Qué pasa     
 
 Cambio 16.    20/10/1975.  Página: 10-13. Páginas: 4. Párrafos: 29. 

Qué pasa

Cuando esta revista se puso en contacto con una personalidad monárquica de relieve, contestó: "Sí, creo

que desde el Gobierno se está tratando de imponer un criterio general de pacificación y aquietamiento del

panorama." Colando se consultó a un ex ministro, respondió: "La situación se ha serenado.´9 Un

representante eclesiástico se sumó a este criterio: "Se ve como una corriente de distensión." Es que una

red invisible de la que despuntan hilos sueltos ha tendido su manto sobre este país, que acaba de

superar, con más de una contusión, sus quince días posiblemente más tormentosos y trascendentales

desde el final de la guerra civil. Y los hilos apuntan en una sola dirección: la puesta en marcha al galope

de una operación política de proporciones desconocidas para apaciguar los ánimos.

Sólo son indicios, casi imperceptibles, porque en la calle la gente, que hace poco decía ¡vaya lío!, se

pregunta ahora: ¿qué pasa?

Poco a poco, la ciudad se recuperaba del trauma, aunque sólo fuera en los signos externos. El torero-

escándalo de los años 60 había ofrecido oportunamente volver al ruedo para una ocasión benéfica

excepcional, y este conjuro de El Cordobés había obrado maravillas en los titulares de los periódicos.

Habían pasado varios días sin mayor violencia, excepto el asesinato de un taxista en Álava, los miembros

del Gobierno hablaban de serenidad. Madrid, epicentro de la vida nacional, había pasado dos semanas de

prueba y excitación, pero parecía volver a caminar con pie firme otra vez.

El cambio de dirección de los acontecimientos se consumó la tarde del viernes 10 de octubre, en el salón

del Ministerio de Información y Turismo, donde León Herrera suele dar cuenta de las reuniones de

Gabinete. Hasta el propio ministro lucía en su solapa la "galleta" de identificación que desde hace días se

exige para circular por pasillos y oficinas como medida de seguridad. La sala estaba repleta de redactores

nacionales y corresponsales extranjeros. Alguna publicación había organizado una cobertura

especialmente ambiciosa, y los presentes no disimulaban su expectación, que en todo caso ya no era

tensa.

La tormenta había cedido, estaba claro, con el regreso de varios embajadores extranjeros y algunas

declaraciones ministeriales, aunque faltaba saber qué rumbo se iba a seguir en adelante. Para el final de la

reunión de Herrera con los periodistas, la incógnita parecía despejada de alguna manera. Se había elegido

el camino de la moderación, de tapar como mejor se pudiera los tremendos boquetes abiertos por la

oleada de terrorismo, las ejecuciones y la reacción exterior.

Sólo cuatro días antes, el lunes 6 de octubre, el Gobierno se había reunido en una convocatoria

excepcional dentro de la imparable tensión provocada por un nuevo atentado terrorista en Guipúzcoa que

había costado la muerte a tres guardias civiles. Una escueta nota prometió entonces promulgar y usar

nuevos y más eficaces mecanismos de lucha contra la violencia.

Sin embargo, un adelanto de lo que iba a suceder en una fulgurante carrera hacia la "repesca" de las

iniciativas salió de aquel Consejo de Ministros extraordinario, donde se decidió el lanzamiento de una

"acción política integradora".

Reajuste militar

Nada más que noventa y seis horas mediaron entre esta declaración gubernamental y la reunión de León

Herrera con la prensa. Hubo rumores y filtraciones de todo tipo en ese lapso. Desde que periódicos y

revistas tendrían que someterse de nuevo a la ya olvidada censura previa hasta que altos mandos militares

habían debatido la situación de crisis ante el estallido europeo. Algunos diarios franceses especularon con

la posibilidad de que el Ejército podría intervenir de alguna forma en la lucha antiterrorista, agarrándose

al anuncio de unos ejercicios tácticos antisubversivos en Sevilla.

Todo esto se iba a probar falso fulminantemente. Altas fuentes de la Administración han confirmado a

CAMBIO 16 que en algún momento alguien pensó en restablecer la censura (para todos o únicamente

para las revistas, según diferentes opciones o declarar "materia reservada" toda noticia referente al

terrorismo. Pero la idea no halló un hueco en los acuerdos del Consejo. Al conocerse éstos, se explicó

oficialmente que se dotaría a las Fuerzas de Orden Público de "más medios técnicos", no de otra cosa. En

cuanto al Ejército se anunció un reajuste de mandos militares, cuyo significado final parece escapar al

análisis de las numerosas personas entrevistadas por nuestros redactores.

En absoluto iban a emprender los militares misiones de represión antiterrorista. Aunque varios generales

han hablado en público últimamente para reafirmar la unidad del Ejército y su alejamiento de la política,

tal vez la frase más significativa la pronunciara el ministro de Marina, almirante Pita da Veiga, al dar

posesión al nuevo jefe del Estado Mayor de la Armada, Carlos Buhigas. Dijo Pita: "Esta unidad

indestructible, este bloque granítico, tiene que continuar. Estamos por encima de los quehaceres

cotidianos. Estamos firmes para que los políticos hagan su política. Nosotros velamos por la seguridad de

la Patria y por que no se alteren sus esencias, de la que somos depositarios."

Los reajustes afectaron a los generales Ángel Campano (que pasaba de capitán general de la I Región a

director general de la Guardia Civil), Félix Álvarez-Arenas (de la II Región a la I), Pedro Merry Gordón

{a la II), Ernesto Sánchez-Galiano (jefe de la Casa Militar del Jefe del Estado), Antonio Taix (a la VIII

Región) y José Vega Rodríguez (de director de la Guardia Civil a la VII Región Militar). En las sucesivas

tomas de posesión que se fueron produciendo, los recién nombrados abundaron en la misión del Ejército

y en la necesidad de calma. Por ejemplo, el general Merry Gordon tomó nota de que "las mentes serenas

de todos los países están reaccionando, y de todos estos sucesos, como final, no quedará más que el gran

ridículo hecho por algunos hombres públicos que puede suponer su muerte política".

Si acaso, una interpretación bastante común dada a estos cambios militares subraya una voluntad de

tranquilizar a grupos o sectores que pudieran haber sido más sensibles ante la avalancha de los quince

días anteriores. Pero el caso es que ni el Consejo de Ministros había aprobado una "decisión

trascendental", como había pronosticado confidencialmente un alto personaje, ni el reajuste en el Ejército

podía considerarse sorprendente.

Sumarísimo 3-75

Por el contrario, el Gobierno apareció con mayor capacidad de movimientos que en los sucesos previos,

cuando se mencionaban posibles dimisiones. Las fuentes consultadas que han vivido de cerca los

acontecimientos de los últimos días aprecian que el edificio de Presidencia "parece estar más oxigenado",

hasta el punto de que un funcionario apuesta "que no habrá crisis de Gabinete por lo menos antes de

febrero". O por iniciativa propia o con ayuda ajena, el Gobierno empezaba, para muchos, una operación

muy sutil y casi inadvertida de suavización y auto fortalecimiento. ¿Era ésa la "acción política

integradora"?

Varios datos se acumularon en pocas fechas. Aislados, parecían no decir más allá que su propio

contenido, pero unidos entre sí abrían nuevas posibilidades. Casi simultáneamente a la reunión del

Consejo de Ministros del viernes 10, el general instructor de la causa "sumarísima" que lleva el número

3/75 dio cuenta de que la jurisdicción militar se inhibía del caso de 16 presuntos implicados en un

sumario por terrorismo. La medido tuvo como efecto inmediato el pase del caso al Tribunal de Orden

Público, que a su vez decretó la puesta en libertad de once de los encartados. Únicamente quedó a

disposición de la autoridad militar el más conocido de los encausados, José Ignacio Múgica Arregui,

"Ezquerra", procesado en relación con el sumario abierto por el asesinato del presidente Carrero Blanco.

Excepto él, a los demás se les levantó la incomunicación con sus abogados.

"Le Monde" estimó que este hecho, poco común en los numerosos encauzamientos de los últimos meses,

podría llevar a la conclusión de que "ningún Consejo de Guerra aplicará en los próximos meses el

procedimiento ´sumarísimo´, que permite requerir penas de muerte". Algo de esto debía rondar por la

cabeza del periodista que hizo la primera pregunta al ministro de Información tras el Consejo de

Ministros del viernes. "Circula por Madrid —interrogó— el rumor de que no se va a aplicar el decreto-ley

(sobre terrorismo) en los próximos juicios que quedan pendientes del terrorismo. ¿Es verdad?"

El ministro negó conocer el rumor y, por supuesto, que se hubiera adoptado tal medida. Sin embargo, la

acogida

KISSINGER: MENSAJE A CORTINA

LOS CURAS: NOTICIA DIARIA

que se le dio en la prensa internacional a la puesta en libertad provisional de los once procesados, junto

con los relevos militares, tuvo el mismo signo: a la chita callando, se daban señales en morse en el sentido

de la suavización de tensiones.

Tres cuartos de lo propio ocurrió con la liberación de seis sacerdotes detenidos y multados en relación con

una famosa homilía del obispo auxiliar de Madrid, Alberto Iniesta, sobre la situación actual del país. Con

multas de cien mil a doscientas cincuenta mil pesetas, normalmente los interesados deben pasar un

período de arresto sustitutorio en caso de no abonarlas. Pero esta vez ni pagaron la multa ni cumplieron el

arresto. Y los días sucesivos, otros sacerdotes que habían leído también, como sus compañeros, la homilía

del obispo, fueron llamados a declarar, en lugar de ser detenidos.

Más indicios de encarrilamiento emergieron en una reunión de la Comisión de Asuntos Exteriores de las

Cortes, donde varios procuradores hablaron en un tono que, según un asiduo del legislativo, parecía tener

"todo el valor de un implícito voto de confianza al Gobierno, que sobrepasó ese nivel al hacerlo expreso

el teniente general Pérez Viñeta". En el mismo palacio de la madrileña Carrera de San Jerónimo, la

Comisión Permanente admitió la entrada de un recurso de Contrafuero sobre el decreto-ley para !a

prevención del terrorismo.

La terrorífica sombra de la violencia, aún muy cercana, seguía planeando con un atentado contra el

agregado militar adjunto en la embajada en París y la muerte del taxista Germán Aguirre, pero se

multiplicaban los llamamientos a la moderación. José García Hernández, ministro de la Gobernación,

declaró que el terrorismo "no es un problema de las fuerzas de orden público, sino de todos los

españoles". Los obispos catalanes, por su parte, proclamaron su rechazo de la violencia "de cualquier

signo y tipo", mientras un alto representante gubernamental tiraba de las orejas a los responsables de una

noticia, posteriormente desmentida, en el sentido de que tres activistas de la ETA habían muerto a tiros en

Francia. Se imponía un alto en todas direcciones.

Los embajadores vuelven

El último frente interior que todavía quedaba por cauterizarse era la explosión de indignación ante la

campaña europea; indignación que en ocasiones había rebasado unos límites que en otras circunstancias

no se hubieran traspasado, como la aparición frecuente de palabrotas y expresiones de gusto ambiguo en

algunos medios de información. Naturalmente, continuaron celebrándose (Barcelona, Valencia, Albacete)

manifestaciones patrióticas, pero no escaparon algunos detalles: su convocatoria se hizo en términos

menos fogosos, las aglomeraciones fueron más ordenadas y en la de la capital catalana, como destacó

Informaciones, no asistió el gobernador civil.

Cara al exterior, la "operación" de guante blanco más o menos evidente puertas adentro tuvo su

paralelismo. Uno a uno, la mayoría de los embajadores europeos que abandonaron Madrid con lo puesto

en el fragor de la contienda dialéctica de semanas atrás regresaron. Los embajadores de la Alemania

Federal, Gran Bretaña, Bélgica, Austria, Dinamarca, Noruega, Francia, Suiza y Finlandia se reintegraron

a sus sedes madrileñas. Hasta los de Holanda y Suecia, países donde más había ardido la llamarada contra

el Régimen volvieron en silencio, sin dar más explicaciones, presumiblemente porque sus gobiernos

habían estudiado la situación y llegado a la conclusión de que lo mejor para el futuro previsible era no

alargar la ansiedad.

Dos de estos embajadores, el británico y el alemán federal, se entrevistaron inmediatamente con el

presidente Arias Navarro para hacerle entrega de sendos mensajes de sus respectivos jefes de Gobierno.

Según fuentes conocedoras de su contenido, los mensajes expresaban la preocupación de Londres y Bonn

ante todo lo sucedido, especialmente las ejecuciones del 27 de septiembre, y la reacción internacional que

amenazó con dejar aislada a España durante varios días. En esta línea se supone que está otro mensaje

explícito de Kissinger a Cortina traído por el ministro en su portafolios, junto con el "acuerdo-marco"

para las relaciones hispano norteamericanas.

Esta serie de indicios quedó confirmada en su sentido real a lo largo de las pesquisas de los redactores de

este semanario. Aunque no se le quisiera dar un relieve especial ni se supiera exactamente dónde conduci-

ría, las personajes sondeados cuya posición les obligó a impedir su identificación— coinciden: todo

apunta a que se está fraguando una acción política favorable al entendimiento. Otros resaltan las recientes

y sucesivas apariciones públicas del Príncipe Juan Carlos, sobre cuyo actual papel como sucesor querrían

saber detalles concretos, entre otros los norteamericanos.

Mientras la "operación" tomaba cuerpo, algunos coletazos de las apasionadas jornadas recientes advertían

que el campo no estaba trillado. Periodistas españoles y extranjeros cuyas firmas aparecen frecuentemente

en diferentes publicaciones recibían amenazas telefónicas o la visita inesperada de anónimos escritores de

pintadas; CEDADE, una organización de extrema derecha, pedía que España se retirara de la ONU; el

cura de un pueblo menorquín, de ocho mil habitantes, Alayor, era multado con pesetas 300.000, cómo no,

por leer una homilía, tocando a 37,50 pesetas por vecino; el vicepresidente primero de! Gobierno, García

Hernández, como síntesis del examen de conciencia, exhibía cifras: desde 1968 habían muerto en

atentados terroristas 60 personas (casi la mitad agentes del orden), de ellas 27 sólo en lo que va de año, Y

exigía mayor responsabilidad a la prensa para que no excitara los án irnos,

Atmósfera "sólido"

Como el país no estaba efectivamente para echar más leña al fuego, nuevos comentarios vinieron a

redondear la reactivación política. Como Luis Apostua escribía en Ya, vanos grupos se preguntaron, sí

debían ir a las catacumbas o salir al aire, decidiéndose por lo segundo. El ministro del Movimiento, José

Solís, pareció anunciar que se «pensaba ir a toda máquina: a preguntas de Américo Vélez para

Informaciones", dijo sobre la evolución: "...ahora se revela no ya sólo como inevitable, sino como

inminente". En otro momento de la entrevista manifestó que "nada es inmodificable" (en referencia a las

Asociaciones), y que si se consolida la comprensión y el deseo de convivencia, "los españoles irán

teniendo tantas más oportunidades de expresarse políticamente y de difundir sus ideas y sus programas en

una atmósfera "nacionalmente sólida".

El comentario de Apostua, relativo a la oposición conocida como "intramuros", tuvo su continuación en

los contactos mantenidos por personalidades del Régimen con miembros de esa oposición. "Sé que

algunos han hablado con algunos", dijo ladinamente un político en activo, consciente de que no debía ser

más explícito hasta que se materializara la sensación de aceleración política. Pero quizá lo más novedoso

es que la otra oposición, la "extramuros", no ha intentado pescar en río revuelto, sino que también ha

estado comedida: no ha pasado de aludir a la necesidad de unión de todos los españoles con vocación

europea y democrática, en intervenciones que casi podría haber firmado cualquier funcionario del mundo

oficial. En cambio, nadie pudo precisar el alcance de una rueda de prensa, mantenida en París —según

publicó Nuevo Diario— por un compañero de armas de los militares detenidos a finales de julio.

Terrorismo, campaña exterior, nacionalismo, Prensa, Iglesia, evolución, "acción integradora". En estas

palabras se condensa la tarea del Estado y del Gobierno tras la quincena de excitación y ansiedad, con

arreglo a la investigación de CAMBIO16 realizada para preparar este informe. En un contexto más global

queda la economía, cuyos principales indicadores anuncian unos meses nada triunfalistas: los expertos

piensan que muy bien podría aumentar el paro rápidamente, al tiempo que tal como va el ejercicio actual,

1975 parece estar destirado a ser el primero desde 1960 con un crecimiento negativo en cuanto a renta per

cápita.

Y esto es lo que pasa. A ver qué pasa.

 

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