El País y sus responsabilidades     
 
 El País.    17/12/1976.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

OPINIÓN

EL PAÍS, viernes 17 de diciembre de 1976

EL PAÍS

DIARIO ÍNDEPENDÍENTE DE LA MAÑANA

EL PAÍS y sus responsabilidades

No TENDRÍA sentido ocultar que La decisión de los secuestradores del señor Oriol de utilizar nuestros

buenos servicios, para comunicar, primero, la autoría de su delito y transmitir, después, sus plazos y

condiciones, ha colocado a este periódico y posteriormente a nuestro colega Informaciones en una

situación tan indeseada corno incómoda. No faltan mercaderes que proyectan en los demás sus sórdidos

valores y que nos suponen satisfechos por disponer de una exclusiva que incremente nuestras ventas

La aceptación, por parte de EL PAIS del incómodo papel de intermediario no lia tenido otro motivo que

el deber moraí y la obligación ciudadaníi de contribuir a salvar la vida del señor Oriol. Como dijimos

hace unos días, la existencia de un ser humano es para nosotros sagrada, sea quien sea la victima, y la

amenace quien la amenace; y aunque sobre cualquier otra justificación, señalamos también los serios

peligros que para la consolidación de la democracia llevaría consigo IET desaparición del presidente del

Consejo de Estado. No nos hemos limitado a reproducir en nuestras páginas las noticias facilitadas por los

secuestradores. También hemos establecido contacto con las primeras autoridades del Estado y con la

familia del señor Oriol, y hemos colaborado en la búsqueda de una fórmuta posible que evite un

sangriento desenlace,

A nadie se le oculta que EL PAÍS no ha contado todo lo que sabe. Comprenderán los lectores lo duro que

resulta para los profesionales de la información el callarnos las cosas. Dar noticias es nuestra vocación y

nuestro menester. En el tema deí secuestro del señor Oriol hemos renunciado al trabajo que nos es propio

para asumir un papel que ni merecíamos ni deseábamos. Nosotros no escogimos a los secuestradores;

fueron los secuestradores quienes nos eligieron a ncsoiros —y después a rruesiro colega Informaciones—

como hilo conductor entre sus peticiones y la opinión pública, el Gobierno o la familia Oriol.

Conscieníertieníe hemos entrado en un terreno accidentado y minado. Es ya momento de reJatar que

redactores de este periódico, asumiendo riesgos superiores a. los que su profesión recJarna, han corrido

peíigros ñsicos (y los han padecido) en el intento general del periódico de que esta historia termine con

bien. Sabemos que ei final de este secuestro nos puede deparar dos gratificaciones: aparecer ante unos

como colaboracionistas de los secuestradores y ante otros como colaboracionistas del Gobierno. Nadie o

muy pocos —estimamos— nos tendrán por lo que somos: enemigos acérrimos de la muerte de los

hombres a manos de otros hombres.

Una parte de los intentos mediadores o negociadores entre los secuestradores y quienes pueden acceder a

sus exigencias ha pasado por esta redacción. Nadie podía exigirnos este trabajo adicional, fuera de nuestra

propia conciencia. Restan pocas horas para el desenlace, que —aun— esperarnos sea inteligente por todas

las partes. Entienda la opinión pública que para nosotros hubiera sido harto más fácil y cómodo no

descolgar el teléfono, negarnos a ser ía estafeta de un asunto que nos repugna, mediando, como media, la

vida de un hombre.

Desgraciadamente. Jos secuestrado res no han aceptado el menor diálogo telefónico, razón por la cual nos

ha sido imposible hacerles tlegar las propuestas de que se intentaba negociar. Una y- otra vez han

insistido en la inmediata liberación de los quince presos políticos y su traslado a Argel. El Gobierno, asi

pues, tendría que dar ese paso án más conírapresíación que ia promesa de los secuestradores de liberar

después al secuestrado.

Ahora bien, y aun cuando no entramos ni salimos en el fondo de la cuestión, forzoso es reconocer que en

estos casos los «usos internacionales», creados por esa epidemia contemporánea que es el terrorismo,

prescriben, como mínimo, el canje en terreno neutral del rehén y Jos presos. La promesa «bajo palabra de

honor» de devolver al señor Oriol, sólo cuando los quince detenidos se hallen a salvo en Argel, no es una

negociación, sino un ukasé

Según nuestras noticias, el Gobierno no está dispuesto a aceptar ese arbitrario ultimátum. El único terreno

de. negociación posible sería que el Gobierno garantizara la salida del pais de los secuestradores y

acelerase la promulgación de la amnistía total. Todo ello naturalmente, a cambio de la vida de] presidente

del Consejo de Estado.

El dramatismo de la situación no sólo no impide sino que exige algunas reflexiones políticas. De las dos

hipótesis que circulan acerca de los GRAPO, la primera, casi unánimemente aceptada en los medios de la

oposición, obligaría a excluir cualquier esperania. Si ese grupo está manipulado por servicios especiales

de incierto origen, la muerte del señor Oriol sería el detonador ideado para desencadenar «na oleada de

desórdenes que imposibilitara el florecimiento de la apenas iniciada vida democrática, creando así las

precondiciones para un golpe de Estado más propio de Latinoamérica que de Europa. Ahora bien, si tos

secuestradores pertenecen realmente a una secta de extrema izquierda, queremos hacerles [legar nuestros

argumentos.

Quienes amenazan la vida del señor Oriol están a punto de provocar una espiral de violencia de alcances

insospechados. Los dirigentes de la oposición democrática, salidos a la luz pública tras cuarenta años de

clandestinidad, constituyen hoy un blanco fácil para los numerosos gnipos bien armados de Ía extrema

derecha que se pasean impunemente por el pais. Las posibilidades de una amnistía total —y no sólo de

quince personas, sino de todos los presos políticos— desaparecerían por eníeío. La extrema derecha,

arrojada al basurero de la historia por su estrepitosa derrota en ef referéndum, tendría su deseada

oportunidad para intentar regresar al poder por Ja vía más expeditiva.

Por nuestra parte, hemosasurnidc no es tro involuntario y periférico protagonismo con toda tranquilidad,

de con-ciencia.. Confvaraos en que los demás protagonistas puedan hacer lo propio. Pero debemos

escribir, cuando aún hay tiempo, que nuestra dignidad y nuestra ética están muy por arriba de los cascos

de los caballos,

De una cosa fínaí no podríamos excusarnos: !a de resaltar el silencio de! Gobierno a lo largo de este

secuestro. El Gobierno, a los cinco días del secuestro, ha trabajado denodadamente —no lo ponemos en

duda— por ia libertad del señor Oriol. Pero en estas tensas jornadas el Gobierno apenas ha pronunciado

una palabra que pueda orientar a los españoles sobre cuál es su postura en relación con las exigencias de

los secuestradores.

 

< Volver