Empresas rentables     
 
   03/02/1962.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Empresas rentables

UNO de los líderes sindicalistas que tuvo más perspicacia para avizorar cuáles eran los fines más fundamentales que debían perseguir los sindicatos, el norteamericano Gompers, afirmó, en cierta ocasión, que el mayor crimen que podían cometer las empresas contra sus obreros era ganar poco, era no obtener grandes beneficios. Sabía Gompers, quizá más por experiencia que por profundo conocimiento de los problemas económicos, que sólo de un alto nivel de beneficios empresariales podía derivarse el obtenerse un alto nivel de salarios; que únicamente haciendo de verdad mayor la tarta era posible aumentar el tamaño de cada ración.

Han cambiado bastante, desde los días de Gompers hasta ahora, muchos planteamientos sindicales. Pero no han sufrido alteración alguna ciertos principios económicos entre los que se cuenta el que expresaba su afirmación: solamente las empresas rentables pueden brindar altos salarios a sus obreros, solamente un proceso de capitalización—de mayor inversión por obrera—permite la elevación progresiva de los sueldos. Cual sea la estructura óptima de la empresa, cual la expansión de funciones que eri !a misma se atribuya o reconozca a los trabajadores, es cuestión aparte. No altera, ni desorbita la regia. La condición es que los beneficios sirvan para aumentar las remuneraciones al trabajo.

Con el mejor sentido político, que es en este caso el acertado sentido económico, el minisiro secretario ha definido en uno de ios dieciocho puntos de su discurso en la clausura del XXI Consejo Nacional de la Sección Femenina: "Queremos empresas económicamente fuertes, rentables, para que se pueda retribuir convenientemente el trabajo, elevando su nivel en todos sus aspectos y preparando a ese trabajo para una ulterior participación."

Queda así, en este punto noveno, definida con exacto realismo una de las finalidades más trascendentes de la actúal coyuntura económica: lograr !a máxima rentabilidad empresarial para obtener de ella un nivel de salarios reales más alto.

No se trata—y nos Interesa mucho subrayarlo para evitar interpretaciones equivocadas— de realizar o llevar a cabo una acción política exclusivamente encaminada al mayor beneficio empresarial, sino de estimular la rentabilidad de las empresas para que exista una base ancha y firme que permita la elevación de las remuneraciones laborales. Es decir, se trata de obtener un avance social por la aplicación de un medio económico idóneo para lograrlo.

Es ésta—la idoneidad de los medios aplicados—la clase definitiva del éxito de cualquier acción política.

La política señala o decide los fines; la economía determina cuáles son los medios adecuados para conseguirlos. La finalidad política., en este caso, es la elevación de los salarios; el medio económico, el camino apropiado para llegar a tal elevación es la rentabilidad de las empresas.

Se abre aquí un interrogante que tiene decisiva importancia: ¿Cómo estimular la rentabilidad de las empresas? No es posible responder con una fórmula siinple. La rentabilidad depende de varios factores.

Ahora bien, todos ellos están estudiados en la teoría económica, todos son conocidos. La rentabilidad se estimula con las medidas que incitan a mayores inversiones, quo promueven la competencia, que atenúan la previsión tributaria, que permiten la reducción de costes, que favorecen mayores rendimientos laborales, etc.

En es_te sentido se pronunció el sindicalismo español en su primer Congreso, celebrado el año pasado, al establecer sus criterios para el desarrollo económico: "La política de desarrollo deberá llevar al máximo ia inversión productiva, aunque manteniéndola dentro de los límites que permitan evitar tensiones inflacionistas"; "Fomentar el ahorro privado—de los individuos y de las sociedades—mediante un adecuado juego fiscal quo ofrezca incentivos al ahorro..."; "Dar agilidad a la legislación que regula las inversiones de capital extranjero"; "Si nuestra economía necesita de una mayor agilización que deje en libertad sus puertas productivas, también necesita más competencia"...

Existe, pues, un evidente paralelismo, en este caso, entre la teoría económica y el pensamiento sindical. Y hay, también, congruencia y continuidad entre el citerio sindical y las posiciones o puntos definidos recientemente por el ministro secretario. Señalada la finalidad—la elevación de las remuneraciones labora1es—y conocido el medio para llegar a conseguirla—la rentabilidad empresarial—, sólo falta que la acción privada y la acción pública colaboren decididamente a ello, especialmente esta última.

Los sindicatos, dentro de su marco funcional, no hacer más que incide este fin

 

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