Bién común     
 
   20/11/1962.  Páginas: 1. Párrafos: 2. 

BIEN COMÚN

RECIENTEMENTE hacíamos una invitación a núestros admirados amigos José de las Cuevas, José María Fernán y Manuel Halcón a un diálogo, sin rebasar las lindes de la cordialidad, sobre temas agearlos, después de la brillante suscitación del primero de ellos y dentro del fundo desapasionado de las Letras. Pero quien nos ha enviado una ocurrente misiva es una campesina, con una bonita letra de colegio de monjas y una socarronería que nos parece más de Salamanca, por su sobriedad, que del Sudoeste. "Si a usted su padre le legó una cabeza para llenar ese periódico—nos dice—, a mí me legó una finca; yo no intento quitarle la cabeza a usted; no intente usted, pues, quitarme la finca a mí." Tiene que haber por ahí como una especie de música de este periódico que suena en algunos de manera diferente a nuestra melodía auténtica. Miren lo que se ha escrito en "Ya" sobre la Reforma Agraria: "Bien está que el problema de la propiedad ceda el paso al de la productividad; pero que, en nombre del respeto a la propiedad, se cierre el paso a la reforma misma, no. Nos disgustan las leyendas negras; pero no nos disgustarían más que, agitando el espantajo de la leyenda, se distrajera la atención de un problema de cuya realidad el pais está suficientemente convencido y en cuya solución ha depositado unas esperanzas que sería muy grave defraudar." Desde aquí dijimos que la principal inestabilidad social del campo se apoyaba en la inseguridad del trabajo eventual. Ocurre que nuestra época se ha puesto inevitablemente en la dirección del bien común y considera que los bienes particulares que no se orienten de este modo, ya no son legítimos. Pero esto no es una invención nuestra, sino el nuevo carácter del tiempo que vivimos y al que nosotros, sinceramente, no sólo no nos oponemos, sino que nos parece muy bien. La protesta que canalizara a lo largo de un siglo el socialismo, ha desembocado, por fortuna, en formas sociales que no están ya necesitadas de la violencia, y sin los errores marxistas. Algunas de las pretensiones actuales para nuestro campo son: producción óptima, inversiones privadas y estatales, liquidación del trabajo eventual que produce desempleo, dedicación a la tierra, de sus propietarios, arrendamiento largo, acceso a la propiedad posible, equiparación del nivel dé vida del campo con el de la ciudad, etcétera. No hay expoliaciones ni repartos, pero puede baber expropiaciones por interés social, mediante el pago conveniente. No puede permitirse la tierra ociosa, o con cultivos no beneficiosos para el interés general.

En fin, estamos en un tiempo en que el propietario de cosas no puede hacer de su capa un sayo, porque tiene obligaciones contraídas con toda la comunidad.

Hemos leído recie.ntem.ente la nota de un cóctel en honor de don José de las Cuevas, y para celebrar—según se dice—"sus últimos éxitos literarios". Como no conocemos que haya publicado recientemente ningún libro parecido a aquel tan bonito de "Historia de una finca" pensamos que esos éxitos literarios pueden referirse a sus artículos sobre temas agrarios publicados en "A B C", y que tienen en su mayor parte como cierto retintín de defensa de intereses que tienen poco que ver con la realidad que hemos apuntado. El cóctel ha sido ofrecido por la duquesa de Gandía, y se dice que asistieron "numerosas personalidades de las letras, las artes y la aristocracia". Estamos deseosos de saber si los éxitos literarios son por causas ajenas a esos artículos agrarios. La ostentación -de un auditorio aristocrático en estos asuntos nos parecería demoledor. No hay demagogia en esto. Pero ¿a quién congregaría solamente José de las Cuevas: a literatos, artistas y aristócratas? ¡ No hay más interesados que éstos en el campo? jo es que los campesinos no podían festejar al señor De las Cuevas? No hacemos más que preguntar. Las ultimas palabras de mi comunicante dicen: "Mis padres vivieron pobres para dejarme rica. Lea usted bien esos artículos de un hombre que es nieto e hijo de labradores." También los hemos leído y admiramos sinceramente a José de las Cuevas como novelista. Nadie ha escrito mejor una novela del campo que él y su hermano. Sus artículos agrarios no nos han gustado. ¿Por qué esa alarma de perder la riqueza? Nadie conspira contra la riqueza qué se amasa como previenen los textos cristianos.

 

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