Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   El secuestro     
 
 Informaciones.    13/12/1976.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

EL SECUESTRO

Por Abel HERNÁNDEZ

LOS secuestradores de don Antonio María de Oriol pertenecen a un grupo duro situado a la izquierda del

Partido Comunista. Es la primera vez que llevan a cabo un secuestro. No hay, por tanto, antecedentes

sobre el desenlace en casos parecidos, ni sobre su pericia en el desarrollo de este chantaje político. No

parece, sin embargo, serio —se estima— ver relaciones ocultas entre la aparición de don Santiago

Carrillo en Madrid y el secuestro por el G.K.A.P.O, de don Antonio de Oriol, aunque los dos hechos

pretendan, en el fondo, lo mismo: perturbar el proceso político hacia la democracia.

Los dos sucesos han conseguido su primer objetivo: alcanzar destacada notoriedad en España y en el

extranjero y poner nervioso al Gobierno. El presidente Suárez ha desoído el consejo de sus colaboradores

cercanos y ha decidido aplazar una semana su viaje a Barcelona, programado para hoy y considerado de

antemano como muy importante, precisamente por ser en vísperas del referéndum.

El primer ministro ha optado por llevar personalmente el caso. Aduce, al parecer, que, puesto que los

secuestradores han querido establecer contacto con el Gobierno, su visita a Cataluña iba a ser

previsiblemente alterada por el teléfono desde Madrid cada cinco minutos y que así no había manera de

hacer bien las cosas. En algunos círculos se apuntan también como razones para que el presidente se

quede en su despacho el temor a que pudiera desarrollarse una cadena de acciones terroristas en espiral

ante el referéndum y la posibilidad de que la derecha del Frente Nacional, muy enardecida, pudiera

acusarle de abandonar su puesto de mando. A las once de esta mañana, el ministro de la Gobernación

despachaba con el señor Suárez.

La impresión general es que, de cara al referéndum, el secuestro ha dado brío a los partidarios del no»,

aunque por motivos emocionales más que por razones reales, y puede contribuir a una mayor

participación en las urnas de todos aquellos que no quieren colaborar ni remotamente con ios objetivos

terroristas de impedir la reforma. Ni la extrema izquierda ni la extrema derecha —que a veces dan la

impresión de trabajar unidas y quizá sea cierto— quieren el cambio a la democracia. Esto es lo único que

se deriva con claridad del delicado momento político. Sin embargo, todo indica que, a pesar del

terrorismo (previstas sus arciones desde hace tiempo), la reforma seguirá adelante.

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