Reflexión para un éxito     
 
 Arriba.    12/02/1977.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

• REFLEXIÓN PARA UN ÉXITO

ESTE periódico se quiere sumar hoy, sin ningún tipo de literatura, a lo que creemos unánime

sentimiento nacional: alegría por la liberación de los señores Oriol y Villaescusa, sensación de

alivio frente al cerco de una minoría terrorista, y felicitación sincera al Gobierno Suárez, al titular

del Ministerio de la Gobernación y, muy especialmente, a las Fuerzas de Orden Público. Sus

hombres no sólo han obtenido uno de los éxitos más importantes de la historia de la Policía

española, sino que han demostrado un elevadísimo nivel de eficacia. El desenlace de la

operación, sin un herido, sin derramar una sola bota de sangre, es un admirable ejemplo que

debe ser resaltado en su justa medida.

Es el día de hoy —y sobra toda insistencia en los calificativos— una jornada de éxito para toda

España, Un éxito que se consiguió a base de estos ingredientes: serenidad en el Gobierno y

eficacia en las Fuerzas def Orden, Los periódicos hemos debido pasar estos días por una dura

prueba profesional, como es la de someternos al silencio por [a declaración de materia

reservada de todos los asuntos relacionados con el secuestro. Nunca se nos ocurrió pensar en

ARRIBA que se pudiera tratar de una medida arbitraria. Ahora, sin embargo, queremos dejar

claro que nos sentimos satisfechos de la reserva impuesta, pues estos sacrificios colectivos se

han visto plenamente justificados por los resultados.

Dicho esto, que se nos antoja un deber moral y profesional, hemos de señalar algo más: están

muy cerca, resuenan todavía en nuestros oídos, las palabras del Presidente Suárez en su

última alocución al país. Eran unas palabras de serenidad en las que resaltaban varios

principios: el reconocimiento de que no había medidas milagrosas contra el terrorismo, pero se

trabajaba Juramente en la localización de los autores de los últimos atentados; la clara

confesión de que no se habían querido adoptar acuerdos espectaculares, pues a la larga serían

ineficaces; y el acuse de recibo de una petición de la sociedad, que reclamaba soluciones

urgentes.

Si entonces le dimos la razón al Presidente, hoy debemos insistir en ios mismos

razonamientos. El desenlace del secuestro de las dos ilustres personalidades ha sido un triunfo

de la normalidad. Por parte del Gobierno se adoptaron las medidas imprescindibles: la

suspensión temporal de los artículos 1-5 y 18 del Fuero de los Españoles para facilitar los

registros en una operación en la que se jugaba ni más ni menos que el necesario ambiente de

tranquilidad pública para culminar el proceso de transición. A cambio, ha resaltado firme la

voluntad de proseguir la democratización. Aunque en los dos meses de secuestro del señor

Oriol y en los días de secuestro del teniente general ViIlaescusa apenas hemos podido escribir

la palabra «normalidad», el Gobierno no cesó en su empeño —respaldado por e¡ pueblo

español— de normalizar la situación interior y exterior. Los dos ejemplos más visibles son, sin

duda, las correcciones introducidas en la Ley que regula el derecho de asociación política y las

relacíones diplomáticas a nivel de Embajada con ¡a Unión Soviética. El país, gracias a la

capacidad de iniciativa del Gobierno —que se concentro en tres puntos: la propia Presidencia,

el Ministerio de Asuntos Exteriores y el de Gobernación— no perdió nunca su pulso ni su ritmo.

E! realismo, sin embargo, no empaña nuestra contemplación de los hechos. Estamos ante un

éxito espectacular, sin precedentes, que debe ayudar de una forma clara a continuar por el

camino emprendido. Pero sigue siendo una amarga y elemental verdad que allí donde hay un

asesino dispuesto a matar, hay la posibilidad de que se cometa un crimen. No por la liberación

de los señores Oriol y Villaescusa se elimina e| fantasma del terrorismo ni la violencia queda

relegada de un país. Habrá, por fuerza, todavía asomos de quienes quieren hurtar por los

procedimientos que sean la posibilidad de la convivencia. Una muestra elocuente la henos

tenido ayer en Hospitalet, donde un servidor del orden, ha sido acribillado a balazos. Esto

debemos aceptarlo como es, porque siguen sin existir varas mágicas que nos sitúen er una

especie de paraíso terrenal de la paz.

Pero hoy, más que nunca, los españoles debemos apiñarnos, arropar con el apoyo a la Policía

que, de una forma muchas veces anónima, defiende los intereses generales de un país. El reto

de hoy sigue estando, coma hace unas semanas, en tener una respuesta social para los

desafíos de las minorías fanáticas. Una respuesta social que debe acompañar, por fuerza, a !a

brillante gestión de la Policía. Sin ella, nada es posible. Con ella, podemos volver a tocar con la

mano la posibilidad de entendernos.

 

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