Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   La noche de los secuestradores     
 
 Informaciones.    18/12/1976.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LA NOCHE DE LOS SECUESTRADORES

Por Abel HERNÁNDEZ

LOS «grapos» habían dictado su ultimátum. La vida de un hombre bueno estaba en peligro. La familia

Oriol rezaba y lloraba, pendiente cada segundo del teletono, esperando el milagro y temiendo la tagedia a

la diez. Dos abogados partían rumbo a Paré en un avión espacial a ver si aún había tiempo para el diálogo.

En las Redacciones de los periódicos se agotaban ios cigarrillos y el café.

En algún lagar, la plana mayor del Gobierno trataba de encontrar desesperadamente una salida al túnel de

la irracionalidad. Don Rodolfo Martín Villa, un minuto antes de cumplirse el plazo, aparecía en Televi-

sión Española. Era "na respuesta a los terroristas: el Gobierno no puede ceder al chantaje —vino a decir—

per* se va a dictar un decreto generoso de clemencia. ¿Sería suficiente esta respuesta?

Llovía mansamente en la madrugada madrileña. Era una invitación a la calma. Los árboles de Navidad

estaban plantados en las esquinas. ¿Bastaría este llamar miento a la paz y a la concordia para no apretar el

gatillo asesino? El padre De Pons Llovet, conocido preso político, hacía un lúcido llamamiento urgente:

((Queremos la libertad de todos los presos políticos a través de una amnistía, no a través de un muerto.

Entendemos que el señor Oriol es, en estos momentos, preso político.» ¿Bastaría para llevar cordura a

estas almas enfermizas?

Aún no lo sabemos. El más espeso silencio cubrió ,1a alta madrugada. El Gobierno sigue reunido. La

familia continúa esperando el milagro. Los abogados tratan aún en París de lograr el diálogo. En las

Redacciones de los periódicos se multiplican las llamadas tele» fónicas y se sigue consumiendo café y

cigarrillos. Los secuestradores ya han tenido sn noche, mientras noria mansamente sobre Madrid y

estaban plantados en las aceras los árboles de la Navidad.

2

 

< Volver