No se puede ceder al chantaje terrorista     
 
 ABC.    16/12/1976.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

ABC. JUEVES 16 DE DICIEMBRE DE 1976- PAG. 3.

NO SE PUEDE CEDER AL CHAHTAJE

TERRORISTA

Concluido et referéndum, cuya repulsa era el primero de tos objetivos confesados por el G. R. A. P. O.

tras secuestrar a don Antonio María de Oriol, es de esperar que un elemental Instinto político se imponga

al comando que lo retiene y la victima sea puesta en libertad Inmediatamente. No llene sentido pretender

que el Gobierno acceda a la exigencia de los secuestradores; es decir, que acepte el canje del prisionero

por quince personas condenadas a reclusión o sujetas a la acción de la Justicia, ninguna con peligro de la

vida.

El Gobierno no se someteré al chantaje, y el G. R. A. P. O. y sus mentores debieran saberlo. El Gobierno

no puede ceder ni aun en el caso hipotético de que ése fuera el deseo intimo de todos los miembros del

Gabinete. El Poder tiene sus servidumbres. Esto es tan evidente que no acaba de comprenderse semejante

petición.

Por añadidura, en esta ocasión concreta´ se da la circunstancia de que el Gobierno esté respaldado por la

unánime condena del secuestro, por la repulsa de la inmensa mayoría del país, incluidos los sectores

extremos de la oposición, a un acto de violencia. que hiere la sensibilidad de los españoles. No cabe

tampoco esperar un rescate en dinero; los propios secuestradores han desechado tal posibilidad.

Él espíritu de la familia quedó claramente reflejado en su ejemplar declaración; «Somos conscientes de la

entidad pública del secuestrado.» La entereza del señor Oriol es conmovedora: «Estamos en manos de

Dios. Hay que avivar te fe y aceptar lo que deponga, cuando quiera, como quiera y donde quiera.»

Llegados a este punto, los secuestradores sólo tienen dos opciones: dejar en libertad al señor Oriol, que

sería lo Inteligente, o asesinarlo. Tiembla la mano al escribirlo. Cerrado el referéndum, el asesinato a

sangre tria do un hombre indefenso, en el que concurren las circunstancias humanas, morales y sociales

del señor Oriol, seria un pésimo negocio político para el G. R. A. P. O. y «u entorno, dentro y fuera del

país.

Medítenlo los que estén en condiciones de influir sobre ese comando. Aterra pensar en las consecuencias

que en este difícil momento pudieran derivarse de una ciega acción criminal. ¿Con qué moral podría

pedirse después, de buena fe, una mayor amplitud para la amnistía? Convénzase el G.R.A.P.O.: lo mas

rentable para él y sus amigos seria dar al episodio un final humano.

 

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