Orden público. Según la agencia Cifra. 
 Versión oficial de los sucesos de Vitoria     
 
 Informaciones.    09/03/1975.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 17. 

SEGÚN LA AGENCIA CIFRA VERSIÓN OFICIAL DE LOS SUCESOS DE VITORIA

VITORIA, 9. (CIFRA.)

Los luctuosos sucesos que tuvieron lugar en esta ciudad el pasado 3 de marzo, y que arrojaron el triste

balance de cuatro muertos, varios heridos graves y numerosos contusionados de diversa consideración

entre los manifestantes y las fuerzas del orden público, fueron la culminación de una escalada de

violencia que se produjo durante cincuenta y cinco días, y como consecuencia de la cual resultaron

heridos un teniente, un subteniente, un brigada, un sargento y cincuenta y tres agentes de la Policía

Armada, según han informado a Cifra fuentes oficiales de esta capital.

ESCALADA DE VIOLENCIA DURANTE CINCUENTA Y CINCO DÍAS, CON

MAS DE CINCUENTA POLICÍAS HERIDOS

Las mismas fuentes informantes ponen de relieve que los antecedentes de los sucesos del día 3 hay que

situarlos dos meses antes, período de tiempo en el que Vitoria estuvo sometida a una ininterrumpida

acción subversiva que pretextaba alentar a resolver planteamientos laborales de carácter legítimo. Cabe

resaltar que durante esa etapa se registraron 250 asambleas en el interior de algunas iglesias de la ciudad y

que para las autoridades resultaba difícil discernir dónde estaba situada la divisoria del problema

netamente laboral y la del orden público.

Durante este tiempo la autoridad gubernativa dio repetidas muestras de paciencia e incluso de

colaboración para tratar de solucionar la situación conflictiva, y así, el Gobierno Civil autorizó asambleas

y reuniones, facilitando locales de amplio aforo, como fue el caso de la asamblea que celebraron los

trabajadores de Forjas Alavesas el día 4 de febrero, en el Polideportivo de la capital.

LA «COMISIÓN REPRESENTATIVA»

Las fuentes informantes resaltan cómo existieron elementos Interesados en radicalizar el conflicto fuera

de sus márgenes económico-laborales, y citan a este respecto la figura de cierto ex clérigo que, con

hábiles intervenciones orales, producidas en varias iglesias, logró crear un clima de tensión y

desesperanza que pudieran catalizar actos de violencia. Este ex clérigo por lo demás, consiguió la

descalificación de los legítimos representantes sindicales de las varias empresas vitorianas, y propuso, en

el curso de una asamblea la creación de una denominada «comisión representativa» al margen de toda

normativa legal, ignorando los cauces sindicales ordinarios A raíz de la citada asamblea que se celebró en

el mes de enero en el templo de San Francisco, proliferaron los «piquetes» destinados a interferir la

voluntad de los trabajadores que decidían acudir a su trabajo.

El día 26 de enero es anunciada una «jornada de lucha», que fue precedida por una amplia campaña de

convocatoria en los distintos sectores de la ciudad, jornada» que no encontró el eco pretendido en su

intencionalidad alteradora del orden público, puesto que la plantilla de varias empresas acudió

normalmente a sus puestos de trabajo y el comercio abrió sus puertas sin responder a lo? llamamientos.

Ante ello, "1 ex clérigo antes citado intensificó sus llamamientos a la subversión, incitando a as masas a

ganar la calle El día 31 de enero la asamblea conjunta celebrada en el templo de San Francisco de Asís, a

la que asistieron trabajadores de distintos sectores v factorías, decide organiza una manifestación

callejera, que las fuerzas de orden público disolvieron sin incidentes resaltables.

Durante el mes de febrero —siguen informando las fuentes— se hizo más patente la táctica de agitación

para llevar el conflicto a la calle y sacarlo de sus cauces laborales. El 1 de febrero, entre 1.500 y 2.000

personas participaron en una manifestación al final de la misa de mediodía en la catedral. Los

manifestantes vestían sus atuendos de trabajo, como batas, monos, trajes de buzo, etcétera, pese a ser

domingo. La Policía disolvió la marcha sin necesidad de cargar, pero a la caída de la tarde, en la calle de

Dato, se originó una nueva algarada pública que obligó a intervenir a las fuerzas del orden en las calles

limítrofes. Al día siguiente se produjo un serio enfrentamiento entre los manifestantes y la Policía, cuando

unas cinco mil personas, que se habían concentrado en la iglesia de San Francisco de Asís, organizaron

una marcha. La fuerza pública, empleando sus medios antidisturbios, como botes de humo, gases

lacrimógenos y proyectiles de goma. consiguió dispersar a los manifestantes, que en algunos casos se

reagruparon y hostigaron a los policías, unas dos mil personas, concentradas ante la Delegación

Provincial de Sindicatos, injuriaron y agredieron a las fuerzas del orden, las cuales disolvieron la

concentración, resultado lesionados de diversa consideración nueve agentes.

La oleada de agitación «e intensificó durante la primera quincena de febrero, y en las manifestaciones

y algaradas aparecen ahora mujeres y jóvenes estudiantes. Culmina esta actividad el lunes 16 de febrero

en una huelga arenera!, orevlamente convocada, en la que los «piquetes» (en más de un caso, activistas

venidos de fuera) obligaran a los dueños de los establecimientos comerciales del barrio de Zaramaga

a cerrar sus puertas, del mismo modo que, mediante acciones agresivas son obligados los obreros de la

construcción de Arambizcarra a parar en sus trabajos. Durante esta huelga, el lanzamiento de piedra* y

objetos contundentes se producen en diversos puntos de la ciudad, y en los encuentros resultan

lesionados ocho miembros de la Policía Arma da, entre los que se encontraba un sargento que sufre

fractura de la tibia derecha Las lomadas que siguen transcurren con manifestaciones y asambleas con

arreglo a un programa de incitación a la huelga general, anunciada de nuevo para el lunes 23, intento que

fracasa al igual que el anterior, pero que. no obstante, se ve alterado por la acción que los «piquetes» de

extensión de huelga, que coaccionaron a los trabajadores de distintas empresas. En estos días se

produjo una manifestación de unas mil personas en la plaza de la Hispanidad, en la que resultó

lesionado un teniente de la Policía Armada. Cabe destacar asimismo que en esta etapa se produjo un

encierro de once obreros que declaran la huelga de hambre hasta llegar a un acuerdo con su

empresa, la cual accede a las peticiones salariales planteadas. La empresa en cuestión cuenta con una

plantilla de 960 obreros, y la solución de este conflicto inicia un proceso de distensión y acercamiento en

las negociaciones laborales que se desarrollan en otras dos empresas.

Con este clima de distensión —prosiguen las mismas fuentes—, parece que los agitadores pierden el

control poli-tico del movimiento obrero y es entonces cuando convocan asambleas informativas, que

tienen carácter extra laboral y que son organizadas por las llamadas "Coordinadoras de barrio". De estas

asambleas salió la convocatoria de una "jornada de lucha" y "huelga general", señalada para el día 3 de

marzo.

EL DÍA 3 DE MARZO

Desde las primeras horas de la madrugada del 3 de marzo, según testigos presenciales, los "piquetes de

extensión de huelga" hacen acto de presencia en los barrios próximos a las zonas industriales de Gamarra

y Betoño, con objeto de impedir que los obreros acudan al trabajo, mientras sucede lo mismo con la

población trabajadora de las empresas de la zona Alarizu. En auxilio de los trabajadores que querían

acudir a sus centros de trabajo, la fuerza pública disolvió "piquetes" integrados por grupos de cien o

doscientos huelguistas, pero varias empresas, como mal menor por grupos de cien o doscientos

huelguistas, pero varias empresas, como mal menor, se sumaron al paro.

Según las mencionadas fuentes oficia les, nutridos grupos de trabajadores se dirigieron desde las zonas

industriales al centro de la ciudad, aprovechándose los activistas de esta marcha para organizar diversas

manifestaciones, algunas de las cuales se disolvieron con la sola presencia de las fuerzas de orden

público. Un grupo de unas trescientas personas trató de incendiar la gasolinera de la avenida del

Generalísimo, y al llegar los agentes del orden, fueron atacados por diversos grupos y desde distintos

sitios, lo que obligó a que la fuerza tuviera que refugiarse tras sus propios vehículos y poder reiniciar el

despliegue y disolver a los manifestantes. Estos, lejos de intimidarse, arreciaron en sus ataques,

paralizando la acción de la fuerza actuante hasta la llegada de un refuerzo compuesto por dos secciones

Resultaron heridos cinco policías y en el lugar de los hechos fueron recogidos palos barras de hierro,

bolsas de plástico conteniendo piedras v otros objetos arrojadizos.

Llegada esta grave situación, entre las dos y las cuatro de la tarde se prodigaron los ataques a las fuerzas

del orden en distintos puntos de la ciudad, principalmente en el barrio de Zaramaga y calles próximas,

lugares donde los manifestantes levantaron barricadas con vehículos volcados y cruzados en la vía

pública, con farolas derribadas, vigas de la construcción y bidones u otros materiales que los "piquetes"

encontraban a mano. Por otro lado, en actuaciones simultáneas, también mediante barricadas, se

dificultaba la circulación rodada en loa distintos accesos a la ciudad. Con motivo de estos sucesos, la

ciudad quedó desierta y las empresas, comercios y servicios se paralizaron y las gentes pacíficas se

refugiaron en sus casas. Cabe consignar, que un coche fúnebre que se dirigía al cementerio del Salvador

hubo de cambiar varias veces de recorrido y a duras penas pudo llegar a su destino.

Los dirigentes de los revoltosos, entre los que descollaba el ex clérigo a que se ha hecho mención,

convocaron una asamblea para la media tarde, en la iglesia de San Francisco de Asís. A ella concurrieron

unas cinco mil personas, muchas de las cuales iban armadas con palos, barras de hierro y botellas de

gasolina. Las fuerzas del orden que acudieron al lugar pidieron a los reunidos el desalojo pacífico del

templo, cosa a la que se negaron. Se reiteró la petición de abandono pacífico del templo y los agentes

destacados para esta misión fueron insultados y arrojados del recinto, mientras fuera de la iglesia, en las

cercanías, se c o n c entraban otros diez mil manifestantes.

Tras advertir a los manifestantes que ocupaban el templo de las consecuencias que podría tener su

negativa, se consiguió que algunos depusieran su actitud, luego que !as fuerzas del orden arrojaran

bombas de humo en el interior de la Iglesia.

ENFRENTAMIENTO CASI CUERPO A CUERPO

Entretanto, un número de personas superior a las cinco mil, situadas en el exterior, rodearon a la Policía y

la agredieron en un enfrentamiento casi cuerpo a cuerpo, utilizando cuchillos, piedras y cristales cubiertos

con pañuelos. Se llegó a registrar el ataque absurdo de un individuo, armado de un cuchillo, contra un

vehículo policial. En esta primera agresión, la fuerza pública registró 34 heridos, de los cuales tres

tuvieron que ser hospitalizados. Los agentes, desbordados por el número de los asaltantes, fueron

rodeados y atacados, por lo que, una vez agotados los medios incruentos con los que contaban para

disuadir a !os atacantes, se vieron obligados a defenderse, haciendo uso de las armas de fuego,

primeramente con disparos al aire y a continuación, puesta en peligro su integridad física fue cuando se

produjeron las inevitables y lamentables víctimas.

Informan las fuentes oficiales que una vez disueltos los grupos, tras los sucesos más graves, los

manifestantes prosiguieron los alborotos y disturbios, quemando automóviles, destrozando cabinas

telefónicas y semáforos; colocando barricadas en la vía pública, rompiendo lunas, puertas y ventanas y

cometiendo otra serie de desafueros. En acciones posteriores, los activistas lanzaron cócteles "Molotov"

contra la Delegación Provincial de Sindicatos y otros lugares, así como una bomba contra la Comisaría, a

consecuencia de cuya explosión resultó gravemente herido un inspector del Cuerpo General de Policía.

Fueron asimismo desactivados varios artefactos explosivos, uno de ellos en la misma estación de

ferrocarril.

 

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