La España oficial     
 
 El Alcázar.    02/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

LA ESPAÑA OFICIAL

Decididamente^ el Gobierno va por un lado y el Pueblo por otro.

Como si se quisiera ahondar aún más el abismo que separa la España real de la España oficial —es decir

las diferencias fácticas existentes entre los sentimientos populares de repulsa a la subversión y el

terrorismo comunista, y la medrosa actitud de condescendencia, diálogo y debilidad que muestra el

Gobierno ante el avance marxiste—, se ha hecho pública una nota gubernamental que reducía a nivel

oficial el legítimo homenaje multitudinario que el pueblo madrileño deseaba manifestar en el funeral

oficiado por los Policías Armados y Guardia Civil asesinados la semana pasada en Madrid.

No deseamos plantear agravios comparativos. Pero los hechos son los hechos.

En tanto el día 26, los abogados comunistas asesinados en la calle de Atocha —presumiblemente y con

fundadas sospechas, como consecuencia de una "purga" o ajuste de cuentas entre miembros del partido—

eran conducidos hacia el cementerio en medio de una manifestación en la que ostensiblemente actuaron

las milicias comunistas, y que degeneró, finalmente, en actos de violencia; la conducción de los cadáveres

de los servidores del Orden Público, caídos en el cumplimiento del deber, tuvo un carácter de intimidad y

urgencia que sustrajo a millares de madrileños la ocasión de rendir homenaje público a los heroicos

agentes asesinados.

La ostensible diferencia de trato, ofensiva para los servidores del Orden, podría haberse compensado a la

hora del funeral organizado para hoy por el Ministerio de la Gobernación, en San Francisco el Grande. No

ha sido así. Con el recordatorio de que el Gobierno ha prohibido las manifestaciones y con la excusa de

"evitar posibles incidentes y alteraciones de orden público", la actitud oficial ha vuelto a escamotear el

justo homenaje popular que los madrileños deseábamos rendir a los heroicos guardianes de la Paz y el

Orden, Fernando Sánchez Hernández, José María Martínez Morales y José María Lozano Sainz.

¿Pesa sobre el Gobierno el recuerdo de las expresiones de desaprobación y censura hacia él, gritadas

durante el sepelio de estas últimas víctimas del terrorismo comunista?

Lo cierto es que el pasado día 26, el Partido Comunista pudo organizar a sus anchas una manifestación

callejera y partidista en honor de sus muertos, mucho más escasa de número de lo que los apologetas

anticiparon. La autorización le fue arrancada al ministro de la Gobernación después de un vergonzoso

forcejeo, ante el que, finalmente, cedió.

Solamente cuando el Partido Comunista hubo consumado su manifestación de masas, acordó el Gobierno

la prohibición de cualesquiera otras manifestaciones. Esgrimir tal prohibición con ocasión del funeral por

los defensores del Orden Público, vilmente asesinados por los comunistas, distancia gravemente las

decisiones gubernamentales de los sentimientos populares y no contribuye, precisamente, ni a la

serenidad ni a la concordia.

Porque resulta ofensivo para las víctimas, para sus familiares, compañeros y amigos, comprobar que los

Caídos en el servicio de España y del Estado, reciben un trato discriminatorio.

 

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