Autor: Torre Franco, Jesús. 
 Con la primera escaramuza en tierras de León. 
 Estalló la guerra de las patatas  :   
 Los agricultores frente a los almacenistas por no respetar el precio acordado. 
 Arriba.    16/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Con la primera escaramuza en tierras de León

Estalló la "guerra de las patatas"

* Los agricultores frente a los almacenistas por no respetar el precio acordado

* La falta de claridad en el mercado de este tubérculo puede ser el origen de esta muestra de

cólera en el campo

Hay una latente «guerra de las patatas» cuya primera escaramuza se ha librado en tierras

leonesas de Astorga. Gracias al diario local - «El Pensamiento Astorgano» - sabemos ahora,

con cierto retraso, que un camión cargado de este tubérculo, que se encontraba situado a las

puertas de un almacén de este género, fue incendiado durante la madrugada del pasado día 9.

El periódico dice que se desconocen los autores, pero especula con la posibilidad de que el

suceso sea una muestra de «disconformidad con la postura de algunos almacenistas, los

cuales no han respetado el precio acordado para la compra del citado producto».

Como es conocido - en esta página nos hemos hecho eco de esa postura -, los agricultores

leoneses acordaron no vender patatas a menos de 11 pesetas el kilo. Los cultivadores, no sólo

de León, quieren para sus patatas precios más remuneradores. Ahora las venden a precios que

oscilan entre 8 y 10 pesetas el kilo. Pero quieren más, entre otras razones, porque en Europa

hay escasez y los mercados exteriores garantizarían, por lo menos, un duro más en kilo.

Frente a esta postura está la de la Administración, que estima que no puede dejar abiertas las

fronteras a las patatas hasta que no tenga la seguridad de que en el interior hay género

suficiente para evitar el alza desmesurada de precios. El problema estriba en que nadie es

capaz de asegurar la cifra de patatas que en estos momentos existe en España. Según los

agricultores, sobran 300.000 toneladas. Según las autoridades responsabilizadas con los

abastecimientos, esa cifra es una afirmación temeraria. Vamos, que no se lo creen.

En esta controversia, el Ministerio de Comercio y el de Agricultura han optado por seguir una

postura intermedia. Autorizan la exportación en partidas pequeñas, para ver cómo reacciona el

mercado. Si se exportan 30.000 toneladas, última autorización, los precios no se resienten,

puede ser una presunción cierta de que hay suficientes patatas. Por el contrario, si la pequeña

salida determina un deterioro en los precios, es una prueba concluyente de que las existencias

son las justas.

Los productores, a la vez de sostener una postura distinta a la de la Administración, guardan

serias reservas sobre los almacenistas, porque su capacidad para retener el producto puede

falsear los datos del mercado y, de paso, hacerles millonarios, como ocurrió el pasado año.

Este es el tablero de la partida. Al margen, como siempre, los consumidores, que se preguntan,

entre otras, las siguientes cosas: ¿Cómo es posible que vendiéndose las patatas en el campo a

10 pesetas, en los mercados de la ciudad haya que pagarlas a 22 pesetas? ¿Qué clase de

aparato estadístico y de control tenemos en nuestro país que no permite, en un período dado,

conocer las existencias reales de un producto?

Con una mala estructura comercial y un deficiente sistema de información es fácil adivinar que

casi todos pueden dar palos de ciego. Mientras tanto, unos mercados rentables para los

agricultores que se pierden, una cacareada abundancia que el consumidor no percibe y unas

muestras de cólera, como la que nos ocupa, que a nadie benefician. Este es el panorama.

Jesús TORRE FRANCO

 

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