Los que no creen en la Democracia     
 
 Arriba.    17/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

IOS QUE NO CREEN EN LA DEMOCRACIA

«... Hoy que recordar que durante cuarenta años sa ho predicado monótonamente al desprestigio DE ta

democracia, se lo no denostado y escarnecido, se la ha Identificado con el engaño, ta explotación o el

desorden. El 90 por 100 de te que tos españoles han leído no sido contra la democracia. Los periodistas

han estado aprendiendo eso mismo en sus escuetas, y hasta hace una temporada han estado escribiéndolo

en los periódicos; se pueden reposar sus colecciones en la Hemeroteca Municipal, y seda una tarea

urgent».

Por si fuera poco, son muchos ios «demócratas» recientes que tienen particular devoción por aquellas

formas políticas en que no se hocen elecciones o, si se hacen, es con un soto partido y una lista única que

obtiene el 99,5 por 100 de los sufragios (salvo error, porque se puede llegar al 102 por 100). ¿Cómo va a

tener confianza en que el pueblo pueda rectificar, cómo va a suponer que el Gobierno puede perder, el

que tiene presentes esos modelos y no recuerda que ello haya ocurrido ni una sola vez?

Tampoco creen en to democracia los que auguran que si tal o cual grupo o partido triunfa, acontecerán

fieros males. Cuando se les reprocha, suelen defenderse diciendo que simplemente «predicen», como ei

hombre del tiempo, pero todos sobemos que amenazan, que expresan su decisión de no aceptar el

resultado de tos elecciones tí éste es adverso. Es lo que ocurrió varias veces durante ta República: algunos

partidos habían anunciado ya que no aceptarían tos resultados electorales mas que si eran favorables, y asi

fue. El 10 de agosto de 1932 se levantaron desde to derecha tos que no aceptaron tos elecciones de 1931;

en octubre de 1934 «e levantaron desde ta Izquierda tos que no acataron tas de 1933; en julio de 1936,

finalmente, se rebelaron tos que no pudieron esperar un cambio democrático después de tos elecciones de

febrero, y allí terminaron tos elecciones, y toda democracia, enterrado a paletadas alternas por ambos

extremos del país.

A ta hora de resucitaria, ¿no conviene tener eso presente? Parecería sensato preferir to hoja de servicios

de tos que contribuyen a establecerla a to de aquellos grupos o individuos que se distinguieron en su

demolición.

Se dice q veces que las «credenciales» democráticas de tales o cuates políticos o grupos dejan mucho que

desear, y suele ser cierto. En un pafs en que no ha habido democracia durante cuarenta anos largos —dejó

de haberte, no se olvide, en 1936—, no es probable encontrar equipos que to encamen con el rigor debido,

nf siquiera políticos qu» sepan ser fieles a te totalidad da sus exigencias. Pera todavía hay gran diferencia

entre el espíritu democrático imperfecto y ei espíritu antidemocrático. Los que buscan to perfección

deberían darse cuenta de que sf no to hay es forzoso elegir entre Imperfecciones mayores o menores.

Yo diría que hay que elegir, sobre todo, entre tendencias. Los grupos que tienden hacia la democracia me

parecen preferibles a tos que se han encontrado muy bien sin ello y nunca ta han echado de menos, a loe

que —por ambas partes— la destruyeron cuando Imperfectamente existía, a tos que soto Invocan to

democracia cuando no están en el Poder. La busca de una perfección ilusoria y en este momento

imposible puede llevar a destruir tos posibilidades de una democracia todavía Insegura, pero hada to que

se ha avanzado prodigiosamente en año y medio.

Finalmente, hay un punto sobre el cual no hay demasiada claridad: to que podríamos llamar to

«contaminación» con el régimen anterior. Por convergencia de una serie de motivos, principalmente to

aceptación de algunos sacrificios y ta retracción total a ta vida privada, la mía ha sido cero. Esto me

permite tocar con holgura tan espinoso e insostoyabie tema.

Se da por supuesto que esa «contaminación», cuando es antigva, es disculpable, y cuando es rédente, muy

grave. Pienso to contrario: el régimen qje terminó en 1975 me pareció siempre Inadmisible, contrario o

lo» detechos de tos ciudadanos españoles, representativo de una guerra civil devastadora y destructora de

la normalidad politica; pero ef desgaste de tos años y to evolución de tos cosas dentro y fuera del país

habían hecho que el régimen, en sus últimos años, no fuera ni sombra de to que había sido, y sus

elementos negativo» —suficientes para seguir considerándolo Inaceptable— eran incomparablemente

Inferiores a lo que hablan sido durante muchos anos desda 1939

Es decir que to adscripción, tal vez entusiasta, en su primero fase tiene una gravedad mucho mayor que to

Incorporation en su fase final sobre todo si se trata da personas jovenes que no han encontrado otra cosa,

que no han tenido propiamente otra opción.

¿Cuanto» son tos españole», incluso en tos partidos que se llaman de oposición, que no han ayudado a

establecerse a ese régimen? ¿Cuántos son tos que no lo han apoyado con sir esfuerzo y cooperación?

¿Cuantos tos que no to han elogiado? ¿Cuantos, finalmente, los que no han presentado certificados da

adhesión al régimen para ocupar puesto» y participar en su administración? SI con este criterio se

repasaran tas listas de candidatos, ¿cuál sería el resultado?

Ciertamente, no Invito a hacerte; he aborrecido siempre el espíritu de «depuración». Pero to condidón es

que no se hagan curiosa» excepciones dirigida* a to que podríamos domar contaminación venial. Tat vez

están dispuesto» o hacerla* tos que tienen dosis tan elevadas, que podrían ser políticamente mortales o to

hora de confiar en ello» para hacer vivir una democracia.»

Julián MARÍAS (en «El País»)

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