Autor: Aznárez, Malén. 
   Basilio Martin Patino  :   
 Entre la ambigüedad y el cambio. 
 Arriba.    22/05/1977.  Páginas: 4. Párrafos: 36. 

BASILIO MARTÍN PATINO ENTRE LA AMBIGÜEDAD Y EL CAMBIO

Primero fueron los seis meses en cartelera --caso insólito para una película nacional-- de "Canciones para

después de una guerra".

Ahora los "Queridísimos verdugos causan estupores en un cine de la Gran Vía, y galopando con muy

difícil freno se avecina "Caudillo", que promete una polémica mayor que en los anteriores. Este, aseguran

muchos, es el año de Basilio Martín Patino, el director del silencio durante los seis ultimos años. Además

del estreno de dos de sus obras largamente silenciadas, Basilio ha estrenado casa, comfortable, amplia

terraza frente al Palacio Real, y estrena tambien festivales. Cannes.

«En caso de hacer nn alegato lo haría contra la pena de vida, que es la que me afecta»

«Cuando decían ¡pobre Patino! yo me reía, porque era absolutamente feliz. Han sido mis mejores años,

haciendo lo que me daba la gana»

«He hecho "Caudillo" para mí mismo, porque quería explicarme lo que significaba el Régimen

y las consecuencias de una guerra que nos ha traumatizado a todos»

«Soy ambiguo por naturaleza, no tengo nada seguro en la vida y dudo de todo. Me niego a dar moralejas,

porque no soy un manipulador»

BASILIO MARTÍN PATINO

Berlín... Ha sido necesario salir de¡ sótano del montaje, hacer relaciones públicas, entrevistas,

comercializar los productos. Todo eso puede cambiar la mecánica de vida, todo eso puede causar

contradicciones...

—Desde luego me causa el desarreglo de mi vida privada. Por características personales, yo soy

introvertido; cuando más feliz soy es trabajando en mí estudio, una especie de bunker donde estoy a gusto

y donde he ido desarrollándome este tiempo haciendo e| cine que yo quería sin preocupaciones

financieras, burocráticas, etcétera. Pero el cine está supeditado al público, es otro terreno y no basta con

hacer una película, hay que ponerla en circulación, hacerla rentable... Es una especie de agresión continua

a mi personalidad, que me es tremendamente incómoda, pero son gajes del oficio. Yo siempre he dicho

que lo bonito es hacer las películas, montarlas. Luego lo horrible es tener que defenderlas en un mercado

totalmente supeditado a la burocracia y a unas estructuras que son el límite de todo orden social. Alguna

vez me he recordado de cuando era estudiante de tetras, que una revista de tipo fascista tenía un lema en

latín, flue decía algo así como «en una mano llevaba el trabajo y en la otra la espada». Esto pasa con las

películas, con una mano las haces, con ia otra tienes que defenderlas.

—No es muy normal que el director tenga que ocuparse también de la comercialización, distribución,

publicidad. ¡En qué especial sistema se mueven tus películas?

—Al ser productos muy concretos, con unas características muy especiales, nos hemos tenido que

inventar nuestra propia sociedad para lanzar este tipo de películas. Pero yo quiero desprenderme de todo

esto, quiero dejarlo en manos de mis socios, porque desconozco el tinglado y lo hago muy mal, €|

lanzamiento de «Queridísimos verdugos» lo hemos tenido que hacer entre mi socio y yo, y creo que ha

sido un fracaso, porque hay unas técnicas de publicidad que nosotros desconocemos. Igual pasó con

«Canciones», fue un lanzamiento de la noche a la mañana y todavía no sabemos cómo resultó...

—¿Por qué crees que os habéis equivocado con «Verdugos»?

—Era un lenguaje difícil para un lanzamiento, porque una película de tema tan terrible o se iba por el lado

popular de sucesos tipo «El Caso» o tenía que ir por un aspecto un tanto cultural. Lo fácil hubiera sido

explotar, s! quieres, ia vena sensacionalista, hablar de la película donde se va a ver la muerte del

Monchito, de Jarabo. Algo morboso, pero que llena los cines. Lo rechacé porque me daba una especie de

prurito purista y me parecía un oportunismo. En contra de mis propios socios me empeñé en llevarlo a un

terreno de la tradición española, y me da la sensación de que me he equivocado, aunque nunca se sabe,

porque el cine es algo que hasta que no está la película funcionando es un misterio. Si hubiera puntos

concretos de referencia ya habría muchos millonarios y son pocos tos que a través del cine han llegado a

ese estado económico. De todos modos, ya te digo que prefiero dejar todo esto, porque yo era feliz

cuando nadie se acordaba de mí y ahora, entre otras cosas, tienes que defender las películas para que

nadie te las hunda.

—Es curioso, tantos años diciendo ¿pobre Patino! Tan marginado, sin poder estrenar, lo mal que lo está

pasando...

—Yo lo he pasado fenómeno; han sido mis mejores años, esa es la puñetera verdad. En ese mundo de

montaje he sido absolutamente feliz y cuando decían (pobre Patino! yo me reía, porque estaba haciendo lo

que me daba la gana, totalmente a gusto. ¿Quién hacía entonces una película sobre Franco? He hecho lo

que he querido. Se da la paradoja de que en los últimos años me he permitido hacer el cine más libre, y no

sólo a nivel español, sino Internacionalmente, porque pocas productoras del mundo se pueden permitir

hacer una película como «Verdugos». Yo la hice porque obedecía a un estado anímico de irritación y

tenía que hacerla, sin preocuparme de si se iba a estrenar o no.

—El resultado, tan sorprendente como terrible, y que hace salirse del cine a algunas personas que no

pueden soportar ver tan claramente otra realidad de la sociedad española, se ha convertido para muchos

en un alegato contra la pena de muerte.

—¿Por qué tengo yo que hacer un alegato contra nada? Para eso están los juristas, los abogados. En caso

da hacer un alegato lo haría contra la pena de vida, que es lo que me afecta, la ínfima calidad de vida que

llevamos y que es la que a mí me afecta, la de esa otra España que yo descubrí al rodar la película.

Aunque, claro, en el fondo siempre hablas de las cosas que te afectan.

—La gente sale profundamente impresionada de «Verdugos»? ¿Cuál fue vuestro estado de ánimo

mientras rodabais en ese mundo y con esos personajes tan reales, pero que parecen surrealistas?

—«Verdugos» está hecha en seis días, corriendo de una parte a otra, sin permisos, totalmente alucinados,

como en una especie de safari. Fue un contacto de cara a un inframundo que está ahf, a cuatro kilómetros,

y que parece que ha resbalado por nuestras vidas. Lo hice de un modo un tanto insensato, lanzándome, y

encontré algo sorprendente, una realidad que superaba a todo lo imaginado. Cuando estás metido dentro

del lío llega un momento en que se pierde la perspectiva y no te impresiona nada. Fue un proceso de

enriquecimiento personal, en el que me di cuenta de muchas cosas. La condena hipócrita de la sociedad

hacia tos verdugos, cuando son ellos las víctimas, ios más desgraciados de los desgraciados,

Instrumentalizados hasta el límite grotesco de que les obliguen a matar a sus propíos compañeros o

parientes. Esto te hace recapacitar sobre el ser humano. Durante el rodaje tuvimos pocos

puntos de reflexión; luego viene el proceso de elaboración durante el montaje y te das cuenta del

fenómeno de que tienes en tus manos un material que es explosivo. De todos modos es cieto que los

personajes parecían surrealistas. ¡Eran increíbles! Bueno, el verdugo de Granada resultó insoportable. En

un viaje de vuelta que hacíamos en e! coche con él acabamos por sacarle un billete de tren, porque era

algo inaguantable.

—Con un material y personajes así. Ha funcionado la autocensura?

—Yo ta he hecho a lo bestia, con todas sus consecuencas, sabiendo que asustaría al público, pero no me

he preocupado. Lo que he tenido que hacer es moderar el material para no hacerlo absolutamente

insoportable. Algunas manifestaciones de los verdugos eran tan brutales, que era preciso una moderación,

un equilibrio de hasta dónde se podís» llegar. No había por qué pasarse; ya e| tema era suficiente. Lo que

tq aseguro es que está hecha con absoluta libertad, un lujo que no sá si voy a poder repetir.

—Da la impresión de que «Verdugos» es una película mucho más clara, menos equívoca que la discutida

«Canciones para después de una guerra».

—Yo soy ambiguo por naturaleza, no tengo nada seguro en ia vida y dudo de todo. En ese sentido,

«Verdugos» es más clara, pero así y todo ha habido algún crítico que no sabía al final si estaba a favor o

en contra de la pena de muerte.

Lo que pasa es que continúa habiendo ciertos resabios de que hay que dar una moraleja hecha, y yo me

niego porque por encima de todo no soy un manipulador. Y esto va a pasar mucho más con «Caudillo»,

en la medida que no van a encontrar la carnaza contra Franco que están esperando. A mí me parece más

bonito dar una cara frente a otra y que la gente saque sus conclusiones. Nadie es quien para adoctrinar a

nadie, n! para manipularle.

—De todos modos. «Canciones», y dado el éxito que ha tenido entre las clases políticas más opuestas,, no

negarás que resultaba, quizá demasiado ambigua, sobre todo si es cierto, como aseguran, que tenías un

material estupendo que no has utilizado,

(Por primera vez Patino ha perdido la absoluta tranquilidad, la sonrisa fácil, que no es nunca

estereotipada, y ha esbozado otra sonrisa entre escèptica y ligeramente cabreada, acercando suavemente el

tono.}

—Eso es ridículo. Ei material que tenía para «Canciones» era horrible. No tenía más que NODOS

triunfalistas obsolutamente ímpresentables. Me he visto negro para manipudar el material y que pareciese

que era lo que no era, porque en cine es lícito todo.

Eso si, el NODO a tu disposición, con todas las sesiones inaugurales, retóricas y folklóricas. Y hay cosas

que no se han dicho, pero tan ambigua no será cuando hay sitios, como en Guadalajara, donde el

Gobernador ha impedido que se proyecte hasta ahora. Y en Granada, el empresario tuvo que retirarla por

las amenazas veladas. Y en Málaga. Claro que ai mismo tiempo unos determinados sectores de izquierda

decían que era un oportunista. Y algunos presos que salían de la cárcel de Burgos se mostraban

absolutamente conmocionados porque veían en ella sus experiencias personales.

Y Basilio Martín Patino, traje vaquiero, presencia más bien tímida, amistoso y siempre dubitativo, vuelve

a hacer gala de su ambigüedad, de su antidogmatismo total, de la huida de la definición por excelencia:

«El confundir, el perturbar, el agitar, me parece una labor tan positiva que lo verdaderamente siniestro me

parece el aclarar cuando nadie está clara y eí esquematizar, que es a lo que nos hemos acostumbrado en

los últimos cuarenta años».

—Para «Cadillo? sí que he encontrado un material absolutamente espléndido, inaudito, que va a ser una

gran sorpresa, Pero en NODO no «labia más que retórica y manipulación, que es lo que se podía filmar.

Quien dice que tenía buen material no tiene ni idea de lo que se ha rodado en este país. Para sacar una

cola o dar sensación de estraperlo tenía que valerme de colas de antes de la guerra o de des* pues, que al

fin y ai cabo eran colas, o de fotomontajes. Por supuesto, lo ideal es no tener que hacer eso, pero en una

película de montaje hay que valerse de lo que se puede. ¡Que me digan dónde está ese material I Es de

perogrullo que aquí no había más cosas filmadas que actos oficiales.

—«Caudillo» sigue, más o menos, la misma técnica que tus anteriores películas. ¿Qué puede aportar

sobre la figura de Franco?

—Yo hice la película para mí mismo, porque quería explicarme lo que significaba el régimen y las

consecuencias de una guerra que nos ha traumatizado a todos. Necesitaba informarme en tomo a lo que

había pasado al margen de todos los tópicos en que nos han educado. Ha sido un intento muy serio, con

mucha gente trabajando en torno al tema. Hemos recorrido todo e) mundo buscando documentos gráficos.

Yo todo eso lo he filtrado a través de mí mismo y pienso que en la medida que me afecta a mí también

afectará a los demás. Sería ridículo sentar cátedra de francología cuando ya está todo dicho. Pero el poner

en pantalla unos hechos aporta un enriquecimiento bueno sobre nuestro pasado. Yo no estoy ni » favor ni

en contra; sería ridículo, porque no tengo que alabar ni condenar a Franco; que el espectador saque sus

conclusiones. Esa es mí postura en el cine. Franco es, por otra parte, un tema tan delicado que cualquier

intento de manipulación por mi parte hubiera sido ridículo, lo cual no quiere decir que sea absolutamente

objetivo.

—Antes hacías alusión a ciertos ataques de oportunismo. ¿No crees que pueden repetirse con una película

como «Caudillo», de la que se dice que estás dispuesto a cortar lo que haga falta?

—La película está terminada poco antes de morir Franco, y no es por pedantería ni por tener una postura

un tanto chula, pero quien me acusa de oportunismo tiene gracia, porque el que me jugaba el tipo en aquel

momento era yo. Hice lo que creía que entonces tenía que hacer; salió muy larga y es posible que la tenga

que acortar algo por problemas de ritmo. Si ahora dura dos horas puede ser excesivo, pero sería ridículo

pensar que voy a censurarla. Si se pasado épocas malas y he esperado antes también puedo hacerlo ahora.

A Patino no parece gustarle demasiado que califiquen a sus películas de documentales. «El término tiene

un significado de desprestigio, porque aquí siempre se ha referido a los documentales de NODO o de

TVE puramente descriptivos. Claro está que hay otro tipo de documental, y en ese sentido, mucho más

real mi cine puede serlo; de todos modos, no creo que sea el tipo de cine ideal, pero he tenido que hacerlo.

He estado, como todos, tan condicionado por las circunstancias del país, que era difícil expresarse de otra

forma».

—De todos modos, se ha creado un «modelo Patino» entre el documental —aunque no te guste—, el

montaje y la historia de los últimos años. ¿Piensas seguir explotando el filón con la misma técnica?

—Lo que voy a hacer de ahora en adelante no tiene absolutamente nada que ver con esto en lo que parece

que quieren encasillarme, porque todas las ofertas que tengo son sobre lo mismo, pero no quiero decirte

más. Y io hago adrede para huir de esta pocilguita. He hecho estas películas porque me parece que tenía

que hacerlas; ahora las circunstancias han cambiado y tengo mis reservas. Estos últimos años, en que

todos estábamos condicionados, yo lo que hacía era luchar contra ello. Ahora empiezan 9 estar las cosas

confusas, ten tendentes a un oportunismo político cue me asquea instintivamente y me hace huir. No

quiero caer en estos momentos en un cine falsamente democrático o Insistir en esta especie de

conmiseración de nuestra historia, de nosotros mismos. Si, estoy harto de todo esto. Pienso que es un

momento de saberse reservar y de mirar hacia el futuro.

—Por lo que veo no estás muy de acuerdo con ei cine político o pseudo-politico que empieza a surgir.

—Me parece repugnante. Encuentro muy bien que lo hagan los demás, pero a mí, instintivamente, por

sensibilidad, me parece zafio, basto y manipulador; claro que es una opinión mía. Por desgracia me

parece que es le que va a tener aceptación en estos momentos, porque es lo que el público quiere. ¿Que yo

también hago política? Claro, en la medida en que toda reflexión es política, en la medida que dé

testimonio de mi realidad hago política, pero conscientemente no lo haré. ¿Cómo no va a ser política una

vida sobre Franco? Lo será desde ya, pero una política que no se va a poder atribuir ningún partido. En

cuanto a cine político, ya dejé plantada una película que iba a hacer sobre Lorca en Italia, porque me di

cuenta que era una encerrona con fines claramente lucrativos y me alegro de no haber caído en aquella

trampa.

—¿Y no son los festivales, a los que ahora vas, Cannes, Berlín, otra trampa? ¿O es que te hacen ilusión

después de estos años de silencio?

—Un festival siempre es en sí algo repugnante, porque es un mercado, una plataforma mercantil, a la que

es ridículo oponerse, porque los que la han inventado, invtrtiendo millones, quieren recuperarlos. Se

sublima, se recubre de fórmulas artísticas, pero es un camelo. Yo me he opuesto a ir a Cannes

personalmente, porque no estoy dispuesto a ir de mono, de españolito subdesarrollado, una especie de

tercer-mundismo, que es lo que hacen cuando colocan «Verdugos» fuera de concurso en una muestra de

«cine antropológico». Sí quieren verla, que la vean, pero que me dejen tranquilo y no me obliguen a hacer

el ridículo. A mí me parece bien que haya festivales, pero me repugna competir, es algo absurdo. ¿Cómo

voy a competir con mis películas hechas en el sótano de mi casa y con cuatro amigos, con las

superproducciones americanas? Berlín es distinto. Voy fuera de competición, invitado especialmen, y la

película se verá sin discriminación alguna. Además no podía oponerme, porque una vez que estás dentro

del engranaje comercial, se acabó. Las películas están hechas para venderlas...

Próximo al cambio, en conversaciones para otra película «que no tendrá que ver nada con las anteriores»,

pero de la que no quiere soltar prenda, «estoy verdaderamente necesitado de hacer otra película, pero no

de otro producto, algo con lo que me lo pose bien». Patino espera y vuelve a quedar en el aire la palabra

libertad. «Tengo una especie de obsesión tal por la libertad individual que raya en el fetichismo, y lo que

haga o es con una libertad mínima o no haré nada. Pero no es por purismo, ni por integridad y todas esas

cosas, es por egoísmo, porque me he convencido que es lo más rentable, lo que mejor me va, lo que más

me gratifica».

«" Queridísimos verdugos" la he hecho a lo bestia, con todas sus consecuencias, sabiendo que asustaría al

público»

•«Franco es un tema tan delicado que cualquier intento de manipulación por mi parte hubiera sido

ridículo»

«El cine político me parece repugnante. Me parece bien que lo hagan los demás; a mí, por sensibilidad,

me parece zafio, basto y manipuador»

«Lo que voy d hacer de ahora en adelante no tiene nada que ver con lo que he hecho, y lo hago adrede

para huir de esta pocilguita»

Malén AZNAREZ

{Fotos Julio MARTÍNEZ)

 

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