Autor: García Serrano, Rafael. 
   Dietario personal     
 
 El Alcázar.    13/12/1976.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

Por Rafael GARCÍA SERRANO

SÁBADO, 11 DE DICIEMBRE

Quien permaneciera atento en la tarde de ayer y durante todo el día de hoy a la pantalla de la tele,

encontraría la palmaria demostración de cómo el democrático señor Ansón (el de RTVE, no Luis María)

entiende la utilidad de los servicios informativos. • Efectivamente, para la pequeña pantalla no existen

Santiago Carrillo, ni ha estado en Madrid echando roncas mientras levantaban acta de su presencia física

y política eso que los cursis de hogaño denominan "notarios de la actualidad", como los de antaño "chicos

de la prensa". Las parcelas de información manejadas por el Gobierno han procurado esconder

celosamente, cuando no podían callarla, la aparición del anciano dirigente comunista —lo de anciano es

una ingenua pataleta retórica y burguesa del "ABC"— que con sus 61 años es más joven, pongo por

ejemplo, que el conde de Barcelona, al cual sus partidarios consideran en la flor de la edad. Las

declaraciones del Santiago Carrillo no tienen la menor importancia ni en ellas asoma un exceso de

inteligencia política. Está, más o menos, a la altura normal de los funcionarios del Kremlin y dirigentes de

la URSS que surgieron después de la brutal genialidad de Stalin. Es un garbancero del tipo Breznev, pero

sin poder en las manos. Lo que sí tiene importancia, y más para un pueblo que admira la audacia, es su

golpe de efecto. Enemigo jurado del comunismo no tengo inconveniente en reconocer que hoy amaneció

más alegre cuando en esta España gris, chata, perjura, podrida, cobarde y en trance . de disolución camino

de su "finis" definitivo, el gesto de Carrillo ha supuesto un "schock" de sorpresa y de atrevimiento que no

digo yo que pudiera compararse con el qué hubiera causado Eisenhower rindiéndose al almirante Doenitz

el 7 de mayo de 1945 después del suicidio de Hitler y la entrada de los Kalmukos en Berlín, pero que se le

aproxima. Me importan muy poco las especulaciones que se hacen en torno a si el Gobierno sabía o no de

la estancia de Carrillo en Madrid, de si hubo o no cierta tolerancia —desmentida anticipadamente en las

declaraciones atrozmente tópicas y poco tranquilizadoras del señor subsecretario de Orden Público—, de

si la situación política exige o no sucias componendas. Doy por seguro que a la excelente policía española

no se le podía colar semejante contrabando impunemente. ¿Qué ha ocurrido, pues?...

A esta altura de mis cavilaciones andaba cuando me han avisado por teléfono del secuestro de Antonio

María de Oriol y Urquijo, antiguo ministro de Justicia, Consejero del Reino, actual Presidente del

Consejo de Estado y Medalla Militar individual. Se positivamente que el Gobierno esperaba pasar una

Navidad tranquila por lo que a este aspecto de la delincuencia —sin adjetivaciones, por favor— se refiere,

si bien tocando madera. La bofetada al Gobierno —y dejo a un lado en mis notas el enorme dolor de la

familia Oriol, al cual me uno de todo corazón— ha sido estruendosa. Ayer al mediodía le dieron al

Gobierno una ostrapedrín en la mejilla derecha. Parece como si durante la noche, el Gobierno, ya en

camisón y en la cama, con el orinal bajo ésta.en el meridiano de la cabecera, se hubiera dedicado a sus

oraciones y hubiese leído: "pero yo os digo que no hagáis resistencia al mal, sino que más bien, si alguien

te abofetea en la mejilla derecha, preséntale también la otra, y al que te quiere hacer pleito para quitarte el

traje, déjale también el capote". De modo que hoy, cerca del mediodía, el Gobierno ha ofrecido su mejilla

izquierda y mucho me temo que si alguien se empeña en quitarle el traje a la Patria, pronto veamos a

España en pelota viva.

Jamás se ha visto un ministro de la Gobernación tan piadoso como mi antiguo amigo y lejano camarada,

el señor Martín Villa, ni tan ligado a la aurora boreal. Reconozco que ni a mi peor enemigo le desearía la

poltrona que ocupa, ni mucho menos la ineficacia con que la ocupa. ¡Pena me da!

España se nos desmigaja como un pan reseco pasado por el rallador y lo único peligroso "en este país" es

defender la unidad de la Patria.

DOMINGO, 12 DE DICIEMBRE

Produce una nausea que arranca desde el calcañar y desemboca en el garganchón, asomarse a los perió-

dicos y contemplar cómo los profesionales de la política y los editorialístas utilizan el secuestro de

Antonio María de Oriol exactamente igual que los investigadores una preparación en el microscopio.

Toda esta inmensa vergüenza y todo este inmenso dolor no les sirven más que de pretexto para analizar su

repercusión en el ánimo del cuerpo electoral de cara al referendum del próximo miércoles. Mis lectores

saben que desde hace días vengo terminando todos mis dietarios con una clara invitación al NO. Pues

bien, ni ayer, ni hoy, haré semejante cosa. Me parecería ir comprando votos a cambio del dolor de una

familia y de la vergüenza la esterilidad y la impotencia de un sistema. Los falangistas somos harto

diferentes a esos cabileños de la política y sus caídes, desde los cursis de Anepa hasta el prechequismo del

PSOE (r), que ha soltado esta barbaridad colectiva, en la encuesta de "Ya" en torno al secuestro del

antiguo alférez provisional, Presidente del Consejo de Estado, Consejero del Reino y ex ministro de

Justicia: "La elección del momento, a sólo unos días del referéndum, hace pensar que los autores del

secuestro han medido las consecuencias. Será, sin duda, un refuerzo para el voto afirmativo que pide el

Gobierno. Si la intención de los secuestradores es otra, el resultado será el contrarío del pretendido". Los

subrayados, que casi alcanzan a la totalidad de la respuesta, son de mi responsabilidad. La pluma de

García Atadell o de Pedrero, dos insignes lumbreras socialistas, parece asomar en esa prosa torpe y

grotesca que ni siquiera la benevolencia aproximadamente infantil del pequeño Marcelino —el de

Exteriores, dijo— consideraría diplomática.

Dejemos que, las hienas de la política se disputen la renta electoral del secuestro infame e infamante;

desde el Gobierno a la oposición todos están incursos en esta puerca costumbre que ahora se reanuda en

España mientras avanzamos hacia la democracia a galope tendido.

Me he encontrado a un viejo cantarada que venia de misa. Chorreaba ira por todas partes.

— Esto es horrible... Y no es lo peor el hecho en sí, con el riesgo mortal que comporta...

— ¿Aún hay más? —le he preguntado no sin asombro.

— Ya lo creo. Lo gordo es que encima, si eres de la familia, y yo no lo soy, tienes que tragarte el

telegrama de condolencia de Tarancón y además por cortesía, darle las gracias...

Si bien se mira, mi camarada tiene razón. Cierta parte de la Iglesia española es la precursora de esa

catacumba progre que se llama el piso franco, la cárcel del pueblo, el depósito de municiones, el secuestro

o la catcquesis del terrorismo. Recordemos, carísimos primos, ciertos casos ocurridos en las diócesis de

Vizcaya y Guipúzcoa, y al santo Padre Larzábal, patrón y Celestino del crimen.

Todo huele a mierda en el país, sí señor, a sana, liberal, europea, catastrófica mierda democrática.

(Por cierto, se me escapó el otro día anotar que ´don Laureano López Rodó, pelando la pava con España

en la reja de R.T.V.E., ,nos pidió el sí a todos los españoles. Para que por mi parte no esté intranquilo este

gran empollador de perjuros, le adelanto, honestamente, que yo le digo que no. Por favor, yo soy un

hombre viejo y serio).

13 — DICIEMBRE— 1976

DIETARIO

 

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