Ni impasibles ni indiferentes     
 
 ABC.    09/10/1975.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

ABC. JUEVES 9 DE OCTUBRE DE 1975. PAG. 3.

—Después de aplaudir a Amin, matador de negros, y a Echeverría, matador de estudiantes, me temo que

cualquier día tendremos que aplaudir a algún matador de representantes en la O. N. U.

NI IMPASIBLES, NI INDIFERENTES

En contraste con la Prensa norteamericana, coherente en su línea editorial con la correcta actitud de su

Gobierno, la Prensa europea se ha caracterizado, con muy pocas excepciones, por una ofensiva anti

española sin tregua.

Cuando los Estados Unidos anuncian oficialmente su conformidad para firmar un Acuerdo-marco con

España y aceptan esta definición, más ambiciosa que la de un mero arreglo de intereses, los nueve países

de la Comunidad Económica Europea retiran sus embajadores. No rompen con España, pero su Consejo

de Ministros acuerda no reanudar las negociaciones de un nuevo Acuerdo como demostración ostensible

de su rechazo ideológico y de su voluntad de cuarentena.

Los Estados Unidos juegan la carta del pragmatismo frente a un Mediterráneo, vientre de Europa, que a

su juicio puede colorearse de tintes rojizos. Los europeos, mientras tanto, juegan la carta de sus clientelas

internas, que montan una vociferante campaña esperada o, al menos, esperable por e! Gobierno español,

que llega a extremos tales de agravio y vandalismo que amenaza incluso la concepción de vida del mundo

occidental.

Los Estados Unidos apuestan por el futuro. Los europeos, y lo decimos con amargura, pues somos

Europa, apuestan por la subversión y se alían con el terrorismo

No nos intimidan, ha dicho que debía decirlo. No nos asusta la ofensiva desencadenada, se ha repetido.

Estarnos con esas voces. Y coincidimos también en que la ruptura de las negociaciones con la Comunidad

Económica Europea para establecer un área de libre cambio industrial significa momentáneamente una

mayor pérdida para ellos que para nosotros

Sin embargo, no podemos compartir la impasibilidad frente a unas bien instrumentadas campañas

informativas, que con antelación sabíamos iban a producirse y sin otra réplica de fondo que la repulsa

desde España, o la de actitudes individuales encomiables, pero ineficaces a la hora de contrarrestar una

ofensiva tan estruendosa como la que nos han montado.

Tampoco podemos mostrarnos indiferentes, e incluso despectivos, ante el rompimiento negociador con el

Mercado Común. No están en juego tan sólo aranceles y hortalizas. Si tantas veces hemos afirmado,

desde el campo público como privado, el destino europeo de nuestro país, no debemos perder un segundo

en separar lo sustancial de lo episódico, y salvada la dignidad y la unión apasionada de los españoles

contra la injusticia y la injerencia externa, apostemos, como los Estados Unidos, por el futuro. No

caigamos en la tentación de la mujer de Lot.

 

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