Autor: Conte, Rafael . 
 El secuestro del señor Oriol. Reacciones en Europa. 
 Francia: Beneficia a los enemigos de la democracia     
 
 Informaciones.    13/12/1976.  Página: 3-4. Páginas: 2. Párrafos: 6. 

REACCIONES EN EUROPA

FRANCIA: BENEFICIA A LOS ENEMIGOS DE LA DEMOCRACIA

PARÍS, 13 (INFORMACIONES, por Rafael Conté).

UN desafio al Gobierno en vísperas del referéndum.´^ Esta es la frase que mejor resume las reacciones

registradas en Francia hacía el secuestro del señor Oriol. Un secuestro tro que, en opinión de la mayoría

de los observadores, beneficia a los extremistas, tanto de derecha como de izquierda, y en resumen a los

enemigos de la democracia.

La radio y la televisión francesas —en Francia no hay periódicos el domingo— informaron ampliamente,

muchos de ellos a través de sus enviados especiales, del secuestro, durante todo el fin de semana y desde

que la noticia fue conocida el sábado por la tarde. Los medios oficiales y políticos, por su par-te, guardan

una prudente discreción y reserva, sin ocultar por ello su inquietud. «En verdad, la gran mayoría de los

sectores políticos españoles, incluyendo el primero el Partido Comunista ilegal, han condenado desde el

sábado por la tarde el secuestro del presidente del Con s e j o el Estado español, aportando asi

implícitamente su apoyo a la política de las reformas poli-ticas —escribe el diario conservador

"L´Aurore"—. Pero el Gobierno, que ya tenia que enfrentarse con la campaña activa en favor de la

abstención, llevada a cabo por socialistas y comunistas, deberá contar todavía más con la derecha

franquista, los fieles de] Caudillo, los veteranos de la guerra civil, que preconizan el voto negativo a !a?

ve-formas.»

El diario, también conservador, «Le Fígaro» publica en su primera página una extensa información, asi

como un artículo del prestigioso comentarista Raimond Aron. En su información, el citado diario señala

que José Luis Echegaray, que en principio fue identificado como uno de los terroristas, se presentó des de

el sábado por la tarde en el Consulado de España en Bayona para probar su inocencia. «El secuestro,

como la conferencia de Prensa clandestina de Santiago Carrillo el día anterior, son denunciados por la

Prensa de derechas como prueba grave de ¡a debilidad del Gobierno, bien que sea muy difícil relacionalos

dos acontecimientos, ya que el Partido Comunista se tía apresurado a denunciar esta acción, reivindicada

por los maoístas.» «Lo nuevo en España es la continuidad y no la ruptura —dice Raimond Aron en su

artículo sobre la situación española titulado "Los equívocos de la transición", y que analiza en contexto

general, tocando sólo de pasada el secuestro del señor Oriol—; es el mismo Rey quien ha tomado la ini-

ciativa de la liberización y quien continúa dirigiéndola. En verdad, Franco lo escogió como sucesor, pero

por su acción y por sus promesas representa menos al franquismo que por el contrario a un régimen

abierto a todos los españoles, en el cual desaparecería la distinción entre vencedores y vencidos de la

guerra civil. La oposición tendría interés en reforzar al Rey y rio en debilitarlo. El secuestro del presidente

del Consejo de Estado nos recuerda qué todavía existen extremistas, a derecha y a izquierda, resueltos a

todo para impedir la evolución hacia la democracia liberal.»

El diario independiente «Le Quotidien de París» también se ocupa del suceso, con una

13 de diciembre de 1976

fcL SECUESTRO DEL SEÑOR ORIOL REACCIONES EN EL EXTRANJERO

(Viene de la pág. anterior.)

información en páginas interiores y un editorial en su primera página: «Lejos de perjudicar al franquismo

—se dice en este editorial— el secuestro del sábado lo refuerza. Intentando devolver a España a, sus

viejos demonios, los autores del secuestro piensan más en hacer fracasar el reformismo de Juan Carlos

que en destruir los residuos de un poder en descomposición. A la hora del escrutinio, los españoles,

traumatizados por cuarenta años de miedo, arriesgan escoger el inmovilismo. La violencia vencería

entonces al derecho de voto. Nada puede excusar este atentado escandaloso al ejercicio de la democracia.

El Rey da por fin al pueblo español una ocasión de expresar su opinión; los terroristas quieren sofocar

esta experiencia. En todos los países siempre existirán un puñado de exaltados para quienes el pueblo

todavía no ha sufrido lo suficiente y quienes, para perpetuar sus propios sueños, prolongarán una realidad

sangrienta. No son menos culpables ni condenables que los detentadores del orden anterior. Tampoco son

menos peligrosos. Los españoles deben saber que en este eterno conflicto entre la fuerza y la- inteligen-

cia, el boletín de voto es, a la vez, el mejor arbitro y el arma suprema.»

El diario de tendencia maoísta «Liberation», destaca también la información que manda en su primera

página. Dada la tendencia de este periódico, lo que más destaca es el comunicado de la E. T. A.

desmintiendo toda participación, sin que tampoco haga hincapié en quienes han reivindicado el atentado:

«Desde hace varias semanas, los diarios de derechas evocaban la posibilidad de un golpe de mano de este

tipo organizado por la E. T. A. —dice este periódico—, y hasta un ministro había confirmado estos rumo-

res, y la guardia de las principales personalidades del régimen había sido reforzada (aunque, de manera

curiosa. no lo había sido la del presidente del Consejo de Estado). En su comunicado, las dos ramas de la

organización separatista vasca denuncian los controles policíacos actualmente efectuados en el País

Vasco.» Los comunistas propiamente dichos, a través de su órgano oficial, el diario «L´Humanité»

señalan que este secuestro no aprovecha más que a la derecha. Tras publicar el desmentido de la E. T. A.

y la protesta del Partido Comunista Español por el secuestro, este periódico dice: «De hecho, on los

fascistas los que intentan sacar un mayor provecho de este secuestro», citando unos comentarios del

diario «El Alcázar» y u n a s declaraciones del señor Fernández de la Mora. «Hoy, el secuestro del señor

Oriol viene muy a punto para ayudar a los adversarios de la abstención, tanto a los partidarios del «no»,

hostiles a toda reforma, como a los partidarios del «sí», favorables a un poder que no haría más que

ligeras concesiones a la democracia.»

 

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