Autor: Páez, Cristóbal. 
   Grandeza y servidumbre     
 
 Arriba.    01/02/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

GRANDEZA Y SERVIDUMBRE

UNÁNIME coincidencia, salvo contadas excepciones, sobre el mensaje del Presidente Suárez

al país desde las cámaros de TVE: Bien, muy bien. Los españoles han escuchado un haz de

palabras firmes, realistas y serenas sobre la situación creada a raíz de los recientes

acontecimientos terroristas. Las razones del Gobierno han convencido: De entreguismo a la

subversión, nada; de actitudes tibias hacia las provocaciones, nada; de despreocupamos ante,

los grandes temas que puedan rozar la unidad, la independencía o la seguridad de la Patria,

nada; pero, sin embargo, de actitud y predisposición al diálogo pacífico, todo; de abrir el juego

político para normalizar la vida ciudadana, todo; del reconocimiento a la peculiaridad y

personalidad de las regiones, todo; de hacer posible que las diversas opciones políticas puedan

desarrollar sus legítimas aspiraciones al poder, absolutamente todo.

En ese sumario programa de negaciones y afirmaciones expuesto por el Presidente Suárez se

expresan cuantas cosas son imposibles, por degradantes para el poder, y cuantas otras se ha

trazado el Gobierno para lograr la normalización total de nuestra vida política y. en resolución,

establecer sobre sólidas bases la concordia nacional.

Por lo que se refiere al terrorismo, Adolfo Suárez ha sido explícito: Que nadie espere una

receta mágica, un conjunto de medidas milagrosas capaces de pararlo en seco y erradicarlo

EL terrorismo, como sabemos, es un tema que toca de lleno a las autoridades del Gobierno, las

cuales hacen todo lo humanamente posible por combatir lo. Mas, al mismo tiempo, es un

problema que exige una respuesta general, una contestación del común de los ciudadanos que

aborrecen de la violencia. «El éxito de la fucsia contra la guerrilla urbana —ha dicho el

Presidente— depende del espíritu con que toda la sociedad quiera responder.» Y la respuesta

es sencilla: no dejarse intimidar; no dejarse manejar; no creer que la lacra terrorista se extirpa

por la simple utilización de la represión, y sobre todo, otorgar un amplio margen de confianza al

Gobierno para que, con absoluta sangre fría, juegue sus bazas contra los criminales y contra

los perturbadores del orden público, que tanto contribuyen a crear un caldo de cultivo apto para

las acciones de los agentes del crimen, ocasionales o profesionales. Se equivocan de medio a

medio quienes opinan que el problema se resuelve con altas dosis de mano dura, con mazazos

a diestro y siniestro. Táctica semejante conlleva mucho ruido y pocas nueces. En el largo

capítulo que la guerrilla ha escrito con sangre en un montón de países, sólo una cosa ha

quedado archidemostrada: Que allí donde hay un asesino dispuesto a matar existe la

posibilidad de que se cometa un crimen. Es enormemente elemental, pero contundentemente

cierto.

ES posible que algún día nos sea dado conocer el, hoy por hoy. oscuro misterio de la acción

terrorista en nuestra Patria. Por encima de cualquier otra consideración creemos que está bien

patente una: Determinadas fuerzas coinciden en tratar de abortar nuestro proceso de desarrollo

político. Hace un año se esperaba que España se hiciera pedazos al desaparecer (a autoridad

de Franco y entrar en una nueva fase histórica. No sólo se conjuró sin aparente esfuerzo

alguno el peligro, sino que el pueblo español entró ordenadamente en un proyecto de

democratización, impulsado por la Corona, ejecutado por el Gobierno y aceptado por las

Cortes.

Era mucho más de lo que nadie había previsto y, por tanto, provocó la consternación y la furia

de concretos y desconocidos centros antidemocráticos o de quienes se ocupan de guardar

celosamente, sin reparar en los medios para conseguirlo, que no se desequilibre la balanza del

poder en el mundo. España, no se olvide, constituye uno de ios centros máximos de la

estrategia internacional y no es la primera vez que en la Península Ibérica se dan cita los

apetitos políticos de signo contrario que mantienen una lucha por el dominio de la hegemonía

mundial.

Estamos pagando un alto precio por nuestra evidenciada voluntad de ser un país que busca su

lugar en la historia y que desea ocuparlo pacífico y ordenadamente, sin ser un suceso

bochornoso, en cuanto sociedad, para nosotros mismos y un trágico espectáculo para tas

naciones que nos contemplan. Tal es nuestra grandeza y nuestra servidumbre.

Cristóbal PAEZ

 

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