Aranceles y productividad     
 
 Pueblo.    21/02/1962.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

ARANCELES Y PRODUCTIVIDAD

El sostenimiento de unos aranceles elevados únicamente se justifica como defensa transitoria de la producción (agrícola o industrial) del país frente a la acometida de una producción extranjera que, por las causas que sean, esté en mejores condiciones de competencia. Si el concepto "transitorio" es bastante impreciso, es evidente que, dentro de márgenes prudenciales, ha de significar un límite en el tiempo a la protección arancelaria, si no queremos que ésta obre en sentido, contrario del previsto, y en vez de servir para robustecer la producción interior, sirva para anquilosarla en la comodidad de un mercado seguro y sin rivales.

La relación existente entre la productividad de un país y sus aranceles es bastante estrecha. Así lo han entendido en Inglaterra, al observar que el índice de productividad industrial de su país, en los últimos años, es el más bajo de Europa occidental. No basta para explicarlo las diferencias en las tasas de inversión, pese a su indudable Importancia. Es preciso tener en cuenta, dice un estudio británico, un factor adicional, que podríamos llamar algo asi como "la eficiencia de las inversiones". Mientras los fabricantes de Alemania, Italia y Japón, a la terminación de la última guerra mundial, se esforzaban en obtener beneficios con la exportación de sus productos, a menudo a mercados con un elevado grado de protección, los fabricantes británicos se encontraron con una demanda interior abundante, dispuesta a absorber cualquier producto que se lanzara al mercado.

No hace falta señalar la similitud de esta situación con la de algunos fabricantes españoles que, durante muchos años, se han encontrado con una situación de escasez que ha permitido toda clase de juegos con los precios y las calidades, en perjuicio de los consumidores. No ignoramos que causas ajenas (bloqueos, falta de divisas, dificultades económicas) impidierón un desarrollo industrial adecuado, pero tampoco ofrece lugar a dudas que mochos empresarios no se preocuparon de la productividad y de la necesidad de afinar en calidades y precios hasta que no vieron las orejas al lobo de la competencia extranjera, excepto cuando las empresas estatales pusieron con sus productos orden en el mercado.

´En un flexible manejo de los aranceles puede encontrarse el instrumento que impulse a los empresarios reticentes a ponerse a nivel cuanto antes en precios y calidades. El ministro de Comercio, señor UlIastres, advirtió hace poco que no debe invertirse una sola peseta en instalaciones que no vayan a producir a precios internacionales. En consecuencia, hay que exigir que sea verdad. La vigilancia puede hacerse por sí sola con los aranceles.

 

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