El hombre buscado en el despacho de Atocha. 
 Julio Navarro está escondido     
 
 Diario 16.    02/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

El hombre buscado en el despacho de Atocha

Julio Navarro está escondido

MADRID, 2 (D16).—Julio Navarro, líder de Comisiones Obreras en el transporte, al que buscaban los

asesinos de los abogados de la calle Atocha, está escondido y sus compañeros no han permitido que se

entreviste ni con la Policía, según Informa el semanario "Cambió16" esta semana.

Otros compañeros de Navarro en Comisiones Obreras han recibido amenazas firmadas por "los

Guerrilleros de Cristo Rey", comunicándoles que morirán antes del 28 de febrero.

A sangre fría

Los abogados de la calle Atocha tenían prevista para el día 24 de enero una reunión de los letrados de

Comisiones Obreras, como venía siendo habitual. En el último momento decidieron suspenderla, y a las

diez y media de la noche esperaban la llegada de otro compañero, Luis Menéndez de Luarca, para

comunicarle la suspensión.

Según la declaración a "Cambióle" de Alejandro Buiz Huertas, uno de los abogados heridos, poco

después de las diez y meda de la noche, sonó el timbre de la puerta y acudió a abrir Ángel Rodríguez, el

empleado despedido de la Telefónica que hacía las veces de conserje.

Entraron dos individuos, que sacaron a todos los abogados de sus despachos y los reunieron en el hall

principal. "Nos colocaron en fila y nos obligaron a levantar los brazos", explica Alejandro Ruiz

"Uno de los asaltantes no articuló palabra. Se había quedado plantado ante nosotros y nos apuntaba. El

otro empezó a recorrer las dependencias del despacho. En una de ellas encontró a Serafín Holgado y lo

trajeron Junto a nosotros. Supimos que había cortado los hilos de teléfono y que, en ese momento,

estábamos incomunicados. Preguntaron entonces quién de nosotros era Navarro. La pregunta nos

atemorizó. Navarro había sido, en efecto, amenazado de muerte varias veces y solía frecuentar el

despacho. Respondimos que Navarro no estaba allí."

Alejandro Ruiz informa, ya recuperado de sus heridas, que "cuando llevábamos cinco minutos con los

brazos en alto la situación producía ya un inquietante terror. En un momento comenzó el sonido seco de

las detonaciones. Toc, toc, toc. Yo caí a] suelo y me sentí inmediatamente paralizado. Distinguí por

encima de mi cuerpo el de Lola González Ruiz, totalmente ensangrentado. El suelo se había vuelto un

charco de sangre".

 

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