Autor: P.. 
   Recogida de armas     
 
 El Alcázar.    05/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

RECOGIDA DE ARMAS

MEDIANTE ua nuevo decreto-ley, el Gobierno Suárez decidió restablecer la tan demostrada y casi reden

desguazada, también por decreto-ley, naturalmente. Ley Antiterrorismo.

Entre las medidas que al Gobierno Suárez se le han ocurrido para luchar contre el terrorismo está la

retirada de armas. No aos interesa entrar en polémica con "El País" sobre sí nuestros servicios especiales

en París le han dado una pista ai Gobierno para conocer a quienes debe dejar inermes o si, como insinúa

"Diario 16", el Gobierno ha coincidido en sus decisiones con las previsiones que para el proceso español

habían conocido nuestros servidos oficiales en ciertos ambientes del Gran Oriente de Francia.

Sí queremos dejar constancia, sin embargo, de una verdad de Perogrullo: ningún delito político por delitos

de sangre o común premeditado se comete por titulares de licencias de tenencia de armas.

De no ser así, los culpables.

Las armas que realmente deben preocupar a los poderes públicos no son las tenidas por los ciudadanos

bajo licencia, controlables en cualquier instante y obtenidas después de una prolija y exigente tramitación,

además de una clarificación minuciosa de garantías morales, penales, etc. Las armas peligrosas son las

que no tienen licencia, las clandestinas, las adquiridas ilegalmente dentro o fuera de España. Esas son las

armas del crimen.

¿Qué sentido tiene entonces prevenir el terrorismo mediante la retirada de licencias y de armas legalmente

adquiridas? A una medida tan paradójica sólo pueden hallársele dos explicaciones válidas: una maniobra

demagógica, encaminada a dar una satisfacción a la oposición ilegal en sus negociaciones con el

Gobierno; un intenta frió y calculado de aprovechar la tensión emocional de los crímenes recientes para

dejar indefensos a muy concretos sectores de población, frente a quienes tienen las armas sin legalización,

es decir, precisamente frente al terrorismo.

No creemos que debamos dar crédito a la segunda hipótesis, aunque algunas conductas parezcan

empecinadas en hacerlo admitir a la opinión pública.

Es conveniente, de todas formas, recordar que una medida análoga fue adoptada de inmediato por el

Frente Popular, inmediatamente después de la instalación de un Gobierno pre-revolucionario, a raíz de las

violentadas elecciones de febrero de 1936. Aquellos depósitos de armas sirvieron poco después para

armar a las masas enloquecidas por la demagogia. Las armas requisadas a sus tenedores lícitos sirvieron

realmente para asesinarles meses después en cualquier cuneta o en Paracuellos del Jarama.

¿Es un signo admonitorio de la Providencia que esta réplica de la previsión revolucionaria del Gobierno

del Frente Popular en 1936, se tome precisamente en el instante de exaltación política de Santiago

Carrillo, favorecida desde ciertas áreas del poder?.—P.

 

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