Autor: Aradillas, Antonio. 
   Otra cara del aborto     
 
 Pueblo.    05/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

OTRA CARA

CON ponderación jerárquica y con sentido evangélico, la Conferencia Episcopal de Italia se ex-

presó así: «Se recomienda abstenerse de todo juicio de condena en los casos más, dramáticos, y se

recomienda saber ofrecer una ayuda de , bondad operante.»

El tema del aborto está otra vez en la calle de la noticia oficial, con ocasión de la posible ley de su

regulación en Italia, aunque, por desgracia, se trata de un tema de noticia diaria situada, clandestina y

criminalmente, en cualquier irresponsabilidad personal, familiar o social, con una fuerte capacidad de

rentabilidad y de intereses que difícilmente compensarán las graves intranquididades y traumas que deja a

su paso su consentimiento o su acción directa.

Pero ante el aborto como problema no se cumple ética y ciudadanamente sólo con condenarlo, después

de haberlo etiquetado con los adjetivos más inmisericordes al uso. El aborto puede ser un crimen, pero a

nadie responsablemente le será dado definirlo así, reprobando, sin más, a todos sus protagonistas. Tal

reprobación y condena se volverían en contra de aquellos que, pudiendo y debiendo haber profundizado

en sus causas, no lo hicieron por ligerezas, por miedo y hasta por el presentimiento de descubrir

complicidades posibles en las que, de alguna manera estuvieran comprometidos ellos mismos.. Además

de la reprobación del hecho y de su condena, y aun por encima de él, urge plantear hoy el tema con

seriedad y rigor a la luz de los modernos descubrimientos de las ciencias antropológicas y de la Teología,

sin que se descarte la posibilidad de que se alcancen determinadas conclusiones que difieran un poco o un

mucho de las que hasta el presente nos fueron ofrecidas como inconcusas e inalterables.

Las condenas .al «so ^ apenas si resuelven nada en este problema. Lo resuelve todo, o casi todo, el

convencimiento de que cuando una chica decide abortar, en contra, normalmente, de sus sentimientos más

elementales, es porque alguna especie de aborto se produjo ya en el contexto familiar, religioso, social,

amistoso en el que la vida de la chica crece y se desarrolla. Cuando aborta una chica y consiente en hacer

desaparecer al hijo de sus entrañas,aborta con ella y en ella la ´ sociedad a la que se pertenece. Esta

protagoniza la escena y mancha sus dedos de sangre en igual proporción y criminalidad que la chica de

tan triste • historia. Para el aborto hay incontables procedimientos terapéuticos, y ninguno de ellos se

identifica con la inmisericorde y fría condena de quien lo encarna ante la ley y ante sí misma.

*En conformidad con la terminología empleada por los obispos de Italia, «hay que saber ofrecer, una

ayuda de bondad operante» en tantos casos dramáticos. Ni basta la condena ni basta cruzarse de brazos.

Hay que ayudar con tanta efectividad como inteligencia y respeto. La bondad personal, social, familiar,

religiosa, ha de extraer de sus más hondas raíces los remedios que se necesitan para erradicar el aborto de

la historia actual, en la que está dejando ríos de sangre y de culpabilidad. Precisamente desde

presupuestos cristianos la bondad ha de ser más bondad, y sobre todo más operante, por lo que, a quienes

profesan esta fe, no les deberán distinguir el tono y la intensidad de la condena, sino la capacidad

bondadosa y eficiente de las ayudas que precisen los demás, en función de sus, necesidades reales.

Jerárquicamente la «ayuda de la bondad operante» será mucho más ejemplar y expresiva que en el resto

del pueblo de Dios.

Cris t i a n a y sensatamente es presumible que desde presupuestos humano divinos, el problema del

aborto quedará mejor enfocado que desde presupuestos y procedimientos jurídico-legales.

Antonio ARADILLAS

 

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