Una gran equivocación     
 
 ABC.    09/10/1975.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

UNA GRAN EQUIVOCACIÓN

La decisión del Consejo de Ministros de la C. E. E. de suspender las laboriosísimas negociaciones

España-Mercado Común, muestra, de una parte, la influencia —en cuanto órgano político, a la par que

técnico— de la Comisión del Mercado Común, contraria a España desde «1 momento en que fueron

ejecutados los cinco activistas, en el citado Consejo comunitario. De otra, revela el cansancio, y el

desinterés de la C. E. E. en sus negociaciones con nuestro Gobierno.

Ambas facetas de la decisión conforman el cuerpo central de la gran equivocación de la Europa de los

«Nueve». Por una decisión caprichosa -si bien aparentemente política—, los países económicamente

agrupados acaban de cerrarnos una puerta simbólica. Una cierta Europa nos ha sido vedada por quienes,

en el fondo, confían en la fortaleza de nuestras instituciones y nuestra sociedad. Por quienes están seguros

de que España no se «portugalizará» y acabará por constituir para ellos una amenaza práctica, una punta

de lanza metida en el costado de su sistema.

Realmente nuestra ilegalidad - -en cuanto a relación con el Mercado Común— se remonta al momento de

ingreso de los tres nuevos miembros —Dinamarca, Irlanda y Gran Bretaña— en la Comunidad. Desde

entonces, presionados los Gobiernos comunitarios por sus izquierdas respectivas, se atendía más a una

realidad funcional que a una legalización política. Hay que recordar que si en el primer semestre de este

año el 46,48 por 100 de las exportaciones españolas se ha dirigido a los países del Mercado Común,

nuestras importaciones del mismo alcanzaron el 33,95 por 100 en idéntico período.

El gesto del Mercado Común — pocos dudan de la continuación de nuestros intercambios, aun dentro de

la ilegalidad y pese a la congelación oficial comunitaria— tiene una indudable función de propaganda. Es

una operación de relaciones públicas dirigidas a esa izquierda sindicalista y unida que cree llegado el

momento de presionar sobre nuestro país. Pero no cabe duda de que, con ella, España quedará retrasada,

en cuanto a su futura incorporación, con respecto al resto de los países mediterráneos. Y de que en la

memoria del país, que no sólo del Gobierno, la nueva y fundamental injerencia es de difícil olvido.

Con todo, parece afortunadamente hipotética nuestra posible escisión del conjunto europeo occidental.

Pero el comunicado del Consejo de Ministros de la Comunidad muestra cuan frágiles son las estructuras

políticas comunitarias. Que en un club económico primen razones de índole político, como las aducidas,

no pasa de ser una excusa La condición «impuesta» por Mariano Rumor: «España necesita de la

democracia a la europea para poder integrarse en el seno de la Comunidad», forma Darte, en definitiva de

la campaña que apoya el inmovilismo español, que interrumpe la continuación de nuestro proceso

evolutivo. Y colabora, fundamentalmente si se quiere, a conformar la gran equivocación que la decisión

de los responsables del Mercado Común adoptaron en un día particularmente infeliz v desacertado.

 

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