La conciencia social     
 
   01/02/1962.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

La conciencia social

SON constantes las llamadas de la Jerarquía española a loa católicos para que cumplan con los deberes de la justicia social. Últimamente ba sido el obispo de Bilbao, monseñor Gúrpide, quien, en una carta pastoral, señala que "urge formar la conciencia social de nuestro pueblo mediante una intensa labor de instrucción y de educación, pues nos encontramos ante una conciencia profundamente cristiana en lo individual y una conciencia eminentemente liberal e individualista en lo social".

Este contraste entre la conducta de muchos católicos y las doctrinas tan sabiamente expuestas por la Iglesia constituye, sin duda alguna, uno de los mayores escándalos de los tiempos modernos, aunque haya quien siga creyendo que no hay más escándalos que los del vestido de las mujeres. A él hay que atribuir, en gran medida, el triste fenómeno de la déscristianización de las masas, cuya fe en la sinceridad de unos principios vacilaba, forzosamente, ante su Incumplimiento sistemático por los que mas presumían de católicos.

El resultado ha sido, con palabras de monseñor Gúrpide, que "si contemplamos con mirada imparcial la realidad social que nos rodea, habremos de reconocer la ausencia de una robusta conciencia social cristiana. Incluso en muchos individuos y grupos parece haber desaparecido totalmente".

Una característica de este marco estructural es el contraste entre el bajo nivel de la renta nacional española y el elevado grado de los gastos superfinos que, como dice la pastoral citada, nos coloca en tercer lugar en la clasificación mundial de naciones. La anomalía, tantas veces denunciada en PUEBLO, de que mientras nuestros pobres son más pobres que en otros países, en cambio nuestros ricos son tan ricos o más que los de las naciones más desarrolladas. El origen está en que "la distribución de las riquezas entre los diversos grupos sociales introduce unas desigualdades y desniveles que no se conocen en casi ningún otro país de Europa".

Otra consecuencia de este estado de cosas, y nos alegra que voz tan autorizada coincida con la nuestra, es que "la falta de conciencia social se trasluce Igualmente en lo que ha dado en llamarse imagen paternalista de la sociedad". Hay sectores que parecen ignorar que "110 hay pueblos, ni razas, ni grupos sociales designados por la Providencia para dirigir a los demás".

Busca el obispo de Bilbao el origen de este mal en que nuestros católicos practican uña vida religiosa exageradamente individualista v están lejos de la sensibilidad social de las encíclicas de los últimos Pontífices, debido todo ello a que la familia, particularmente en las clases pudientes, "ha inculcado a sus hijos un concepto demasiado liberal de la propiedad, no ha grabado en sus corazones la idea cristiana del destino social de las riquezas y les ha mantenido en un régimen de aislamiento respecto de los muchachos de otra clase, que no favorece la mutua comprensión".

¿Qué parte de culpa le corresponde en esta situación a los educadores, concretamente a los colegios religiosos? En otras ocasiones hemos tocado el tema, con la ponderación que exige cuestión tan delicada. Hoy podemos señalar que nuestras opiniones se condensan plenamente en el siguiente párrafo de monseñor Gúrpide:

"La easi totalidad de nuestra burguesía ha recibido su formación católica en los colegios de la Iglesia o en instituciones abiertas a una acción pastoral del sacerdote. Y a la hora de actuar en la vida económico-social, su conciencia ha revelado profundas grietas. ¿No será debido, en parte, este hecho a que la educación que recibieron se reducía casi exclusivamente a los problemas de moral individual?"

No hace mucho, en estas mismas páginas mostrábamos nuestra disconformidad con el anuncio de una editorial religiosa de libros para educadores y directores espirituales de la juventud, en el que de trece obras no hubiera una sola destinada a la conciencia social de los jóvenes. Como se ve, a las directrices de la Jerarquía les cuesta trabajo abrirse paso en medio de la inercia de algunos sectores que deben contribuir a su implantación. Monseñor Gúrpide concreta las modalidades de la formación social del católico:

"Desde la catcquesis Infantil hasta la enseñanza dada a los adultos, toda 1a instrucción religiosa debe poner de relieve la dimensión social de la doctrina cristiana. Sin ello, ia palabra de Dios a los hombres quedará desfigurada."

"La instrucción sería estéril si no va acompañada de una personalidad moral robusta que garantice el paso de la teoría a la práctica..."

" Una recia personalidad moral es particularmente necesaria cuando se trata de llevar a términos concretos una doctrina especial como la Cristiana."

"Es preciso insistir en que la pobreza y la austeridad son una virtud cristiana que afecta a todos los fieles sin distinción de clases y posición social."

Algo muy distinto, como se ve, de la "religiosidad" deesas buenas señoras que se creen que los pobres están puestos en el mundo para que ellas puedan practicar la virtud de la limosna. El Evangelio no es tan cómodo. Exige que el amor ai prójimo sea ardiente, positivo. No parece compatible con el lujo, mientras haya necesidades angustiosas que atender. Por ello, como se dice en la pastoral del obispo de Bilbao, "la austeridad y la sobriedad practicadas en el vestir, en las diversiones y en las fiestas dé sociedad serán indicios ciertos de que se va progresando en la maduración de una conciencia social".

 

< Volver