Negociaciones congeladas     
 
 ABC.    08/10/1975.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

NEGOCIACIONES «CONGELADAS»

Tras un debate prolongado cerca de cuatro horas, el Consejo de Ministros de la Comunidad Económica

Europea ha decidido «congelar» sus negociaciones con España para la renovación del acuerdo comercial

vigente en la actualidad. La decretada hibernación no tiene fijada una fecha límite. Fue el italiano Rumor,

presidente en funciones del Consejo, quien anunció al término de la reunión que se consideraba que en

estos momentos las negociaciones con España no podían relanzarse. Aludió, por supuesto, a las gestiones

realizadas por los comunitarios para impedir que se llevaran a cabo las ejecuciones de los terroristas

condenados a la última pena.

No puede extrañar, desde luego, esta actitud. Ortoli —buena cara a España en sus tiempos de miembro

del Gabinete francés—, ya había desvelado, con irreflexiva precipitación, su postura. Y Ortoli es hoy el

presidente de la Comisión de las Comunidades Europeas. Por su parte, el Parlamento Europeo, en reciente

sesión, había adoptado una posición similar. Y aunque la decisión unilateral del Consejo de te C. E. E.

responda, en palabras de Mariano Rumor, a razones humanitarias y no a un espíritu de intervención en los

asuntos internos de un país, lo cierto es que las consideraciones políticas asoman de nuevo al marco de

nuestras relaciones con la Europa de los «Nueve». O de los «Seis». Que tanto monta.

Desde que España, en carta del ministro de Asuntos Exteriores, solicitara la iniciación de conversaciones

para llegar a una fórmula de integración, adhesión o asociación con el Mercado Común, el factor político,

aunque a veces no se haya querido reconocer así. ha pesado muy seriamente en los contactos. En

ocasiones, con gran arbitrariedad, con un sentido discriminatorio para el que objetivamente no es fácil

encontrar una explicación.

La decisión comunitaria, una vez más y aunque oficialmente no se reconozca, tiene fundamento político.

Lo que no deja de ser curioso por cuanto el contenido de las negociaciones es estrictamente económico y

comercial. Y no deja de serlo también si se tiene en cuenta que al ampliarse el área comunitaria con la

incorporación de Gran Bretaña, Irlanda y Dinamarca se plantearon problemas técnicos en las relaciones

entre España y la Comunidad y fue ésta la que sugirió la conveniencia de estudiar un nuevo Acuerdo que

diera satisfacción a los legítimos intereses tanto de España como de los «Nueve». La verdad es que el

camino hacia ese acuerdo que actualizara las cláusulas y diera otra dimensión al firmado en 1970 se hacía

ya —antes de la decisión «congeladora»— con una exasperante parsimonia. Parsimonia que desde un

punto de vista político, juzgamos deliberada.

La suspensión de las negociaciones en busca de un nuevo compromiso no interrumpe las relaciones que

siguen acogidas a las cláusulas del protocolo adicional firmado hace algo más de un año y que expira el 1

de enero de 1976. Hasta entonces, salvo que se produzcan nuevas decisiones unilaterales, se mantiene el

«statu quo». El problema puede plantearse con gravedad a partir de esa fecha, ya que sería ilógico y

absurdo una nueva prolongación mediante la firma de un tercer protocolo adicional a un acuerdo firmado

en 1970 y que, por muchas razones, es ya obsoleto.

El Mercado Común es el primero de nuestros clientes y encabeza, asimismo, la lista de nuestros

proveedores: 126.000 millones de pesetas de ventas en los ocho primeros meses de este año y 219.090

millones en el capítulo de adquisiciones, es decir, un volumen global de intercambios superior a 340.000

millones. Es una cifra que conviene meditar a la vista de los acontecimientos y ante una radicalización de

la postura comunitaria.

 

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