En defensa de los consumidores     
 
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EN DEFENSA DE LOS CONSUMIDORES

ES evidente que si los consumidores lograran actuar de forma conjunta imposibilitarían las prácticas abusivas de algunos comerciantes. No sólo se evitarían las altas injustificadas de precios, sobre todo en productos que por no ser de primera necesidad o tener fácil sustitución podrían ser eliminados del gasto corriente, sino que las prácticas fraudulentas en precio o calidad de algunos detallistas desaprensivos serían imposibles, al recibir como castigo la pérdida total de la clientela. Sin embargo, como dice el informe RueffArmand, los consumidores, dispersos e Individualistas, no constituyen una fuerza que pueda equilibrar los otros grupos Interesados. "Ligados a sus detallistas Usuales—añade—por un contacto cotidiano, poco inclinados a modificar sus costumbres, con frecuencia desconfiados con respecto a las innovaciones, no ejercen sobre el aparato comercial ni sobre los precios la influencia que permitiría a la concurrencia producir plenamente sus efectos."

Movimien tos tendentes a unir a Jos consumidores existen en todos los países. En Francia se citan el Movimiento Cooperativo, que se ha presentado siempre como el defensor auténtico de los consumidores; la Unión Nacional de Asociación de Familia, la Unión Federal del Consumo y, en cierta medida, los sindicatos, que cada vez prestan mayor atención a estos problemas. Sin embargo, según el informe citado, los resultados obtenidos son limitados.

Esta carencia lleva al Estado a hacerse cargo de la defensa de los consumidores, lo que no deja de ser difícil, dado que es al mismo tiempo juez y parte. Por ello el Comité Rueff-Armand sostiene la conveniencia de crear sólidas organizaciones de consumidores, dotadas de una autoridad suficiente para imponerse en los debates de política económica y para équilihrar eventualmente la influencia de los grupos de presión. Como esfera de acción propia (complementaria de la del Estado) tendrían la educación de los consumidores, informándoles sobre problemas de calidad y precios, el estudio de las formas de distribución y, en su caso, la promoción de fórmulas innovadoras, y la clasificación de los comerciantes por la calidad del servicio. Se considera que el conocimiento consciente de su papel por los consumidores determinaría la transformación de la distribución y la reanudación de la competencia.

El Estado puede hacer una labor informativa de gran eficacia. Un ejemplo positivo lo tenemos en la labor que el comisario general de Abastecimientos, señor Ruiz-Salcedo, realiza desde la revista "Ama", charlando con las amas de casa, hablando con ellas de precios, de calidades, de la ventaja de consumir ciertos artículos, de la conveniencia de no comprar otros que se empeñan en jugar al alza. Al consumidor le gusta, como a todo el mundo, saber el porqué de las cosas y no tiene inconveniente en aumentar el consumó de huevos o de arroz y disminuir el de cerdo, por ejemplo, cuando se le explican de forma congruente las razones.

La importancia que el Comité Rueff-Armand da a este problema viene reflejada en el número de páginas que dedica al mismo. Entre otras observaciones interesantes, dice que el consumidor, actualmente, no es apto para juzgar la calidad, los precios y los servicios; "de la inercia del público resulta una atonía de la competencia, que no ejerce ya una presión suficiente sobre los márgenes". Al miedo a equivocarse a la hora de elegir atribuye el Comité el éxito del precio único. "En otras ocasiones, al no poder juzgar por la calidad, encuentra más expedito juzgar por el precio: cuanto más caro, mejor calidad. Por último, la publicidad comercial, inevitablemente parcial, desvía con frecuencia al consumo de su* verdaderos Intereses.

El Comité considera que la información al público debe revestir las siguientes formas: destrucción de prejuicios contra algunos productos nuevos (por ejemplo, las carnes preparadas- o congeladas; calificación de la calidad de los comerciantes, garantizando el valor del servicio después de la ventar; por último, control de los consumidores sobre las rebajas, a fin de obligar al comerciante a respetar los compromisos de sus campañas publicitarias.

 

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