de Estudios Fiscales, señaló unas consignas que tienden al mismo fin.

La primera, dijo, es el conocimiento de la realidad fiscal. Esta realidad no se limita al estudio de las contabilidades, sino que ha de tener en cuenta las exigencias de la profesión y de la economía, de los problemas sociales del país, a los que el sistema fiscal debe servir de un modo directo unas veces e indirecto otras. Por ello, señaló que el sistema tributario tiene que tener la sensibilidad suficiente para adaptarse a la realidad cambiante y dinámica.

La segunda consigna es el estudio, con todo rigor, de los postulados de una justicia fiscal plena. No es, dijo, una relación exclusiva de fisco y contribuyente. La acción tributaria no puede alterar las regías de una sana competencia, "Los problemas sociales, añadió, nos piden que pongamos nuestro poderoso instrumento fiscal a favor de una mejor distribución de la riqueza, y, en general, las consideraciones políticas son para nosotros factores determinantes a los que tenemos que servir en aras del bien común."

No creemos que haga falta resaltar que coincidimos con este planteamiento de la función fiscal: contribución a una mejor distribución de la renta y subordinación a las consideraciones políticas en aras del bien común.

La tercera consigna es de carácter técnico y tiende a que, junto a la visión nacional de los problemas, haya otra concreta, precisa, definida, que evite la arbitrariedad o la inoperancia.

La cuarta y última consigna es de hondo carácter humano y tiene extraordinario interés en nuestra Patria, donde la tendencia a la ocultación es tan acusada, y no siempre por culpa exclusiva del contribuyente. "El pago del impuesto—dijo el señor Navarro Rubio—constituye uno de los primeros deberes ciudadanos.

Hay que crear una clara conciencia moral en el contribuyente respecto al pago de los impuestos. Hay que pensar que sólo creará esta conciencia por vía del convencimiento y hay que tratar de convencerle."

Del tema de la falta de conciencia fiscal en España noa hemos ocupado varias veces. Estamos de acuerdo con Navarro Rubio en que el convencimiento es el más deseable y eficaz procedimiento para determinar cualquier acción del ciudadano. Pero creemos también que en el terreno económico es preciso definir y sancionar las acciones delectivas con igual cuidado que se hace en el Código Penal, para que no pueda darse el caso de que merezca mejor trato el que defrauda unos millones de pesetas que el que roba unas gallinas.

Por último, estamos plenamente de acuerdo con el ministro de Hacienda en que "es preciso sentir un profundo respeto hacia el sacrificio que el contribuyente hace", en que "hay que buscar el diálogo y la colaboración, porque, en definitiva, los unos y los otros perseguimos, en última Instancia, el mismo fin: el engrandecimiento de la Patria".

La colaboración y entendimiento entre la Hacienda y los contribuyentes, como, en general, el diálogo entre la Administración y los administrados, es norma que hay que acentuar cada vez más en nuestro país.

 

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