Autor: Gómez Santos, Marino. 
   Josep Pla "No quiero una tercera República"     
 
 Ya.    20/02/1977.  Página: 24-25, 27. Páginas: 3. Párrafos: 78. 

JOSEP PLA

"NO QUIERO UNA TERCERA REPÚBLICA"

"SOY CONTRARIO A LA LEY ELECTORAL BASADA EN LA PARTICIPACIÓN

PROPORCIONAL"

A la derecha de la carretera de Palafrugell hay una hilera de cipreses y un camino donde se remansa el

agua de las lluvias. El mas Pla es un caserón inmenso que aparece sumergido en la niebla, con las

ventanas débilmente iluminadas, como un barco en la noche. Todo permanece en torno en una silenciosa,

profunda atonía; el campo y los árboles, con sus perfiles desleídos en una niebla suave, presentan un

aspecto flotante, espectral.

Dejamos el auto móvil junto a un tractor amarillo próximo al cobertizo donde se almacenan sacos de

abono y forraje. Un perrillo azarada, la vieja guardesa, mientras se seca las manos en el delantal.

Subimos por la escalera estrecha, en cuyos descansillos hay vasijas de barro guardando las esquinas. En

seguida alcanzamos el amplio salón, sumido en la penumbra, amueblado holgadamente con cómodas

antiguas, librerías, algún, espejo y una inmensa lámpara dé forja.

Al coronar la escalera y entrar en el salón vemos los pies y el cuerpo de Josep Pla, sentado al fondo ante

una mesa redonda; la cabeza permanece oculta bajo el faldellín de cretona que circunda la campana de la

chimenea.

JOSEP PLA, escritor y periodista eminente en lenguas catalana y castellana. Nació en Palafrugell

(Gerona) en 1897, donde vive actualmente. Cursó la carrera de Derecho en Barcelona, pero desde muy

joven se dedicó al periodismo activamente, colaborando en la prensa de Madrid y Barcelona, asi como en

diversas revistas catalanas. Corresponsal de "La Publicitat" en Madrid y en París, en 1925 fue a Rusia

para escribir una serie de reportajes. Entre sus libros más importantes cabe citar: "Vida de

Manolo" (1928), "linterna mágica" (1925), "Rusia" (1925), "Francisco Cambó" (1928). Desde 1940

colaboró en la revista "Destino" exclusivamente y publicó algunos libros que alcanzaron

notoriedad, como "Historia de la Segunda República española" (1940-1941), "Guía de la Costa

Brava" (1945) y otras guías de Cataluña y Mallorca. Sus "Homenots" son semblanzas de magistral

factura y profundidad reunidas en nueve volúmenes (1958-1962). Largo resultaría el censo de sus

libros, que en 1966 han comenzado a reunirse en edición definitiva en sus obras completas. Su último

gran éxito es "El cuaderno gris".

como los del Bosco en "Los siete pecados capitales" sale a nuestro encuentro, malhumorado, y sus

ladridos se amortiguan con la niebla.

Las puertas del mas son anchas y de gran altura, como para dejar paso a los carros cargados de grano. En

un muro, una escopeta está colgada de un tirante; en el amplio espacio hay también una bicicleta, un

coche viejo pintado de azul y una silla desfondada.

—¿Qué, le aguarda el señor Plá ?—nos pregunta.

Interrumpió la merienda para recibirnos, porque en aquel momento el escritor estaba ocupado en tomar

unas rebanadas de pan de pueblo i mpregnadas en aceite, al tiempo que escribía en una cuartilla, con

estilográfica, una caligrafía menuda y apretada.

—¡Hombre, hombre, venir desde Madrid para verme a mí, que soy persona insignificante!... Siéntense,

siéntense; tomen una copa de güisqui y quítense los abrigos.

"LE DIJE AL REY QUE NO HICIERA NINGUNA CONSTITUCIÓN, QUE TOMARA LA

CONCEPCIÓN DE CÁNOVAS Y AÑADIERA UN CAPITULO SObRE LA CUESTIÓN SOCIAL"

"Tengo un cierto sentido del ridículo y no me he acercado nunca a nadie para molestarle."

"No creo en el éxito. De cuanto he escrito, vaya usted a saber qué suerte correrá dentro de tres o cuatro

años."

"Unamuno era un avaro tremendo. Azorín estaba muy catalanizado. José Antonio era muy buena

persona."

"Destruir la religión es equivocado. Consuela a mucha gente."

"Prefiero un campesino analfabeto que a los intelectuales que pretenden hacer la revolución."

"Cataluña es la parte de España, y probablemente de Europa, más democrática."

No envidiar a nadie

En la gran chimenea ardían unos leños; el frío que despedían los muros del salón y el mismo suelo, a

pesar de la esterilla de esparto, alcanzaba seguramente una temperatura de bajo cero.

—¡Ah, se vuelve a poner el abrigo!... ¡Pero si hoy no es de los días más fríos! Arrímense a la chimenea...

Pla aparecía con la cabeza cubierta por una boina barojiana, vestido con un traje viejo debajo del cual

asomaba el chaleco de lana, con una camisa a rayas, abrochada en el cuello y sin corbata.

La piel de la cara, erosionada y con algunas manchas oscuras; los ojos, picaros, burlones; por las fosas

nasales asomaban haces de pelos hirsutos que amarilleaban por efecto de la nicotina.

Pla bebe vino tinto. Sobre la mesa hay una bandeja con una jarra-termo, una botella de güisqui y otra de

vino. Al alcance de su mano tiene un paquete de tabaco negro y un librillo de papel. De vez en cuando lía

un pitillo escuálido y convencional que humedece con los labios para engomarlo.

—Pues sí, señor, me paso las tardes aquí escribiendo; a veces viene mi hermano y algunas otras personas

para hablar. Ahora vendrá un señor de la Caja de Ahorros de Palafrugell, charlaremos un rato... y nada

más. Luego me darán una tortilla y un vaso de leche, me iré a la cama, leeré hasta las cuatro o las cinco de

la mañana y basta. Me cuesta mucho dormir, porque no tomo drogas ni he sido nunca aficionado a

escuchar a los médicos. Además tengo mis ideas propias para no sufrir infarto de miocardio.

—¿Qué hay que hacer para eso?

—Primero, no tener ninguna deuda; segundo, comer lo menos posible; tercero, ninguna mujer—quiero

decir a mi edad—; cuarto, vivir tranquilo; no envidiar a nadie. La felicidad consiste en no envidiar. De ahí

la frase de Goethe: "La felicidad está en la limitación." Esa limitación consiste en no envidiar a nadie.

Pla retiene el pitillo entre los dedos, como un labrador, igual que Picasso.

—¿No se ha olvidado usted del tabaco, tan nocivo para la salud ?

—No. Todos los médicos me dicen: "No fume usted más." Pero yo fumo constantemente y bebo güisqui y

vino. Me es igual todo esto. ¿Usted me comprende? Yo no creo en esas cosas que dicen. La ciencia

médica no existe. A usted le pueden tratar con una cosa que le va bien y a mí con la misma que me irá

mal. Marañón creía poco en el arte de la Medicina y mucho en los enfermos. ¿Usted me comprende?

Vive Pla sin radio y sin televisión en esta casa aislada en medio del campo.

—¿Y también sin teléfono?

—Bueno, hay un teléfono misterioso por si una noche tengo un infarto de miocardio, pero no hay

televisión ni radio. Aquí la electricidad llega por un hito asi de delgado. Es un poco vago

todo esto. Muchas veces nos quedamos a oscuras y hemos de utilizar candelas para ir a la cama.

Partidario de Cánovas

Los Príncipes de España, en su viaje a Cataluña, visitaron a Josep Pla en esta casa.

—Sí, sí. Estos señores son muy bien educados; son gente de una discreción y de una comprensión... Esta

casa no se puede ofrecer a nadie, menos a reyes; esta casa es un "foric-a-brac" tremendo. El Rey escuchó

mucho; yo le dije todas las cosas que usted puede imaginar, de buena fe, creo que con un cierto buen

sentido. Ignoro qué caso habrá hecho. Alguna vez le escribo alguna carta. Le diré, por ejemplo, que yo

soy contrario a la ley electoral ésa que quieren hacer basada en la participación proporcional. Yo soy

partidario de Cánovas; por eso le dije al Bey que no hiciera ninguna constitución, que tome la concepción

de Cánovas, que es bastante buena, y que añada un capítulo sobre la cuestión social. Porque ahora el

capitalismo ha de pagar al socialismo, y si no lo paga ha de pagarles alguien, para que no entremos en el

comunismo. ¿Usted me comprende? Pues basta.

!Plá habla señalándonos con el dedo pulgar, que a veces se lleva a la sien.

—¿Qué ofreció usted a los Príncipes de España en aquella ocasión ?

—¡Bueno...! Unos buñuelos que había por aquí, porque estábamos en la época de San José, y ese vino,

que es de la viña de casa. Pero fueron tan distinguidos que me dijeron que les había gustado mucho. La

Princesa, bueno, la Reina, es un fenómeno lingüístico enorme. Es muy guapa, viste sencillamente y me

pareció muy inteligente. Luego la he visto en Madrid y he tenido con ella una gran conversación sobre

Grecia.

No a la República

Josep Plá ha confesado que es conservador.

—Sí, señor. Porque siempre me ha parecido absurdo que los hombres añadan sus facultades intelectuales

y su fuerza material al incesante trabajo de destrucción que realiza constante e implacablemente la

naturaleza. Por eso no me gustó la República. Me pareció que actuaba dentro de la anarquía mas rigurosa;

yo soy hombre de orden, me gusta el orden, me gusta que las cosas marchen con puntualidad, si es

posible. Siendo un hombre tan poco puntual, la puntualidad me parece indispensable para vivir. La

República fue un desastre total, una cosa que no se podía unir ni ligar. Además, fue muy .violenta, muy

rápida. Querían arreglar los problemas agrarios, militares, religiosos..., todo, en quince días. Era

imposible aquello. ¿Usted me comprende ?

"La historia de la República", escrita por Josep Pla, es hoy una obra rara, muy buscada por los bibliófilos.

—En realidad, no es «na historia, sino una crónica. Deberla revisarse, pero yo no la revisaré nunca; no me

importa nada. A mí lo que me importa verdaderamente es que no venga la Tercera República.

En sus años de juventud, cuando fue corresponsal en Madrid de "La Publicitat", de Barcelona, conoció en

el Congreso a las figuras mas sobresalientes de la política española de aquel momento.

—Una vez oí decir a un diputado de San Sebastián, dirigiéndose a don Indalecio Prieto, algo que no se me

ha olvidado y que le contaré a usted. Este diputado de San Sebastián debió de ser algo palaciego y tuvo

influencia con la reina, aunque luego se metió en el Nacionalismo Vasco. Pues bien; este señor diputado

le hizo a don Indalecio esta observación: "Oiga, Prieto, a usted, que le gusta tanto comer y concurrir a las

tertulias con gentes destacadas, ¿por qué es socialista?" Prieto le respondió—y perdone la expresión, que

es impropia...—: "Pues mire usted: en España no hay más que dos clases de personas: los que c...

sentados y los que c... en cuclillas. Y yo soy partidario de que los españoles c... todos sentados. Por eso

soy socialista,"

Pla «e ríe como uno áé esos viejecitos de Teniers o como Pío Baroja, que viene a ser lo mismo. Ambos

muestran los dientes rotos y descuidados, dando a su modo de reír un cierto matiz de diablo embromador.

La mejor ciudad del mundo

—¿ Cómo era Madrid cuando se trasladó usted a vivir allí ?

—¡Oh!; yo casi he visto los carros de bueyes. Llegué a Madrid el año diecinueve, enviado por "La

Publicitat", de Barcelona, para escribir la crónica dé las Cortes y todo eso. Madrid era entonces una

ciudad maravillosa, la mejor ciudad residencial del mundo, con un clima colosal. Era una ciudad para

viejos; la gente no se moría nunca. Había unos ex presidentes del Consejo que tenían noventa años. Y es

que el clima era maravilloso para vivir. Madrid: era una ciudad donde la gente no hacía prácticamente

nada; el Estado lo pagaba todo. Yo he visto en un ministerio un cartelito que decía: "El señor Fulano de

Tal—un señor que llevaba capa, por cierto—recibe de doce a doce y cuarto." Nada más.

Frecuentó la tertulia de Gómez de la Serna, en Pombo; los cafés, las redacciónés de los periódicos;

algunos amigos comunes nos han dicho que se le vio entonces acompañado de una mujer bellísima, que

debió de ser su gran amor.

— ¡No, no, no! Yo no tengo prácticamente ni idea del amor ni de esas cosas. Tengo un cierto sentido del

ridículo, y no me he acercado nunca a nadie para molestarle.

Se ha ruborizado como una clarisa, revolviéndose en la silla, inquieto, al tiempo que hacía girar la boina

en la cabeza.

—¿En este sentido, también es usted un tímido, un ser barojiano ?

—Bueno; don Pío era un tímido y un campesino vasco; yo tengo cierto sentido del ridículo. En el

Mediterráneo, más que timidez, existe un cierto sentido del ridículo. ¿Usted me comprende?

Le decimos que un periodista brillante, corresponsal en Madrid, en Francia, en Italia, en Rusia, autor de

libros de gran éxito ya en su juventud, no tenía motivos para escudarse en una timidez, infrecuente en los

hombres que viajan y hacen vida social.

—Además, un escritor brillante, como usted...

—No, no, no. ¡Muy mal escritor! ¡Todo lo que he escrito es muy malo! ¡No tiene sentido en ninguna

lengua! No, no; esto lo digo completamente en serio.

El éxito no cuenta nada

Insistimos en decirle que en estos momentos es uno de los escritores de mayor éxito en el país.

—¡Oh!; para mí el éxito no cuenta nada. Esas son cosas de los editores y de la gente, que compra los

libros. Mi obra "El cuaderno gris" ha resultado bien porque la señora de Ridruejo y el señor Ridruejo, que

eran amigos míos, sabían bien el catalán y lo tradujeron muy bien. Todo lo demás de mi obra no vale

nada. De todo eso del éxito, yo no creo nada; de cuanto he escrito, vaya usted a saber qué suerte correrá

dentro de tres o cuatro años; probablemente no será nada.

—Es usted muy pesimista.

—No, señor; yo no me creo pesimista. No se trata de pesimismo, ni de optimismo, sino de una cuestión

de haberse pasado la vida observando. Por eso soy contrario a la imaginación, que lo destruye todo, y

partidario de la observación, que me lleva a ser admirador de Maquiavelo.

De su época en Madrid guarda Pla grato recuerdo de las redacciones de los periódicos.

—Cuando yo escribía en "El Sol", allá a la «na o una y media de la madrugada, pasaba por allí la masa

encefálica de la nación. Venían cada noche Ortega, don Ramón Pérez de Ayala, que era embajador de

España en Londres; venía Unamuno, con el cual Aznar había contratado tres artículos semanales, lo cual

le tenía, muy contento, porque Unamuno era un avaro tremendo. Lo único que le interesaba, eran las

casas de que era propietario en Bilbao; claro que, como padre de muchos hijos, tenia muchas

obligaciones. Pero era un avaro total; de esto no le quepa duda. También Venía mucho Primo de Rivera.

—¿ Don Miguel ?

—No, no, José Antonio, que era un hombre que cuando le mataban a un correligionario... Bueno, prefiero

no entrar en juicios políticos. Era muy buena persona este hombre; y o tengo un gran respeto por él.

Políticamente no me parecía muy admirador de su padre, él quería hacer otra cosa. No sé si lo hizo.

Hablamos de amigos comunes, de Sánchez - Mazas, de Luis Calvo, del doctor Duarte. Pla tiene clara la

memoria y como a don Pío Baroja, aunque confiese que la literatura es un esfuerzo baldío, le preocupa

mucho la posibilidad de realizar todavía la obra en que pueda resumir toda su experiencia con un estilo

sencillo y claro.

Al referirnos a Azorín dice Pla que no le ha considerado nunca como un escritor castellano.

—Los castellanos tienen que hacer la frase larga, terminada siempre en cola de pescado. Azorín, por el

contrario, escribía: "La puerta es verde." Punto. "El techo está encalado." Punto. "La calle aparece

solitaria." Punto. Es un escritor que yo no sé de dónde ha salido. Bueno, ha salido de Monóvar. O sea, que

es un alicantino que ha estudiado en Valencia y que está muy catalanizado. Su cultura era francesa total y

su ídolo era Montaigne.

Nos muestra un dormitorio de la casa con muebles de caoba traídos de Filipinas por un antepasado suyo.

La sensación es que estamos dentro de un frigorífico, aunque Pla, a sus ochenta años, diga cosas

humorísticas, ingeniosas, para no tomar en cuenta el frío.

—Haga usted el favor de saludar a los amigos de la redacción de "El Debate"...

—Querrá usted decir de YA.

—No, de "El Debate", para mí continúa siendo "El Debate". He conocido allí al señor De Luis, que era

una gran persona; al cardenal Herrera, poco. Yo soy partidario de "El Debate", porque a pesar de que voy

poco a misa, tengo un fondo religioso. Creo que una de las equivocaciones más grandes es destruir la

religión. La religión consuela a mucha gente y ante esto yo me quito la boina, el sombrero y todo.

¡Resulta tan difícil escribir!

—¿Por qué se dedicó usted al periodismo y a la literatura?

—Vera usted. Primero quise ser médico, pero al llega a la Facultad de Medicina no pude pasar de la

Sala de Disección, porque vi que los estudiantes cortaban las orejas a los cadáveres para recalárselas a sus

novias». Me marché por asco y por ei mal olor que había. Entré luego en la Facultad de Derecho de

Barcelona, con muchos menos alumnos y donde todo era más divertido, con los cafés del Páratelo, ft

aprobado fácil... Aquello era una broma.

Se queda pensativo, con el dedo índice apoyado en la sien. Crepita la leña a nuestros pies. Pla toma la

copa de vino y al llevársela a los labios se detiene y nos dice:

—Lo que deberían haber hecho mis padres conmigo era enseñarme a arar, a cultivar la tierra para poder

dedicarme a -las cosas de la labor. Soy un pequeño propietario rural, muy pequeño. Aquí la tierra se

trabaja may bien y la gente vive bastante desahogadamente; vamos tirando. Ahora, escribir, escribir, si se

encuentran adjetivos es muy agradable; si no se encuentran es un mal asunto. Encontrar ios adjetivos que

le vayan bien a los sustantivos, ésa es la cuestión. Ta io vi muy claro siendo joven. ¡Resulta tan difícil

escribir! Saber el color de esta botella, de este vino, o de un güisqui, o de un campari... ¿Usted me

comprende ? Ahora que cuando se encuentra el adjetivo, I» cosa resulta divertida y estimulante.

Curioseamos en ios pocos volúmenes qué tiene en unas librerías, a medía altura de los muros.

—He regalado a ia biblioteca de Palafrugell seis mil volúmenes por si alguna persona del pueblo se

interesa por los libres, aunque yo creo que los libros no sirven para nada. Sí, esto se lo digo en serio.

Prefiero un campesino analfabeto, pero que -sepa cultivar la viña, arreglar los olivos y plantar el trigo, el

centeno, la cebada y que sepa también cuidar una vaca, porque esto es más importante que todos ios

intelectuales que pretenden hacer la revolución. La revolución ya la hace la naturaleza, no se preocupe.

Cataluña democràtica

Ha permanecido muchos años fuera de España para cumplir con sus misiones como corresponsal en el

extranjero, y aunque está satisfecho de haber conocido otros países, no lo está tanto de haber estado tanto

tiempo fuera de España.

—Esto es una cosa que me sabe mal. Porque creo que una de las cosas que no conocen los catalanes es

España, y deberían conocerla más. Así tendrían una idea distinta, sobre todo ahora que en España se está

produciendo un resurgimiento político.

—,¿ Tiene usted relación frecuente con sus paisanos?

—Yo vivo aquí, en el pueblo... Bueno, yo conozco macha gente, pero no formo parte de nada. Soy un

hombra marginado. Ahora, bien, no sé qué quieren hacer. Creo qne en Cataluña existe una enorme

confusión, porque aquí nos pasamos ahora el rato filosofando y cantando. Aqui no se trata de hacer nada

de política. Vamos a saber, espero que lo sepamos algún día, lo que es la libertad, ia democracia, la

amnistía y cosas enormes. Ahora, si hay un muerta, bay que hacer así con e) puño y luego cantar la

Internacional, y si es catalanista, "Els Segadors", e irse a su casa. Yo no voy a ningún sitio ni escribo en

ninguna parte. No, no, señor.

Bebe vino tinto y lia un nuevo pitillo negro, de Ideales, haciendo alarde de una práctica que le permite

realizar esta operación sin mirar.

—Yo creo que Cataluña es la parte de España y probablemente de Europa más democrática. V me p a r e

ce que será muy fácil demostrárselo a usted. En primer lugar, en este país no hay aristocracia; los viejos

títulos han desaparecido y los concedidos modernamente por Franco y por el Rey no tienen la menor

importancia histórica. Castilla está llena de aristócratas, como Francia, Inglaterra, Italia... En Inglaterra

los aristócratas hablan una lengua diferente del pueblo; aquí hablamos todos igual y por eso hablamos tan

vu1garmente; me refiero a los catalanes en general.

Permanecemos en pie, en medio del salón, bajo la lampara de forja. Pla nos coloca la mano sobre el

hombro, adoptando una actitud confidencial:

—En este pais la tierra está repartida, cosa que es muy importante. Para vivir, yo prefiero estar allí donde

esté un payés con un trozo de tierra que un obrero industrial, el cual se cansa de vivir mal en un piso,

donde no ve nada y acaba haciendo la revolución. Esto es evidente. En cambio, un payés, si tiene un poco

de paciencia, es hombre perfectamente tranquilo. Luego creo que la Iglesia en este país no ha molestado a

nadie. ¿Usted es catalán?—dirigiéndose al fotagrafo—. ¿Le ha molestado a1guna vez la Iglesia? Dígalo

francamente: algún obispo, algún cura... Vamos a decir las cosas claras. Yo creo que en Cataluña la

persona que tiene algo en la cabeza y trabaja durante diez años seguidos, se marcha con un paquete de

billetes. ¿Hay algún país en Europa que pueda decir lo mismo ? Por eso creo qae Cataluña es muy

democrática. Y la democracia no es cosa de filosofía; es vivir con una posibilidad de ilusión. Yo creo que

la ilusión es nías importante que la ciencia y, sobre todo, que la ciencia-ficción y esos camedos que se han

inventado ahora.

Sacamos de la cartera la edición de "Vida de Manolo", realizada por Mundo Latino en 1930, para que Pla

tenga la bondad de escribir unas líneas.

—¡Por Dios, cómo tiene usted eso! jSi no vale nada!...

Ya entrada la noche abandonamos mas Pla, donde q u e d ó el maestro sentado junto a la chimenea.

Mientras marchábamos entre la niebla con dirección a Barcelona, pensamos en ei destino de este ser

barojiano, también soltero, conocedor de Europa, algo burlón, un poco escéptíco y humilde para su vida y

para enjuiciar su obra;

Marino Gómez-Santos

20- II -1977

 

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